Me alcé en armas contra la banca- ASÍ HABLA ‘EL SOLITARIO’

Dice Luis G. Berlanga que vivimos en un país donde nadie es alguien mientras no se hable mal de él. Cuando se escribe de delitos, de crímenes, de pasiones fuertes… muchos no dicen lo que saben y muchos más no saben lo que dicen. A contraluz de la memoria, recuerdo las confesiones que me ha venido haciendo Jaime Giménez Arbe, ‘El Solitario’, desde la cárcel de Monsanto en Lisboa.
Llevo muchos meses escarbando en esta historia cosida con hilo de leyenda. Es injusto estar condenado al silencio. Es muy voluptuoso abandonarse a la sinceridad. En cierto modo me siento cómplice. Mi ya amigo Jaime no es el más inocente de los culpables. Sólo la verdad es inocente.

Hay manchas que no se borran nunca, pero desde la primera carta, Jaime Giménez admite todos los delitos de robos que se le imputan, pero subraya con énfasis que él no asesinó a los dos guardias civiles Juan Antonio Palmero y José Antonio Vidal, muertos en Castejón (Navarra) el 9 de junio de 2004… “Matías, te juro por lo más sagrado que yo no maté a esos dos guardias civiles. Quiero hablar con sus familias, porque deseo que se convenzan que no fui yo el que mató a sus seres queridos y a ellos sí les voy a decir quién fue el que los mató. Se lo merecen, es justo. Yo seré lo que sea, pero esos guardias civiles son para mí una pesadilla. Yo no les he matado. Eso no quiere decir que no sepa quién lo hizo. Ya te contaré la verdad porque vas a ser el único periodista al que concederé una entrevista y quiero que seas tú quien escriba un libro sobre mi vida”.

Asegura que les mató un ex compañero de fechorías que pertenece a la mafia marsellesa… “Se trató de un asunto en el que intervienen la casualidad y la mala suerte. Un viejo amigo, que había estado nada menos que 10 años en cárceles francesas por atracos en varios países de Europa, me traía un vehículo y yo lo estaba esperando en el polígono industrial de Cogullada(en el coche también traía varias armas). El es de Ajaccio (Córcega). Sólo te puedo anticipar que su nombre es Paul… Comparado con él, yo soy la Dama de las Camelias, de ahí mi miedo, pero lo que no puedo es tragarme un sapo ajeno. De la Guardia Civil uno se puede escapar, pero de corsos y marselleses no te puedes esconder. Yo no soy un chivato”.

Jaime Giménez Arbe, ‘El Solitario’, fue el hombre más buscado de España durante muchos años. Hacía anotaciones en un cuaderno de todas las vicisitudes de los atracos. A veces añadía en inglés o italiano apostillas como “Buena suerte”, “Bien hecho” o “Perfecto, hasta la vista”. Solía disfrazarse con una peluca o una gorra, una barba, cazadora ancha para estar más cómodo con su chaleco antibalas. También llevaba placas metálicas detrás de su asiento por si le disparaban. Está acusado de asaltar alrededor de 35 bancos en 10 comunidades autónomas. El botín total no llegó a los 700.000 euros.

Con esta peliculera historia, muchos han dado rienda suelta a ese policía que todos llevamos dentro. En este país, los escándalos y murmuraciones son dos de sus principales industrias. En este caso prevalece el espectáculo de la noticia. La dictadura del morbo se ha impuesto. Pocos de los que escriben de crímenes conceden la presunción de inocencia.

Su actitud fue un pulso a las fuerzas de seguridad. Estaba seguro de que nunca le iban a detener. Se equivocó. Alguien le delató y el 23 de julio de este año fue detenido en Figueira da Foz cuando se disponía a cometer un atraco que, al parecer, iba a ser el último antes de irse a vivir con Roberta a Brasil.

“En el fondo hasta casi me alegro de que esto haya llegado a su fin, puesto que ser doctor Jeckill y Mr Hide es muy duro de sobrellevar. Demasiadas avispas en el avispero. No quiero verme reflejado como un Harry El Sucio de vía estrecha, sino como una persona con motivaciones, aciertos y errores como todo el mundo, pero sí, con un gran corazón, que es lo que me ha movido siempre… La vida que llevaba no merece la pena”.

Sin embargo, la prisión de Monsanto es para Jaime Giménez un Gulag donde está prohibido hasta respirar a destiempo. “Los abusos e ilegalidades que se practican en esta prisión especial, de alta seguridad y suprema ignominia, son tremendos. No se respetan los derechos humanos fundamentales. Esto es un Gulag y no se puede permitir que un Estado que dice ser democrático tenga este lugar donde se tortura física y psicológicamente con impunidad”.

