Un beso muy caro

Una multa de 1.500 euros por dar un beso

La joven condenada dejó la marca de sus labios en un lienzo de Cy Twombly

Hay pasiones que siempre han salido algo caras. Sobre todo si están vinculadas al mundo del arte. La de Rindy Sam, en concreto, le ha salido por una minuta de 1.500 euros. Es, con toda probabilidad, el beso más «happening» de la historia y, también, de los más caros. Su atracción por el artista abstracto norteamericano Cy Twombly (1928) se plasmó en un arrebato, cuando no pudo contenerse y estampó, igual que si fuera Marilyn Monroe, la huella roja de sus labios en una de sus obras sin meditar antes, claro, sobre las posibles consecuencias que suelen traer casi siempre esos actos de naturaleza impulsiva, sean o no en un cuadro.
Pura pasión
Rubricó esa devoción sin parches en una pintura valorada en 2,6 millones de dólares. Y el juez francés de la Corte de Avignon, ni se lo pensó: la impuso una multa por la cuantía mencionada cque deberá abonar al propietario de la obra. Además, por supuesto, de casi cien horas de trabajos sociales y la casi inalcalzable (y simbólica, claro está) suma de un euro para indemnizar al creador por semejante acto de vandalismo y por su consiguiente perjuicio. La pieza, un lienzo pintado de blanco que formaba parte de un tríptico llamado «Phaedrus», estaba expuesto en el Museo de Arte Contemporáneo de esta localidad francesa. Rindy Sam, que tiene treinta años y es de origen camboyano, ha declarado, quizá, con cierta inocencia, que «cuando lo besé no estaba pensando. Solo le besé y fue como un acto de amor. Creí que el propio artista lo comprendería». Lo entienda Twombly o no, quienes deben acordarse de su arranque son los afanados restauradores que, a pesar de sus empeños, no han logrado limpiar el dichoso pintalabios. A pesar de que han utilizado un amplio abanico de quitamanchas, que supera la treintena, el lápiz aún resiste en el óleo. En eso se amparó la abogada del propietario, Agnes Tricoire, cuando señaló que «el beso ha sido tan brutal como un puñetazo». Después apostilló: «Para mí el amor requiere del consentimiento de ambas partes».

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