Carcel " LA MODELO" 1980. ( 4ª Parte)


Y se perdía en recurso la LIBERTAD CON FIANZA. Pascual Maragall, Delegado del Ayuntamiento en el CONSORCIO, no soltaría la segunda de sus grandes oportunidades en la vida, la primera, formar parte del equipo de Gobierno del Ayuntamiento con NARSIS SERRA. De funcionario con PORCIOLES, a regidor, la política activa. El “pastel”, la ilusión de todo burguesillo catalán de San Gervasio. El Consorcio de la Zona Franca, arruinado por el desfalco de Antonio de la Rosa, un limón con mucho jugo. A su primer éxito mediático junto a su amigo Narcís Serra, detener a los AUTORES (la última gran corrupción franquista, ellos limpiarían el País) añadiría dinero a grandes dosis, ajeno a los más o menos rígidos presupuestos del Ayuntamiento y con las arcas vacías (según insistía el Alcalde Serra), primero al Banco Garriga Nogués, Javier de la Rosa (tras ellos el mayor Banco del País, BANCO ESPAÑOL DE CRÉDITO, sin olvidar que la CAIXA, y su Caja B, dinero negro, se citaba en el Sumario), y al mismo tiempo al Gobierno Suárez, culpable del desaguisado, pero además con sus partidarios en Barcelona metidos y en torno al Noticiero Universal (donde el Banco Garriga Nogués perdió 2.000 millones). Se entendió de inmediato con el hombre nombrado por Suárez, a las órdenes directas de su cuñado Aurelio Delgado, Carlos Güell de Senmenat. Los del CONSORCIO debían seguir en prisión y lo pretendido por Del Barco, ampliar la denuncia a los 10.000 millones defraudados, no solo no interesaba, se bombardearía. Neutralizar a su abogado, Pascual Estevill, a través de su amigo de Universidad, Piqué Vidal, de los De la Rosa (los dos impartían clases como auxiliares) pan comido. Además Pascual era el abogado del Noticiero de los de UCD. Los íntimos sabían no solo lo de la amistad sino la amoralidad de los dos personajes. Y Pascual al dictado del metepatas Del Barco amenazaba con incluso una posible detención de Javier de la Rosa Martí, el hijo del fugado Antonio, la fuente de sus financiaciones. El gran HIJO PRÓDIGO, y nunca mejor dicho LO DE “HIJO” y “PRÓDIGO”, repartió sin freno a todo Poder que amenazara DENUNCIARLE o detener a su padre (lo que evidentemente le arrastraría), entonces y durante QUINCE años, hasta que el Juez Fernando Pérez Máiquez, (también inquilino de Piqué Vidal) prescribiera sin necesidad de detener (sustanciar el delito, reza la jurisprudencia), o la presencia del padre Antonio, su responsabilidad penal.
Retener a los del CONSORCIO tres años preventivos les supuso a “Serra y Maragall” el aval del Gobierno Suárez cubriendo todas las deudas (la mayoría de la CAIXA), UNOS 10.000 MILLONES, más 2.500 millones en efectivo por la venta de unas hectáreas AL PUERTO, ¡eso para el Consorcio!, y PARA EL PARTIDO Y SUS SOCIALISTAS, que se sepa, al BANCO GARRIGA NOGUÉS, o sea, a Javier de la Rosa, talones como el de 60 MILLONES al senador socialista JOSÉ BATLÉS, avales por miles de millones, según declaró a la prensa muchos años más tarde MAGDALENA ALVÁREZ, para comprar la prensa del MOVIMIENTO y una tontería de crédito para el CONSORCIO de 396 millones con fecha 26-3-83, un mes antes del juicio y mi libertad. Lo documentado y publicado. ¡Cuidado!, esas cifras sobrepasaban el presupuesto anual del AYUNTAMIENTO DE BARCELONA.
Un verano tórrido en la Modelo. Calor e impotencia. “Pero, ¿qué dice Miranda de Dios?, nuestros escritos son claros…”. Y Eduardo Soler Fisas respondía con su frase favorita “es un tema político”. Y yo aguantando el espectáculo de una paliza de muerte al secuestrador de una anciana y una niña, a la que además violó, mató y enterró. A gusto hubiera participado, pero la violencia no fluye en quien no la contempla ni en su subconsciente. Al poco, la historia se repite, un chico, tirando a subnormal, había estrangulado a su sobrina de nueve años mientras la violaba. El funcionario, señor Navarro, en el primer signo oficial de “confianza”, lo destina a mi celda porque “soy buena persona”. No se libró. Un distintivo carcelario, el de las palizas a los violadores, y de muerte, con niños, que el futuro diluiría absorbido por la DROGA (legal e ilegal). En cuanto a mí, ningún signo peligroso. Comíamos, de la Tina (Bar Modelo), en una mesa de cajas de plástico de verdulería, sentados en los camastros y más cajas, Chueca, Serena, y alguno más. Jugaba a frontón con Camacho, Cuello de Toro o Koldo, tiraba unos dados con el Xiqui, o le pedía un refresco a Ulises, el fantasma de las obras del Ensanche, que delinquía rompiendo escaparates para que lo encarcelaran.
