CARCEL LA MODELO.1980-81

LA MODELO. Fin de 1980 y entrando en 1981. ( 5ª parte)
Esperanzado con las citaciones para demostrar el gran desfalco, iniciado en cuanto a los terrenos (había más) en 1975, día de la muerte de Franco, por 10.000 MILLONES. Mi objetivo, expuesto en los escritos de Pascual Estevill, probar que mi incidencia en la vida y negocios de Antonio de la Rosa se reducía a unas legales operaciones, insignificantes en las cifras por él manejadas, y dentro de mis actividades financieras y mercantiles, durante 1978 y 79 (antes, ni relación ni conocer a los De la Rosa), sumando 80 MILLONES, pagados con talones de su cuenta en el Banco Urquijo, ingresados en mis legales sociedades, y que en la fallida operación de compra de los terrenos de Montornés, sin mediar dinero, el único engañado, yo, pues el Consorcio poseía sus terrenos y yo había perdido el tiempo y dinero en muchas gestiones. Pero y además demostrar que la versión del Ayuntamiento de mi participación para comprando esos terrenos con un contrato privado, donde se cambiaron los datos verdaderos por falsos, se dirigía a esconder el desfalco una vez pagados, era un burdo invento, pues ni pagados esos terrenos se escondía y cerraba nada, apenas un CINCO POR CIENTO. Para más abundancia, certificando el eje en que giraba el tema, el director de la agencia del Urquijo, Luis Hernández Martín, había sido compañero de trabajo, y socio del hijo Javier en otro breve empleo en el Banco Pastor, años 1972 al 74. Los negocios entre ambos le costaron al joven Javier su primer trabajo en banca, un enchufe en el entorno de la Condesa de FENOSA, presidente del Pastor. Y si el Banco Garriga Nogués no aportó las cuentas pedidas por el Juzgado, el Urquijo lo hizo rápida y con todo lujo de detalles. Con el tiempo supe que el empleado del Urquijo Pons cobró por una noche de intenso trabajo 25.000 pesetas, respetable pago.
Pero iniciadas las citaciones se nombra un juez especial, José Álvarez Martínez, y apenas nombrado, cierra toda posibilidad el día 5-12-80, a los cinco meses de acusado y encarcelado, despachándose en un auto con una “verdad verdadera” que eleva la versión de los denunciantes a “verdad” sin necesidad de pruebas, y sin vergüenza, argumentando su negativa de más pruebas y cancelando las citaciones en curso, DICTA, “que la situación de los juzgados no permiten la práctica en el sumario de otras y más diligencias”, y admite la citación de Javier de la Rosa Martí por “…y dada la indiscutible relación ya directa o indirecta de dicho testigo…”, que declarará UNA ÚNICA VEZ el día 11-01-81, SALIENDO TRIUNFANTE. Había endosado el muerto a los PERVERTIDORES DE SU PADRE.
Un JUEZ ESPECIAL que no hizo NADA, y ni menos CITARME. CERRÓ EL SUMARIO, ¡para eso lo nombraron!. UN JUEZ ESPECIAL QUE NO ESCUCHARÁ, AHORRÁNDOSE MIRARLE A LOS OJOS, A ALGUIEN QUE ESTARÁ TRES AÑOS EN LA CÁRCEL. Los jueces de la horca o los dominicos de la Inquisición presenciaban torturas y ejecuciones para gozar de su inmenso Poder (con excitación sexual incluida), pero a aquellos del franquismo la podredumbre del Poder de siglos anuló sutilezas, ¡ni se acercaban a La Modelo!.
Las citaciones a Hernández del Urquijo, empleados y cargos del Garriga y del Consorcio, de mi socio Parés, mis empleados y hasta un notario, Font Boix, para esclarecer mis muchos negocios y sociedades, o las declaraciones de dos de los vendedores reales de que ellos no habían cobrado, ni mucho menos, las cantidades reflejadas en los contratos adjuntados al sumario, repletos de falsedades como construcciones y cosechas (no eran los originales), mis denuncias y observaciones sobre el exageradísimo valor que el Consorcio declaraba en edificios, parking o naves industriales, o sea, de los 1.200 millones denunciados a los 10.000, quedarían sepultadas por el sumario y mis años de cárcel.
1981 alteraba mis prioridades. Primero trabajar, un “destino”, después arrancarle a Pascual Estevill, lo más y antes posible el dinero por las cobradas letras de la venta de la discoteca Charly Max, y por último vender lo vendible de mis muchas sociedades, algún piso o terreno de difícil venta. Los poderes concedidos a familia y empleados ayudarían, pero complicando el futuro. Quince años de trabajo, por la borda. Las tres tiendas de muebles con demasiada plantilla perdían mucho dinero, otro desastre. Y sin olvidar las urbanizaciones, que paralizadas, añadirían disgustos y más gastos judiciales. Recuerdo un comprador de un piso que consiguió entrar en los locutorios generales para exigir, entre el griterío, le firmara la escritura pública. Otra demanda CIVIL. Internet pasados treinta años refleja alguna de esas reclamaciones. Mis muchas promociones, a pesar de la campaña del PERIÓDICO publicando la afluencia masiva a los juzgados, acabaron con un solo juicio en 1992 donde se me declaró INOCENTE.
