Demasiados abortos juveniles

La iniciación cada vez más precoz al sexo lleva a relaciones de riesgo

La educación sexual sigue siendo deficiente en plena era de la comunicación


Coitos precoces e inseguros. Casi 13.000 adolescentes descubrieron abruptamente en un quirófano en 2005 que la sexualidad puede ser divertida pero que no es un juego. Los abortos juveniles, uno de los efectos indeseados de las relaciones sexuales de riesgo, crecen de forma constante en España desde 1994. Hay una primera razón de perogrullo: cada vez más jóvenes tienen relaciones coitales tempranas. Hay otra segunda alarmante: lo hacen sin protección. En plena era de la comunicación, aún no están bien informados.

La iniciación cada vez más precoz al sexo lleva a relaciones de riesgo – La educación sexual sigue siendo deficiente en plena era de la comunicación

“Hay dos cosas que evitan las relaciones precoces coitales de riesgo: la represión y la educación”, comienza Eva Rodríguez Armario, la ginecóloga que preside la Asociación de Clínicas Acreditadas para la Interrupción del Embarazo. “Hemos dejado atrás la represión, pero no la hemos sustituido por la educación”, prosigue.

Entre las jóvenes que abortan en la clínica que dirige se repiten tres escenarios. El de las primerizas: “Llevan mal lo del preservativo, no lo saben poner, les da vergüenza comprarlo o le dan una cita en planificación que tarda”. El de las ingenuas: “Confían mucho en su pareja y en su marcha atrás”. El tercero es el más incomprensible para Rodríguez Armario: “Se limitan a decir que no creían que no se iban a quedar embarazadas, son las más jóvenes, creen que tienen una especie de protección mágica”.

En la escuela española apenas se habla de sexo. Como si informar fuese lo mismo que incentivar. “La política del avestruz no da ningún resultado, hay que hablar de ello, el puritanismo no nos llevará a mejores datos”, sostiene la demógrafa del CSIC, Margarita Delgado. Arrinconar la sexualidad en la educación no impide que los jóvenes la exploren a edades cada vez más tempranas, favorecidos también por su precocidad biológica -la nutrición ha adelantado la menstruación en las niñas un promedio de dos años en comparación con dos siglos atrás-. Según el Estudio sobre Hábitos de Vida y Salud entre Adolescentes (HBSC), una encuesta internacional apoyada por la OMS, el 14,8% de las chicas españolas de 15 años y el 18% de los chicos aseguraron que habían tenido relaciones sexuales coitales.

Los estudios de Margarita Delgado reflejan el resultado de esta fatal alianza entre precocidad sexual y desinformación: los abortos juveniles ya no son anecdóticos, aunque la tasa española todavía sea inferior a la de otros países europeos. “En 1990, los abortos en menores de 18 años fueron 1.522. En 2005, han sido 5.504, lo que significa que se han multiplicado por 3,6”, compara. “Influye la presencia de mujeres jóvenes extranjeras, pero no explica todo el fenómeno”.

¿Qué falla entonces? “El déficit mayor es la formación, entre los jóvenes no está arraigada la conciencia del riesgo al tener relaciones sexuales sin protección. Sería necesario implantar una formación regulada desde edades tempranas sobre los riesgos que conlleva una relación sin protección”, responde.

En los colegios se aborda la reproducción con la asepsia de la biología, pero no se enseña a poner un preservativo ni se explica que el coito es sólo una variante posible entre las múltiples que pueden protagonizar un intercambio sexual.

La información, además, es desigual: depende de la comunidad autónoma, del centro educativo y del parecer -lo que engloba, si los tiene, sus prejuicios- del profesor. “La formación sexual debería estar incluida en el sistema educativo precozmente y no ser voluntarista. No se trata de favorecer la promiscuidad, sino de enseñar a la gente a disfrutar de su cuerpo y a saber decir que no”, reclama el presidente de la Sociedad Española de Contracepción (SEC), Ezequiel Pérez Campos.

Decir no al sexo sin protección ayudaría a rebajar la tasa de embarazos en adolescentes, que se duplicó entre 1990 y 2005 (14,4 por mil en menores de 18 años frente al 7,4 anterior). Pero a las jóvenes les cuesta decir no. “A estas alturas se producen desigualdades de género, las chicas se ven presionadas”, observa Concha Colomer, la directora del Observatorio de Salud de la Mujer, del Ministerio de Sanidad. “Las chicas tienen escasa capacidad para la negociación del uso del preservativo y deben asumir la responsabilidad y las posibles consecuencias”, advierte un estudio de Sanidad.

