DIARIO DE MELISSA: La ventana indiscreta

Ese día me levanté tarde, era sábado y había dormido poco el día anterior.
Me levante despacio apartando las sabanas de mi cuerpo desnudo, a veces me gusta dormir así, es mucho más cómodo y te sientes más libre.
Las cortinas estaban corridas, debí olvidar correrlas la noche anterior.

Entraba el sol por la ventana lo que me decía que iba a ser un día esplendido, no sabia hasta que punto tenía razón.
Me incorporé despacio, mi pelo caía suntuosamente por encima de mis hombros, los sentía cansados, me giré para poder masajearmelos un poco, cuando me di cuenta de algo.

En el edificio de enfrente, una cortina se abría con disimulo y detrás un hombre observaba algo.
Me levante olvidando que iba desnuda y me asome a través del cristal de mi ventana. Entonces aquel misterioso hombre se escondió detrás de la cortina.
Abrí los ojos de par en par al darme cuenta de que a quien observaba era a mi.
Cerré las cortinas y me metí en la cama, al principio estaba algo asustada. Cuanto hacia que me observaba…
Como es que no me había dado cuenta antes…
Se excitaría mirándome? Quizás se masturbaba viendo como me visto, o cuando salgo desnuda de la ducha…
Me habrá visto alguna vez cuando intimo conmigo misma?

Me estaba excitando por momentos, la idea de que aquel hombre me observara a escondidas, estaba haciendo desaparecer el miedo inicial que tenía.

Me dejé llevar, volví a descorrer las cortinas y una vez que me aseguré de que seguía allí, me tumbé desnuda en la cama.
Empecé a deslizar mi mano por mis senos, recorriéndolos, acariciando mis pezones que al instante se endurecieron.
Miraba de reojo y el seguía allí observandome, yo cada vez estaba más excitada por la situación.

Rodee mis pechos con ambas manos y arquee mi espalda suavemente, separando mis nalgas de la cama.
En esa posición, deslicé mi mano hasta mi pubis y comencé a jugar con mi clítoris, lo acaricié suavemente mientras imaginaba lo que aquel hombre estaría haciendo en ese momento.
Mi entrepierna ardía de deseo, introduje uno de mis dedos, muy despacio, disfrutando cada centímetro que se hundía en mi.
Con la otra mano seguía acariciando mi torso, pensaba que esas caricias eran de aquel desconocido, y ese pensamiento me excitaba todavía más.

No aguantaba más, no podía retrasar más mi orgasmo y me rendí a el, hubiera deseado que el misterioso hombre pudiera escuchar mis gemidos desde el otro lado de la calle.
Me levanté y me dirigí con movimientos suaves y lentos hasta la ventana, le miré y creo que pude ver una sonrisa tras sus cortinas, cerré las mías y me fui satisfecha a la ducha…

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