Esperando a Cherlin


“Ya me llamaba papá”, relata con tristeza Javier Bielsa, quien pasó un mes y medio en el Congo con la intención de adoptar a Cherlin, un niño abandonado que el 12 de junio cumplió dos años. Javier obtuvo la adopción y Cherlin pasó a llamarse Pol Bielsa. Pero cuando padre e hijo estaban a punto de regresar a España, la Embajada negó el visado del niño. Un supuesto familiar biológico había reclamado al menor, comenzando así una complicada intriga que desembocó en la acusación de tráfico de niños a la asociación catalana ADIC, encargada de gestionar las adopciones en nombre de la Generalitat.
Seis meses después de su regreso a España, el padre adoptivo desconoce el paradero de Cherlin. Cree que se puede encontrar en un orfanato del Gobierno congoleño, pero la ONG africana Adhuc aseguró a El Confidencial que el niño había vuelto con su familia. Javier recuerda que Cherlin fue abandonado con seis meses y que durante un año y medio nadie se preocupó de él. “Es muy extraño que en el último momento, después de tanto tiempo, aparezca un padre. Cada día que pasa es tiempo perdido entre mi hijo y yo”, lamenta.
Su caso no es único. De las 19 familias españolas que hace casi dos años comenzaron procesos de adopción en Congo a través de ADIC, seis continúan a la espera de resolver su situación. Al menos cuatro de los niños asignados parecen tener parientes biológicos, pero el caso de Cherlin es el más controvertido. Javier había conseguido la
sentencia de adopción, el certificado médico del niño, y un nuevo pasaporte con el nombre de Pol Bielsa Palacín. Sin embargo, la adopción se encontraba paralizada.
Así que en marzo viajó al Congo junto con otras cuatro familias para desbloquear los trámites. Lo que se planeó como una estancia breve, se convirtió en una pesadilla de un mes y medio. “Aquello era el colmo, tuve que vivir en un hotel en el que un día había agua y otro no, se iba la luz, y solo había un supermercado europeo. Los gastos fueron muy grandes”, explica Javier. Durante tres semanas visitó al niño a diario en la casa cuna, y luego se lo llevó consigo a un mejor hotel. Para entonces, Cherlin ya había pasado un año de su corta vida en un orfanato. “Allí se pueden ver bastantes orfanatos –cuenta Javier-, la mayoría en malas condiciones, con las puertas abiertas y los niños pidiendo en la calle”.
Al llegar al país se encontraron con que ADIC no había pagado todos los honorarios de los abogados congoleños. Tras saldar las deudas, el proceso pudo finalizar. Cuatro familias consiguieron regresar en mayo a España con sus hijos, pero Javier tuvo que volverse solo ante la
denuncia del supuesto padre de Cherlin. “El embajador me dijo que tenía que abandonar el país cuanto antes, que la policía congoleña iba a empezar a hacer detenciones y que podía ser apresado”, recuerda Javier.
Cuando regresó a España, Javier estaba “destrozado y no paraba de llorar”. “Después de haber estado con el niño, cuidándolo, cuando ya empezaba a hablar, fue horrible tener que dejarlo allí”, dice. “Se había encariñado conmigo, y si me iba al baño, por ejemplo, se ponía a llorar y tenía que explicarle que papá iba a volver”, añade.
El futuro del niño depende ahora de un juez congoleño. Javier ha contratado un abogado en el país africano, pero señala que “las comunicación con él es complicada” y desconoce cuándo o cómo se producirá el fallo. En los casi dos años transcurridos desde que inició el proceso de adopción, Javier ha invertido cerca de 20.000 euros, sumando los costes de los trámites y la estancia en el Congo, sin otro resultado que verse envuelto en un nuevo juicio.
El padre se siente abandonado por la Generalitat y el Ministerio de Asuntos Exteriores. “Dicen que no pueden hacer nada”, explica, pero insiste en que las administraciones no han hecho ningún esfuerzo para solucionar su caso, y tampoco le han prestado el asesoramiento necesario. De hecho, según Javier, la Generalitat trató de convencerle de que se olvidara de Cherlin. “Han intentado que renunciara al niño”, denuncia. “Me han llegado a poner delante el papel para que lo firmara, diciendo que me asignarían otro niño, pero yo no puedo renunciar, voy a seguir luchando”.