En la práctica, la psicóloga Mamen Castillo lo constata en las consultas que atiende en el Centro Juvenil de Orientación para la Salud de Sevilla, que pertenece a la Liga para la Educación y Cultura Popular. “A ellas, por un lado, les da vergüenza llevar encima preservativos por miedo a lo que pensarán los chicos. Y por otro, son chantajeadas para tener relaciones sexuales con penetración sin preservativo”.

Desde 1992, Castillo da talleres en institutos públicos. “En tres horas no se cambia el concepto de sexualidad”, confiesa. “Sería necesario empezar desde primaria con la educación sexual. Sigue habiendo mucha desinformación, lagunas y mitos”, defiende. Entre las falsedades que favorecen los embarazos no deseados figuran dos clásicos. En la primera vez no se producen embarazos. Con la marcha atrás -utilizada por el 14,5% de las quinceañeras que tienen relaciones sexuales (Estudio HBSC)-, tampoco.

Sorprende que estos mitos pervivan en la era de Internet, donde cualquier duda puede ser aclarada al instante. Pero la red es un cosmos donde coexisten las tesis sesudas con las bobadas. “Te puede informar y desinformar, no se lo puede dar crédito a todo lo que está en la web. Por eso es muy importante que se dé información en la escuela”, plantea el presidente del Consejo de la Juventud de España, Mario Esteban Ruiz.

“Las relaciones coitales se han anticipado en ausencia de una auténtica educación sexual y con enormes dificultades para acceder a métodos anticonceptivos para jóvenes”, reflexiona Guillermo González, presidente de la Federación de Planificación Familiar Estatal.

Una adolescente catalana no tiene el mismo acceso a métodos anticonceptivos que una valenciana. Ni una andaluza y una murciana. “Hay diferencias insultantes entre unas zonas y otras”, censura Ezequiel Pérez. “Con el más exquisito respeto a las políticas autonómicas, la mejora pasa porque el Consejo Interterritorial de Sanidad vele por el cumplimiento de los principios de equidad y universalidad”, abunda González.

El Ministerio de Sanidad está elaborando un estudio sobre las redes de planificación familiar. “Es el primer paso para empezar a mejorarla”, indica Concha Colomer. En el Libro Blanco de la Anticoncepción, elaborado por la SEC y la Federación de Planificación Familiar, se denunciaba la “disparidad absoluta” entre comunidades en los dispositivos donde se realizaba anticoncepción y “la clara discriminación y falta de equidad” en la financiación de los métodos anticonceptivos. “Existen grandes desigualdades territoriales, desde la financiación de métodos a la realización de determinadas intervenciones”, reitera González.

Las diferencias afectan a la financiación de DIU y a la prescripción de píldoras poscoitales, a pesar de que, según Colomer, “está muy demostrado que el acceso a la anticoncepción de emergencia (píldora poscoital) disminuye mucho los embarazos no deseados y las interrupciones de embarazo”.

“No parece lógico que no se facilite el acceso a este método, y lo que es más grave, que se haga de ello una cuestión política o moral”, defendían en las conclusiones del Libro Blanco, donde se recuerda que la OMS ha declarado la píldora poscoital como un medicamento “esencial”. Tanto Guillermo González como Ezequiel Pérez defienden que se dispense sin receta. “Es eficaz en su efecto y con escasos y no graves efectos secundarios; evita demoras que disminuyen la eficacia del producto y el uso en los países con libre dispensación se ha mostrado tan racional y equilibrado como los que exigen prescripción facultativa”, expone el presidente de la Federación.

En el estudio La interrupción voluntaria del embarazo y los métodos anticonceptivos en jóvenes, elaborado por el Ministerio de Sanidad, se advierte, sin embargo, sobre el doble filo de la píldora poscoital. “Por un lado podría reforzar la justificación de no usar el preservativo y, por otro, parece ser altamente efectivo en la prevención de embarazos no deseados”.

Es un método en alza entre jóvenes y adolescentes desde que en 2001 comenzó a facilitarse en algunas autonomías. Según un informe elaborado en Andalucía, donde se prescribe desde ese año, el 35% de las usuarias tiene menos de 20 años. Prueba de la demanda de esta anticoncepción de emergencia es su evolución: en 2005 se vendieron más de medio millón de unidades. Un año antes, la cifra de mujeres de entre 15 y 24 años que utilizaron la píldora poscoital había sido de 305.361.

“Aunque en el contexto europeo”, destaca el estudio de Sanidad, “los españoles son los que más utilizan el preservativo masculino, se aprecia que se podría estar dando una disminución de su uso y su sustitución por la anticoncepción de emergencia”. En países como Holanda, Reino Unido, Francia o Portugal, según el presidente de la Sociedad Española de Contracepción, se puede adquirir sin receta. “Somos una islita bastante absurda, porque estamos jugando a modernidad y nos hemos quedado fuera de juego cuando hemos sido capaces de dar pasos más atrevidos en otros campos”.

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