Es difícil de entender que una persona como Jaime Giménez Arbe, procedente de buena familia, se dedicara a robar bancos. Conozco muy bien a su madre, Marisol Arbe Illades; la he acompañado en dos ocasiones en tren a ver a su hijo a la prisión de Monsanto (Lisboa). Marisol es inteligente, culta y sensible. Vísperas de Nochebuena, la vi salir llorando de la cárcel y, emocionada, me dijo que nunca la había besado tanto su hijo preso (no la gusta que se haya dejado patillas a lo Curro Jiménez). Me contó entre sollozos que Jaime siempre la regalaba un libro por su cumpleaños, aunque la hizo sufrir mucho.

“Por ahí se dice que apuñalé a unos compañeros de trabajo por una discusión nimia. Ni eran compañeros de trabajo, ni fue una discusión nimia. Un grupo de ladrones intentó robarme mientras estaba borracho; logré quitar la navaja a uno de ellos y herí levemente a dos de ellos. Fui absuelto por legítima defensa”.

El amigo José Hierro
Marisol, que ahora vive con su hija Elvira en una casa de la sierra de Huelva, es viuda de Jaime Giménez Merino, políglota, experto en turismo. Fue muy amigo del poeta José Hierro desde que ambos coincidieron en la cárcel por motivos políticos. La madre de Jaime, que se convirtió en El Solitario, el delincuente más buscado de España que nos hizo recordar a El Lute, nació y vivió en San Sebastián, sus abuelos y padres tenían negocios de joyería, pieles y artes gráficas. Fue concejal en Majadahonda durante una legislatura. Uno piensa que la verdad y la razón, aunque anden en zapatillas, o entre rejas, caminan con altivez. Podrá encerrar a un ser humano, pero nunca sus sentimientos, su dignidad.

“Luego sigue habiendo gente por ahí, psicólogos, forenses, psiquiatras policiales, expertos de toda índole que me acusan de diversas patologías mentales: que me autogestiono, que si soy narcisista e histriónico, que si paranoia, que si esquizofrenia. No, señor, de eso nada. ¿Conoces algún esquizofrénico que sea capaz de pilotar un helicóptero? Solo soy enemigo jurado de la Banca y del Estado corrupto que vivimos”.

Jaime Giménez Arbe, anarquista de los años 60, recuerda con simpatía su época hippie. Reconoce que era asiduo al hachís y los alucinógenos. Mantuvo una estrecha amistad con José Antonio Martín Gardoqui, batería de Burning (que pusieron de moda la canción ‘Qué hace una chica como tú en un sitio como éste’). Juntos cometieron algunos robos. “La primera vez que estuve en la cárcel (Carabanchel), cuando tenía 16 años, fue por robar cuatro guitarras eléctricas y un equipo de voces para poder cantar. Estuve nueve meses del año 1972. Aquello me dejó un trauma terrible”.

Se casó muy joven con una finlandesa; más tarde conoció en Inglaterra a Anne, con la que contrajo segundas nupcias y tuvo dos hijos (Jaime y David); ahora está muy enamorado de la brasileña Iris Roberta Martins, con la que quisiera casarse por poderes desde la cárcel. “Quiero casarme con Roberta y rehacer mi vida. Sé que en España no podrá ser, pues la fama que me han creado pesará siempre como una losa y yo nunca quise ser famoso”.

Roberta ha recibido un acoso feroz por algunos medios. Llegó a perder el trabajo al verse relacionada con Jaime. “Ella no es culpable de nada. Sólo me ama y yo a ella”. Conozco a Roberta. Es una mujer culta, sensible, con una calidad humana fuera de lo común.

“Soy un insurgente”
Jaime ama a los animales, es un apasionado de la música, nunca le interesó el dinero más que para sobrevivir. Sus verdaderos enemigos son los bancos. No se arrepiente de ser un luchador contra el capitalismo explotador, incluso está orgulloso de ello: “Yo solo soy un insurgente que me he alzado en armas contra el poder injusto de la banca privada. Hoy se me ve de una manera, mañana podría ser un héroe y ejemplo a seguir. Los tiempos cambian. Hubo gente a la que se quemó viva, como Giordano Bruno y otros, simplemente por pensar y decir verdades como puños, y las verdades en un mundo de mentiras y mentirosos a sueldo no gustan”.

A veces lo falaz parece verosímil y lo verdadero, falso. Las cosas no son como son sino como se cuentan. Con la historia de ‘El Solitario’ estamos ante otra joya periodística y social de la España negra donde sólo se ha mostrado un escaparate de bisutería barata. Soy consciente de que cuando el periodista se hace amigo de la fuente, corre peligro la objetividad. Es difícil ser objetivo. Hay que ser neutral, pero opinamos desde nuestra subjetiva objetividad.

No hay por ahí un Garganta Profunda en cada esquina y a veces más que fuentes tenemos charcas con sapos o arroyos contaminados. “El dinero no me dice nada; yo le doy más valor a otras cosas como el amor, la fidelidad, la dignidad, el honor, la libertad, la justicia”.