Tráfico de niños
El presidente congoleño anunció el 1 de noviembre la suspensión de todas las adopciones internacionales en su país, y el diario francés Liberation recuperó el caso de Cherlin. Loamba Moaré, presidente de la ONG congoleña Adhuc, denunció que ADIC se habría dedicado a sustraer niños, haciéndolos pasar por huérfanos para trasladarlos a España.
Moaré aseguró a El Confidencial que Cherlin había sido dejado por sus padres en manos de un pariente, que a su vez lo vendió por unos trescientos euros a un periodista de la televisión congoleña. Este periodista formaba parte de la dirección de ORGES, una organización que se encargaba de gestionar cuatro orfanatos, y a la que ADIC pagó una cuota de 2.200 euros al mes a cambio de que le suministrara los niños idóneos para las familias españolas.
Cintia Andreu, directora de ADIC, afirmó a El Confidencial que el dinero entregado a ORGES debía ser utilizado para financiar los orfanatos y rechazó las acusaciones de tráfico de niños. Andreu apuntó que contaban con todos los documentos legales requeridos por las autoridades congoleñas, así como con el aval de la Generalitat y el apoyo del arzobispado de Brazzaville, capital de la República del Congo.
ADIC comenzó su actividad en febrero de 2006, cuando fue acreditada por el Gobierno catalán, desoyendo las recomendaciones de Exteriores, que se mostró contrario a comenzar adopciones en ese país. Hasta 19 familias comenzaron el proceso de adopción, de las cuales, seis continúan a la espera de resolver su situación.
Siete padres viajaron en agosto de 2006 al Congo para recoger a sus hijos adoptivos, pero acabaron atrapados en el país durante un mes, enredados en la burocracia. La directora del Instituto catalán de Adopción dimitió y, en noviembre de ese año, la entonces consellera de Bienestar y Familia, Carme Figueras, acusó a ADIC de haber retirado a al menos seis menores de los orfanatos.
Sin embargo, en marzo de 2007 la situación se repitió con Javier Bielsa y otras cuatro familias. Para entonces, ADIC llevaba siete meses suspendida por el Gobierno catalán, pero no fue hasta el pasado miércoles, después de que El Confidencial desvelara las nuevas acusaciones sobre ADIC, cuando la Generalitat reaccionó anunciando la posibilidad de emprender acciones legales contra la ONG. Andreu respondió que si tuvieran pruebas ya les habrían denunciado mucho antes.
Pérdida de credibilidad
Los escándalos de Chad y el Congo han puesto de manifiesto la ineficacia de los Gobiernos y las dudosas intenciones de algunas asociaciones a la hora de llevar a cabo las adopciones internacionales. Una vez más, los niños, las familias de acogida y los organismos internacionales serios son los más perjudicados.
En Chad, El Arca de Zoé, un grupo de ‘iluminados’ quiso demostrar que es posible saltarse todas las trabas burocráticas y se precipitó hacia una misión más propia de un guión de Hollywood que de un proyecto. Pero también ha quedado en entredicho la labor del Gobierno francés, que sabía que existían irregularidades en la ONG y no sólo no hizo nada
(Nouvel Observateur publicó este viernes el interrogatorio que la policía francesa hizo a Eric Breteau, presidente del Arca de Zoé el pasado 10 de agosto), sino que ayudó a la ONG en Chad a transportar material sanitario.
En el caso del Congo, ADIC, una asociación de ‘amateurs’ sin bagaje en la cooperación internacional, se lanzó a una tarea para la que no estaba preparada, con el visto bueno de la Generalitat. Tampoco contaron con la situación en el Congo, que se recupera de una guerra civil. El actual presidente Denin Sassou Nguesso llegó al poder gracias a un golpe de Estado. “En general, la opinion pública no se fía mucho ni del presidente ni de su sistema”, afirma Bakala Kimani, congoleño residente en España. “Incluso el anterior presidente, Pascal Lisura, esta todavía en el exilio”, añade.
En ese contexto, Cherlin pudo haber sido ‘intercambiado’ por 350 euros. Si se tiene en cuenta que el sueldo mensual ronda los 80 euros, se trata de una suculenta cantidad. Pero, mientras todo se aclara, Javier sigue esperando a Cherlin, a quien quizá acabe por llamarse Pol.

Alberto Mendoza/Yanira Rodríguez
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