La prensa se olvidaría de LOS DEL CONSORCIO. Perdida toda esperanza, solo cabía “salir del patio”, superar al Director Camacho con su “nada de destino porque la prensa se me echa encima”. Y lo dicho, eso solo se conseguía “con dinero”. Por suerte las cifras del lugar, la corrupción de la casa, eran moderadas, por allí aun no pasaban los grandes magnates de las finanzas o la droga que el futuro le depararía, y por tanto si los precios de visitas por “jueces” o entrar paquetes con soltura se limitaban a invitaciones en el Bar Modelo, o que la propia Tina intercediera con sus amistades, un “trabajo” no costaría demasiado. Pero a los ocho meses, mi mujer ya había sobrepasado a la Tina y conseguido amistades propias. La Gran Pilar Pato, uno de los puntales de la Cárcel, la jefa del Departamento Especial. LA LETRADO JEFE, FIRMABA. La concesión de los GRADOS, el destino de los desgraciados una vez condenados. Un poder inmenso, aunque con escuálidos clientes. A los pocos que con algo de capital llegaban a la cárcel, una vez condenados, tras años, ya no les quedaba ni dinero ni a menudo familia. Rafael tendrás un destino “entre cancelas”. Lo inimaginable, el sueño de cualquier preso que no prefiriera los retribuidos talleres, cocina o panadería. Un pueblo de 2.600 individuos necesitaba de unos trescientos “destinos” y varios cientos en talleres “según trabajo”.
Composición de lugar. Los grandes enchufes. Primero, el patio exterior, inalcanzable, oficinas exteriores, para los condenados de mucha “confianza” y con cortas condenas, pero como todas las normas, con excepciones. Segundo, entre la primera y segunda cancela, unos pocos para los locutorios generales, la sala del imposible griterío. Tercero, entre la segunda y tercera cancela, la puerta al infierno, con, en la planta el economato central, almacén de suministros, “cocinilla de funcionarios”, gabinete de fotos y fichaje, y en el piso superior, locutorio de “jueces” y ruedas de reconocimiento, visavis y los despachos de Pilar Pato. Debería empezar por la primera cancela, desde dentro la tercera, aunque mi compañero de causa, Serena, después de una corta estancia en un chiringuito interior llamado “auxiliaría”, ficheros de galerías y celdas, traspasaría las cancelas y directo al patio exterior, costándole algún automóvil. Bruna, se buscaría la vida en Madrid, Hospital Penitenciario, donde extrañamente le destinaron por unos desarreglos intestinales.
Un trabajo, pasando la primera cancela a las ocho de la mañana tras el primer recuento y regresando a última hora del día cerradas las celdas, significaba huir del gran peligro interior. Un sueño que tras casi un año se me hacía inalcanzable. Máxime cuando la tensión amenazaba estallar. En la propia y pacífica Sexta, las autolesiones con gritos y llenando de sangre toda la galería, duras peleas, y algún muerto, como el del que por toda excusa alegó que la víctima le miraba mal, se sucedían con demasiada frecuencia.
Soñando con un trabajo tras las cancelas, el pequeño grupo de amiguetes se había ampliado. Por fin gente de “bolígrafo”. Los Baret, el famoso presidenciable del Barça, Pedro y Pedrito, padre, hijo y un director de agencia del Banco Central, con su extraña estafa a la Caixa, Banco y otros (ciertos ingresos por la tarde no fueron a las cuentas normales sino a sus bolsillos, unos 800 millones). Un Trías de la célebre familia, y su historia mejicana casándose con una sobrina ahijada del presidente y nombrado presidente del monopolio de Petróleos hasta que se descubrió su bigamia y los talones impagados en España. Juan Palomeras Bigas, el del Banco de Navarra, cliente de Juan Piqué Vidal (ya por los 70 80 no se dedicaba a los delincuentes de aluvión de sus primeros años de carrera) y mío, pues una de sus sociedades, y hasta el Banco, inició la contabilidad en mi centro de cálculo, un Sistema Tres de IBM, por los años 74, que además volveríamos a vernos en el 2003 cumpliendo condena, él por blanqueo a unos turcos de la heroína a través de una ONG, y yo por las letras a los bancos en 1983-86, y con toda la malicia del mundo intentando sonsacarle sobre su admirado y hasta divino Juan. Para más distracción se nos añadieron los secuestradores de QUINI, unos surrealistas soñando pasar del paro crónico de entonces a millonarios. Una chapuza de película italiana, y además simpáticos. Nada que ver con los secuestros de la ETA a quien quisieron imitar. El secuestro, el delito más complejo, sentenciaba Chueca.
Y a pocos metros, en la enfermería, iniciaba su desastrosa vida de cárcel en cárcel, hasta su muerte en una de ellas, Carlos Odena Savall, con una quiebra manejada por Piqué Vidal y el juez Fernández Oubiña por 12.000 millones, y que ningún medio en Barcelona publicaría. En su primera entrada tuvo más suerte que yo, porque, como TODOS los “casos económicos”, a los cuatro meses salió con FIANZA. Vidas paralelas, sin el mínimo contacto, con la diferencia que murió en la cárcel en el 2000, no sin antes denunciar las prácticas de sus verdugos y beneficiados a través de su abogado de oficio, Carlos Obregón, al que le costaría, esa y otras defensas contra el GRUPO, tiros, palizas, incendios, y hasta la vida por infarto cerebral. ¡Una pena no conocerle entonces!. Se inicia con la suspensión de pagos, en 1981, de su sociedad Mercados Económicos SA, presentada en los Juzgados de los magistrados Joaquín García Labernia y Carlos Penalva de la Vega. Los dos primeros jueces condenados en la Historia de España, y con solo repasar sus cuentas en los bancos españoles (no se molestaban ni en ir a Andorra), y tras su prisión también contratados (o asociados por intereses comunes) por el Bufete Piqué Vidal, que a través de una sociedad domiciliada en el propio Bufete, Compañía de Desarrollo y Financiación SA, absorberá la mayor parte del activo del Grupo Odena. Denuncia archivada en 1991, a pesar de que el SUPREMO ordenara su instrucción. Otra de las tantas víctimas del Bufete.

Rafael del Barco Carreras
http://www.lagrancorrupcion.com/

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