Es materialmente imposible y objetivamente injusto intentar encorsetar en esta crónica las aventuras, venturas y desventuras de El Solitario. Así me narró alguno de sus atracos. Yo me limito a transcribir: “Robo un Banco en Zafra (Badajoz). En el pueblo de Bienvenida mantengo un tiroteo con una patrulla de la Guardia Civil. Dejo 11 cartuchos calibre 45, marca Geco, en el suelo. A continuación me escapo de otras dos patrullas de la Benemérita que intentan emboscarme en un camino. Los guardias toman el número falso de la matrícula de mi furgoneta Renault 4 F-6. Al día siguiente detienen al propietario del coche de donde yo había tomado los números de matrícula. Apalean a la persona inocente y justifican su muerte diciendo que “se había caído por las escaleras”.

“Los tuve a mi merced”
En el atraco cometido en Vall de Uxó (Castellón) mantuvo un tiroteo con unos policías municipales. Resultó muerto un policía a consecuencia de los disparos de otro compañero. “A los policías de esta localidad castellonense los tuve a mi merced; ellos heridos y yo apuntándoles. No les maté aún con riesgo de mi vida, porque no soy un asesino. Si hubiera sido un asesino, habría muchos más guardias civiles muertos. Mira, en Pozoblanco (Córdoba), unas dos semanas antes del atraco, y cuando iba a repostar gasolina a la entrada del pueblo, para al día siguiente asaltar CajaSur, mientras hacía el reconocimiento previo al asalto, que siempre solía hacer por precaución para constatar si en mi fuga prevista había habido un cambio de última hora (una obra, una feria, una calle cortada, etc…). Pues en una calle estrecha pasé casi rozando con mi Suzuki a un Nissan Patrol de la Guardia Civil. Estos se mosquearon y me siguieron hasta la gasolinera. Allí yo ya estaba repostando y mi coche llevaba placas falsas y yo la pistola Colt 45 en mi pantalón al alcance de la mano para hacer fuego en una fracción de segundo si hubiera sido necesario. Un guardia se aproximó a mí y hablamos tranquilamente. Y no pasó nada, porque no soy un asesino”.

“Tengo una gran puntería con armas de fuego. Soy capaz de desenfundar y acertar a una manzana en fracciones de segundo a 25 metros. Con esto te quiero decir que no tenía necesidad de matar a los guardias civiles, pues simplemente y gracias al poder de detención del calibre 45 ACP que solía usar, con disparar a las ruedas, motor y radiador, el coche perseguidor se hubiera quedado clavado en el sitio. Y yo me habría ido tan fresco, pero sin matar a nadie”.

“¿Te quieres creer que entre las armas intervenidas por la policía y expuestas a los medios, hay un fusil de asalto M-16, un revólver de cañón muy largo al que le falta el gatillo, armas de aire comprimido de las que disparan balines diabolo y una metralleta 2-45 (que es sólo un tubo con agujeros) son de juguete? Las granadas eran también de pega, para asustar, sin explosivo. Esa es la policía que tenemos. Todos a apuntarse tantos, ponerse medallas y decir mentiras”.

Los periodistas somos humildes juntapalabras que salimos a la calle, miramos y contamos lo que vemos. No somos protagonistas de aquella inolvidable película de Billy Wilder, Primera Página. Antena 3 estrenará en 2008 una tv movie titulada ‘Soy El Solitario’. Jaime Giménez Arbe está indignado porque él no ha dado permiso alguno para su realización y no entiende que pueda usarse su alias de El Solitario como reclamo. “Propagando en televisión una versión falsa de mi persona, se destruye mi presunción de inocencia, pues cualquier jurado, juez, telespectadores a fin de cuentas, darán por buena la explicación policial y ya no habrá nadie que pueda dudar de mi culpabilidad. Esto no sólo es injusto sino que podía ser ilegal. Además, provocaría mi indefensión”.

Piloto y navegante
Además de piloto de helicópteros, Jaime es patrón de embarcaciones de recreo, y unos días antes de su detención había aprobado los exámenes en el Ministerio de Fomento de patrón de yate. Sólo le quedaban las prácticas y obtendría el título. Le encanta la vela y la navegación. Naufragó su nave aventurera…

Siempre he querido ser un escritor como Truman Capote desde que leí ‘A sangre fría’, porque la ficción es el único lugar donde todas las preguntas tienen respuesta. Soy de los que piensa que cuando la ficción se mezcla con la historia, todo se convierte en ficción. El hecho de que seamos especialistas en pájaros, no quiere decir que sepamos volar. Después de 30 años de periodista, he llegado a la conclusión de que no se puede ser aséptico, y uno se moja, se imbrica hasta las cachas en lo que quiere contar. Pienso que la función del periodista no es decir a la gente lo que ha de pensar, sino brindarle los elementos que le permitan pensar por su cuenta. Los periodistas levantamos cada día acta en audiencia pública de todo lo que vemos y oímos. Somos testigos, no fiscales ni jueces. Suyo es el veredicto…

“Yo no considero asaltar un banco un delito, sino algo así como un mero acto de expropiación. Así como la legítima defensa, ante el robo organizado y la explotación por parte del tándem políticos/banqueros, y te recuerdo que yo no he matado a nadie, jamás en mi vida”.
MATÍAS ANTOLÍN

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