«La razón sin Dios y la ciencia sin ética no redimen al hombre», escribe el Papa


Nueva Encíclica del Papa

Setenta y siete páginas conforman la segunda encíclica de Benedicto XVI, «Spe Salvi» («Salvados por la esperanza»), que fue presentada ayer en el Vaticano. En el texto, el Papa subraya con rotundidad que «quien no conoce a Dios, aunque tenga múltiples esperanzas, está sin esperanza». El Pontífice insiste en que el ateísmo ha causado «las más grandes crueldades y violaciones» de la era moderna. Además, reflexiona sobre el sentido último de la vida, la muerte, la vida eterna y el Juicio final y se centra en aspectos relativos al pensamiento político, la ciencia o la antropología. En la imagen, Benedicto XVI firma su nueva encíclica. Más allá del progreso o las ideologías políticas, está la esperanza, no en algo, sino en «alguien»: Cristo. Ésta es la clave.

Después de semanas de espera, ayer por fin salió a la luz la nueva encíclica del Papa, titulada «Spe Salvi» y dedicada a la esperanza, el sostén que ofrece el cristianismo a la humanidad para su salvación y que va más allá del progreso, la ciencia o las ideologías políticas. En su nuevo texto, Benedicto XVI coaliga esta virtud teologal con una crítica al ateísmo, afirmando que es responsable de las «más grandes crueldades y violaciones de la justicia» de la historia. Si a la innovación técnica «no corresponde un progreso en la formación ética del hombre, en el crecimiento del hombre interior, entonces no es progreso, sino una amenaza» para la humanidad, escribe en «Spe Salvi». La nueva encíclica de Benedicto XVI, cuyo título se traduce como «Salvados gracias a la esperanza», empieza con una mención a la carta de San Pablo a los romanos y recuerda que a los cristianos «se nos ofrece la salvación en el sentido de que se nos ha dado la esperanza, gracias a la cual podemos afrontar nuestro presente». El texto, que según el portavoz del Vaticano, el jesuita Federico Lombardi, ha sido escrito en su totalidad por el Papa, tiene 77 páginas divididas en ocho partes. Pese a que en un principio se señaló que la segunda encíclica de Benedicto XVI podría versar sobre un tema social, finalmente el Papa ha optado por dedicarla a la esperanza. Su primera carta doctrinal, «Deus caritas est», firmada en diciembre de 2005, también estuvo consagrada a una virtud teologal: la caridad. Según afirmó el padre Lombardi, existe la posibilidad de que la próxima encíclica del Pontífice, que podría aparecer el próximo año, tratara sobre la otra de las tres virtudes teologales: la fe. «Spe Salvi» ha sido calificada por teólogos y vaticanistas como un texto de alta excelencia académica que prueba la fortaleza intelectual de Benedicto XVI. En el discurrir del texto, el Papa introduce citas de intelectuales, santos y filósofos con la maestría del erudito. Con su nueva encíclica, el Pontífice ofrece una justificación más a los que le llaman el «Papa teólogo», un apelativo que da muestras de la hondura de su discurso y de su preocupación por ofrecer a los católicos argumentos de peso para dar respuesta a las inquietudes que despierta la sociedad actual. Benedicto XVI llega incluso a introducir una «autocrítica del cristianismo moderno», que no ha sabido responder con firmeza a la revolución tecnológica y de ideas y que se ha replegado «en la salud personal del alma». Recuerda en su encíclica el Papa que los cristianos deben encontrar la esperanza en Dios y no en el desarrollo ni en ideologías que, como el marxismo, prometen «la instauración de un mundo perfecto». El progreso que ha marcado el devenir de la historia en los últimos siglos es un elemento «ambiguo», ya que ofrece «nuevas posibilidades para el bien» al tiempo que presenta «abismales» oportunidades «para el mal», escribe el Pontífice. Además de la crítica al ateísmo y el recordatorio de la esperanza como puntal del cristianismo, Benedicto XVI sostiene en «Spe Salvi» la existencia del Juicio final, del infierno y del purgatorio. El Papa considera que «la imagen del Juicio final no es una imagen terrorífica» como la representada durante siglos, «sino una imagen de esperanza». No obstante, «no es un cepillo que borra todo, de modo que cuanto se ha hecho en la tierra acabe por tener siempre igual valor» en la vida eterna.

Darío Menor

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