Casi 300.000 millones de pesetas continúan sin ser cambiadas a euros

La cifra representa el 4% del efectivo que había en circulación en diciembre de 2001
Nueve años hace que nació y seis que está en circulación, pero todavía hay cierta nostalgia por las monedas nacionales.
Si hoy preguntáramos a la gente cuántas pesetas son un euro el resultado sería escalofriante, incluso perdonando los tres decimales que acompañaron a la fijación irrevocable de cambio de nuestra divisa con la moneda única europea aquel 31 de diciembre de 1998. De nada ha servido que el año que se acaba de cerrar el euro haya marcado máximos en su cambio frente al dólar. Sigue siendo un gran desconocido, al que se le acusa exclusivamente de haber encarecido el coste de la vida. Ayer se cumplieron seis años desde su llegada a los bolsillos de 370 millones de ciudadanos europeos de once países. Cuestión de nostalgia o no, lo cierto es que en nuestro país hay todavía sin cambiar 298.996 millones de pesetas, repartidos entre 823 millones de monedas y 974 millones de billetes de diferentes valores nominales. En los últimos doce meses sólo se han cambiado el equivalente a 3 millones de euros en monedas denominadas en pesetas y 29 millones de euros en billetes. Aunque la cifra total pueda parecer importante, hay que tener en cuenta que a 31 de diciembre de 2001, fecha en la que se inició la conversión de pesetas a euros, circulaban en España billetes por valor de 7,026 billones de pesetas (46.228 millones de euros), y monedas por importe de 419.625 millones de pesetas (2.522 millones de euros). El dinero en pesetas no cambiado representa por tanto el 4% del total.
La eurozona crece
Hoy, con la incorporación de Chipre y Malta, -Grecia se sumó en 2001 y Eslovenia en 2007- el euro está en la vida diaria de 384 millones de europeos. Los expertos no se han puesto de acuerdo acerca de su futuro más inmediato. Suele ocurrir después de haber tocado techo.
Seis años después de su introducción en el sistema monetario internacional, el euro sigue sin calar en la conciencia de los ciudadanos españoles. Puede que en la de otros europeos se vea de diferente forma. Eslovenia se incorporó a la disciplina del euro hace ahora justamente un año. En este tiempo atesora una inflación del 5,7%, que en buena parte puede deberse a la moneda única europea, pero también a un crecimiento que se ha disparado desde su entrada en la Unión Europea en enero de 2004. Desde el 1 de enero de 1999, fecha de creación del euro, el IPC español se ha incrementado un 33,2%, según datos del INE; desde el 1 de enero de 2002, un 21,9%, porcentaje que no puede ser achacable exclusivamente al euro.
Es cierto que España no tuvo suerte a la hora de que el Banco Central Europeo fijara un cambio. Las 166,386 pesetas se convirtieron en la Nochevieja de 1998 en un euro y los españoles tuvieron que fijar un cambio de 6 euros por cada mil pesetas. Parecía una solución de emergencia para hacer cuentas redondas, pero se ha convertido en la unidad de medida del gasto. Peor hubiera sido tener que cargar con la conversión fijada para la lira italiana: 1.936,27 unidades por cada euro. En cualquier caso el cambio no justifica, menos aún seis años después, que la mitad de los españoles no sepa si gasta más que antes o menos. Y eso que, en 2002, sólo se declararon enemigos del euro uno de cada seis españoles encuestados. En la primavera pasada, este indicador reflejaba que las dos terceras partes de la población estaba convencida de que el euro será más poderoso que el dólar. Lleva ya varios años demostrándolo.
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