Pero el verano y su relativa paz se calentarían en septiembre a los dos meses de entrar en prisión. Perdido el recurso pidiendo la libertad con fianza, a los ataques de la prensa ordinaria, menos La Vanguardia (Godó buen amigo y vecino de De la Rosa) que no publicaba ni bien ni mal (la publicidad a toda página del BANCO GARRIGA NOGUÉS exigía el silencio), se añadió una revista de gran formato editada por un ex socio de Antonio Asensio y fundador de INTERVIÚ, José Ilario Font, con una serie de artículos al dictado de Serra y Guell de Senmenat, o sea de Pascual Maragall. La versión del Ayuntamiento con casi sentencia firme. EL JUICIO PARALELO. Yo era un testaferro, tan nombrado en cada artículo que mi nombre se convertía en principal. Después de la campaña del Periódico sobre “mis urbanizaciones”, la puntilla a nivel mediático. Ni una referencia a Javier ni a mis declaraciones en el juzgado. Por suerte duró seis semanas, después desapareció la revista, EL MAGAZIN. Siempre he supuesto que la financiación provendría del Banco Garriga. Un toque de clarín de lo que se avecinaba. Si el panorama en el Ayuntamiento, yo ya lo tenía claro, me asombraría de lo que eran capaces los jueces, las voces de los encarcelados por los asesinatos de Viola, Bultó y La Escala sobre su inocencia se oían por toda la prisión a pesar de no estar en la Sexta. La suerte de no ser torturado como ellos, no excluía que se fabricaba unos culpables y sin necesidad de torturas. Y si mis abogados seguían incordiando con los escritos que yo les inspiraba, aun no tenía razón para sospechas, cabía la esperanza, ante los indicios abrumadores, que el juez se decidiera citar y requerir pruebas.
La sombra de los motines no desaparecía. Los nombres, el “Julián” (trasladado de prisión, y en una de sus salidas a un hospital se cayó por la ventana al intentar escaparse, versión oficial, la otra, que lo mataron a palos), los Cuenca, con los adolescentes Vaquilla y el Torete de emblema, los Ugal, y algún Jodorovich, amenazaban con resucitar la COPEL (asociación de presos en lucha). Kíes, gitanos y quinkis, que la droga aun no había anulado pero les permitía considerables ganancias. Gente de la marginación tan profunda que solo veinticinco años después es difícil concebir que la Ciudad alimentara esos caldos de cultivo, y todos muertos “jóvenes”. Los conocí en mi niñez, los de las barracas del Carmelo. Junto a sus chabolas, barro y miseria, existía una ciudad donde los coches y buen vivir se veían al alcance de la mano, y del choriceo de subsistencia pasaron al atraco bancario, las armas, y con cuatro esnifadas los dueños del mundo. El machismo y la dureza a límites de autolesionarse hasta su cuerpo parecer salido de primitivos rituales. El tipo de delincuencia “franquista”, escapada o intentando escaparse del total dominio de una policía brutal y corrompida, y emulando a Alan Delón o Jon Travolta. Y si como se demuestra alterando el espacio mínimo vital llenando de individuos, ratones, una caja, alcanzas además de la locura la agresividad más salvaje, en una de tantas celdas de nueve se viola hasta la muerte a un recién ingresado, un pringao adolescente, destrozándole el ano y vientre con el palo de la escoba, confirmando que el único freno es la violencia al mismo nivel. Oigo las habituales palizas de la quinta, yo, todos, y todos los vecinos de las calles Rosellón y Provenza.
Nunca hubiera imaginado que en mi ciudad, más allá de las películas, la realidad no solo alcanzara una crudeza tan extrema, sino que liquidando el “franquismo” se forjara otro mundo, el de la DROGA. Aquella delincuencia del Somorrostro, La Mina y Can Tunis indiscutiblemente sería eliminada. Circulaban ya por allí algún apellido de la rancia y en parte arruinada burguesía derivado a la cocaína. Dos mundos tan distintos que era imposible que se pusieran de acuerdo para grandes reivindicaciones sociales. Solo separaban la Sexta de la Tercera y Cuarta dos débiles cancelas, y el terrible Centro, la gran garita de guardia, pero nunca tuve la seguridad de que si estallaba un motín aquellos pocos guardias nos protegieran del odio contra los enchufados, caballistas y chivatos en que nos catalogaban. Limitado pero sucedió, unos cuantos de la cuarta entraron en la segunda, a por droga, y apuñalaron al primero que se les puso por medio, el capitán de un carguero griego detenido por contrabando.
A unos pasos de la Sexta la existencia se complicaba, otro mundo, con la misa, el cine dominical, apuntarse al médico, o los esporádicos cruces a los locutorios, intercambiando contactos y negocios. Las drogas y hasta el sexo muy activos. El cine se comparaba con el Diana de la calle las Tapias y la lavandería, una verdadera casa de putas.
Hipotéticos peligros aparte, a los tres meses de tranquila Sexta, el sumario se movía. Pascual Estevill o Eduardo se mostraban eufóricos, el juez Miranda de Dios, admitía nuestras demandas. Se citarían, paulatinamente a los principales vendedores de terrenos, funcionarios del propio Consorcio, y todos los necesarios para esclarecer nuestros postulados, incluido a JAVIER DE LA ROSA MARTÍ. Los primeros a un mes vista. Me parecía una eternidad, aun no había calibrado que un mes en los juzgados es una unidad de tiempo mínima. Volverían a pedir la libertad con fianza, seguros que de las declaraciones quedaría patente que ni Serena ni yo teníamos nada que ver, y que nuestras cifras y negocios con Antonio de la Rosa eran una insignificancia dentro del conjunto del desfalco.

Continuará….

Rafael del Barco Carreras

http://www.lagrancorrupcion.com/
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