La nueva generación en China sólo quiere dinero

A los catorce años le picó el gusanillo de la escritura, acababa de descubrir a Austen, Dickens, Víctor Hugo y Goethe. Su madre, profesora de literatura, se lo desaconsejó: «Ser escritora es una de las profesiones más peligrosas en China». Después de varias décadas, y tras coquetear con la Psicología y la Economía, Diane Wei Liang (Pekín, 1966) se ha entregado a la literatura, y tras un primer libro de memorias, «El lago sin nombre» (no publicado en España), acaba de ver la luz en nuestro país «El ojo de jade», con el que abre una serie de novelas policiacas, que la escritora, de momento, tiene previsto que alcance cuatro títulos.
Afincada en Londres desde hace años, Diane Wei Liang asegura que eligió este género porque tanto ella como su agente consideraron que sería una «forma accesible de acercar al público occidental los personajes chinos». En cuanto a cuáles han sido sus referencias para crear esta especie de joven «Miss Marple», menciona los libros de George Simenon, ambientados en París, y Donna León, en Venecia. «Creo que ésta es una manera estupenda y fácil de conocer cómo la gente vive en estas ciudades».
Aunque la trama principal del libro es la investigación de la venta ilegal de una valiosa antigüedad -noticia que Wei Liang leyó en el «Sunday Times», «aunque el caso sucedió en Nepal»-, el trasfondo es el pasado y el presente de China, así como la vida personal y familiar de Mei -en ciertos aspectos muy vinculada con la de la autora- que le llevarán a descubrir un oscuro secreto. La narración está hilvanada con acontecimientos tan importantes como la Revolución Cultural, ocurrida en 1966, y su consecuencia, los campos de trabajo, que Wei Liang ha sufrido de alguna manera. «Hay ciertas partes de mí en este libro, y cuanto más escribo sobre Mei, más he adoptado algunos características de ella. Somos parecidas porque nos hemos criado en la misma época en China. Los campos de trabajo me dieron una perspectiva de lo que era la Revolución Cultural como niña. No entendía bien su significado político pero tuve que acompañar a mis padres en uno. Fue un periodo terrible para mucha gente, que causó un gran impacto. Tenía que incluirlo en el libro».
Como Mei, la autora también se ha enfrentado al sistema al participar en las protestas estudiantiles de Tiananmen en 1989, brutalmente sofocadas, y tras las cuales tuvo que abandonar el país para vivir en Estados Unidos.
-Casi veinte años después, ¿sirvió para algo aquella protesta?
-Espero que sí. Se plantó una semilla de libertad y de democracia en la memoria de China, y está ahí. Ocurrió por una razón, y ese deseo de libertad y democracia sigue vivo.
-¿Es China hoy un país libre?
-Mucho más libre que cuando yo vivía ahí. Ahora, lo peor que me podría caer con los libros que escribo sería una prohibición; entonces, hace 20 años, me hubieran encarcelado. Pero, desde luego, no es un país libre en términos absolutos.
-¿Cómo ve el futuro de su país, un gigante económico? ¿Tiene pilares sólidos para sostenerse?
-El crecimiento ha sido del 8 o 10 por ciento cada año desde hace 20 años. Según esos datos, no hay razón alguna para que se deteriore económicamente. En cuanto a sus pilares, el sistema político y las estructuas sociales pasan por cambios tremendos y puede tener grietas en esos dos aspectos. Hasta qué punto pueda llevar hacia adelante el desarrollo económico y el general habrá que esperar. Nadie puede contestar eso.
-En su novela subyace una dura crítica hacia los jóvenes sólo interesados por el poder y el dinero.
-La nueva generación sólo quiere dinero, pasa por una fase materialista muy entusiasta, y esto podría ser un gran problema. También la política de hijos únicos ha contribuido a esto. Toda la estructura social ha cambiado. Se ha invertido la pirámide. Hay muchos abuelos y sólo un nieto. Eso va en contra de la tradición de la familia china, y puede marcar un impacto muy importante en el futuro del país.
-¿Va a poder publicar esta novela en China?
-Se ha traducido y se va a publicar en Taiwan dentro de poco. En China no estoy segura, estamos en negociaciones.
-Éste es su segundo libro y ha sido traducido en 25 países, ¿le ha soprendido?
-Sí. Me abruma y también estoy muy agradecida.
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