Agentes muertos por ETA


Al cumplir diez años de éxito provocando al visitante a través de los resortes del arte contemporáneo, el museo Guggenheim de Bilbao ha ofendido a quienes nunca en su trayectoria pretendió molestar: las víctimas del terrorismo. Tras el telón de la libertad artística del fotógrafo navarro Clemente Bernad, en las paredes del museo vasco más internacional se han colgado unas fotografías en las que no está claro si las víctimas del terrorismo etarra son los muertos o sus asesinos. Al matrimonio norteamericano o al japonés que ayer visitaban la exposición «Chacun à son goût» en la tercera planta del museo Guggenheim no pudo caberles ninguna duda respecto a con quiénes se alinea el fotógrafo navarro en sus series de fotografías tituladas «Caracas», «Jornaleros» o «A tumba abierta».
El autor toma partido por los desfavorecidos en todos los casos, ya se trate de los jornaleros andaluces que sufren la precariedad de su trabajo o los presos que viven en situaciones inhumanas en cárceles turcas. Sin embargo, en la serie «Basque Chronicles» no sólo el fotógrafo no toma partido por las víctimas, por quienes fueron asesinados con la intención de imponer las aspiraciones de los terroristas etarras, sino que la ambigüedad es tal que al final los que sufren parecen ser quienes en estos momentos permanecen presos por sus crímenes.
El centro penitenciario del Puerto de San María, de noche, casi sin iluminar, es el último episodio de la serie «Basque Chronicles». Es la soledad de los criminales en prisión lo que pone broche a la serie y no el dolor de las familias de las personas asesinadas por los terroristas de ETA.
Lo que percibieron el matrimonio de norteamericanos o el de japoneses que ayer visitaban a mediodía la exposición «Chacun à son goût» fue seguramente que los «militantes independentistas», como califican los pies de fotos a los etarras, son los desfavorecidos en esa crónica vasca expuesta en el Guggenheim.
La pretensión del museo de cerrar su décimo aniversario con una muestra del arte vasco que apenas ha traspasado sus propias fronteras, en contraposición al carácter internacional de la pinacoteca bilbaína, en la que precisamente se podía visitar ayer una importante exposición de arte norteamericano, le ha estallado en las manos.
El director del Guggenheim de Bilbao, Juan Ignacio Vidarte, manifestaba ayer a ABC estar «muy triste» por la publicación en la portada de este periódico de la denuncia de las víctimas del terrorismo respecto a la serie de fotografías de Clemente Bernad. La repercusión de la noticia ha alterado al museo precisamente cuando celebraba por todo lo alto su décimo aniversario. Pero, sobre todo, la exhibición de esas fotografías en una pinacoteca con prestigio internacional perjudica a quienes en la sociedad vasca llevan décadas luchando contra la equidistancia entre víctimas y verdugos. Las imágenes contraponen a los proetarras encapuchados con los policías que se cubren el rostro para evitar ser reconocidos y convertidos en objetivos de ETA. Tal como están realizadas las fotografías, son necesarios los pies de fotos para identificar a unos y a otros.
En la serie se hace también un paralelismo entre el funeral de agentes de la Guardia Civil «muertos por ETA» (expresión textual que evita hablar de asesinatos) celebrado en 1992 en San Sebastián y el cuerpo de un «militante» de ETA «muerto por la Guardia Civil» en Morlans en el mismo año. En cada una de estas fotos hay un ataúd, pero sólo sobre el del etarra hay alguien encima expresando su dolor.

M. LUISA G. FRANCO
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