El complejo ETA sondea en Venezuela más asentamientos para la reserva de pistoleros


El denominado Movimiento de Liberación Nacional Vasco (MLNV), cuya «vanguardia» es ETA, busca, entre regímenes que considera «amigos», como Venezuela, Bolivia y Nicaragua, contactos «solidarios» para establecer nuevos asentamientos en los que puedan refugiarse los terroristas mientras la banda prosiga con su actividad criminal, o, incluso, retirarse en el hipotético caso de un cese de la «lucha armada».
Estas gestiones se realizan, sobre todo, a través de Askapena, un movimiento que se constituyó en 1987, al amparo del MLNV, para estrechar relaciones y buscar complicidades con el régimen sandinista de Nicaragua que lideró (y lidera) el comandante Daniel Ortega. No obstante, poco después, los lazos «solidarios» de Askapena se extendieron a otros países, como Cuba, Ecuador, Chile, Colombia, Venezuela o Italia, además de Palestina o el Sahara, con desigual éxito, según la disposición o no del gobierno correspondiente a combatir a la banda ETA.
Ahora, sin embargo, la banda está más aislada si cabe en el plano internacional. En los últimos años ha ido perdiendo, por ejemplo, el «santuario» de México, país en el que llegaron a reagruparse hasta 250 etarras: unos para establecer prósperos negocios que generaran ganancias para financiar a ETA y otros para, después de un tiempo de descanso, reengancharse a la actividad terrorista. A la pérdida del «paraíso azteca» se unen las datos en poder de los Servicios de Información, que apuntan a que la banda ha ralentizado, si no paralizado, el éxodo de «reservistas» hacia Cuba. La grave enfermedad de Fidel Castro abre un futuro incierto en la isla caribeña, y la banda de «Ternera» prefiere en esta coyuntura dirigir su mirada a otros países, más seguros, en los que asentar su «retaguardia».
Ello ha obligado al MLNV a reactivar Askapena, cuyo «modus operandi» consiste en el envío de «brigadistas» que, como «misioneros del terror», se dedican a legitimar a ETA, describiendo una España irreal, en la que el pueblo vasco está reprimido por el Estado español. En su endiablado mensaje aluden a País Vasco sometido a esa «España de siempre», que hace más de 500 años colonizó, de la misma forma, las Américas. Ello, justifica, según este mensaje, la «lucha armada» como vía hacia la emancipación.
Terreno abonado
En regímenes como los actuales de Venezuela, Bolivia o Nicaragua, el trabajo de estos «brigadistas» cae en terreno abonado, ya que, si bien los correspondientes gobiernos aparentan mantenerse al margen para evitar problemas diplomáticos, diputados u o organismos progubernamentales les facilitan los contactos y la infraestructura necesaria para que expandan su discurso con la misma fuerza que la onda expansiva de un coche bomba. Preparan así el terreno para que los etarras que lo pidan sean bien recibidos.
«Brigadistas» en Venezuela
Un grupo de estos «brigadistas» se desplazó a Venezuela en agosto, donde miembros de la Coordinadora Simón Bolívar hicieron de anfitriones y les abrieron las puertas para que pudieran difundir, a través de televisiones, radios y periódicos chavistas, el discurso de que el «proceso de paz» se había ropto por culpa del Gobierno Zapatero y que había sido ETA el único «agente» que había demostrado deseos de paz.
En este contexto de amistad, poco antes, a finales de año, el regimen chavista estuvo a punto de conceder la nacionalidad venezolana a los etarras Lorenzo Ayestarán, Ángel Aldana, Jesús Urteaga y Eugenio Barrutiabengoa —sus historiales suman 40 asesinatos—, como argucia para evitar su extradición a España. La colosal polémica suscitada y las quejas del Gobierno español forzaron al caudillo a dar marcha atrás y no concederles la nacionalidad pero, a día de hoy, siguen disfrutando del asilo en el régimen «amigo». Además, Venezuela acordó indemnizar con más de 325.000 euros a otros dos etarras, Sebastián Etxaniz y Juan Víctor Galarza, por haber sido entregados a España en 2002, cuando residían «legalmente» en ese país suramericano.
El trabajo de Askapena se ha reactivado también en Bolivia, a partir de la llegada al poder de Evo Morales. En agosto de 2006, otra «brigada» de Askapena, que se presentó como «delegación oficial vasca», acudió a un acto, presidido por Evo Morales, en el que se puso en marcha la Asamblea Constituyente encargada de elaborar una nueva Constitución. Los «euskobrigadistas» aprovecharon la ocasión para hacer un paralelismo entre el País Vasco y Bolivia, «sometidas a esa misma España colonial».
Por aquellas fechas, Batasuna invitó a Edmundo Novillo, dirigente del Movimiento Al Socialismo, de Evo Morales, a unas jornadas internacionales. Novillo no acudió, pero envió a Feliciano Begamonte, quien se reunió con Joseba Álvarez, jefe del «aparato político» de Batasuna en prisión. No es casual que en el «Zutabe» —boletín interno— número 111, correspondiente a octubre de 2006, la banda terrorista pusiera como ejemplo a seguir para la «izquierda abertzale» el modelo aplicado en su país por Evo, a quien elogió por haber sabido mantener su organización interna y una estrategia política independiente basada, a su juicio, en la «decisión de los pueblos». Antes de ser elegido, Evo lideró una revuelta indígena contra el anterior presidente, Carlos Mesa, quien definitivamente tuvo que presentar su dimisión. También se reactivado el trabajo de Askapena en Nicaragua tras el regreso de los sandinistas.

D. MARTÍNEZ / J. PAGOLA
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