Gobierno y PSOE elevan el blanco de sus ataques y se permiten ahora abroncar al Papa

El Gobierno y el Partido Socialista parecen decididos a llevar hasta extremos desconocidos su enfrentamiento con la Iglesia. Ayer, el PSOE desplegó toda su artillería y echó mano de ministros, ex ministros, responsables del partido y hasta del ex presidente Felipe González para emprenderla contra el Episcopado en un tono aún más ofensivo que en la víspera, y llegando incluso a criticar abiertamente al propio Benedicto XVI, quien la jornada anterior, durante su discurso ante el cuerpo diplomático, había condenado «los ataques preocupantes contra la integridad de la familia, fundada sobre el matrimonio entre un hombre y una mujer».
A dos meses de las elecciones generales, los socialistas ensanchan su frente de conflicto con la Iglesia católica, en lo que desde determinados medios políticos se intuye como un claro intento de movilizar electoralmente a su favor a esa parte del electorado más anticlerical que no suele votar.
La primera andanada provino del secretario de organización del PSOE, José Blanco, quien volvió a reivindicar su faceta como cristiano para arremeter contra el Santo Padre. «Yo, que soy cristiano -afirmó en declaraciones a Antena 3-, quisiera que el Papa me explicara qué es eso de la familia tradicional; igual entiende por familia tradicional que la mujer se quede en casa y con la pata quebrada».
Estrategia de dos bandos
Olvidando quizás que se estaba refiriendo no sólo al máximo responsable de la Iglesia católica, sino a un jefe de Estado, el «número dos» del PSOE continuó sus ataques a Su Santidad el Papa, preguntándose si Benedicto XVI «está en contra de la igualdad del hombre y la mujer en relación con el mundo del trabajo». Del mismo modo, Blanco continuó con la estrategia, marcada definitivamente por el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, durante la Pascua Militar, acerca de la existencia de dos bandos en la jerarquía eclesiástica. Así, Blanco aseguró que a «algunos miembros» del Episcopado español «no les vendría mal evolucionar de la misma forma en que lo ha hecho la sociedad española y mundial».
«Espero que algunos miembros de la Conferencia Episcopal -prosiguió el secretario de Organización del PSOE- entiendan que no se pueden alimentar desigualdades e injusticias por la mañana, y resolverlas rezando el rosario por la tarde». Verdaderamente lanzado en las críticas y metido a exégeta de los textos bíblicos, Blanco animó a cierto sector del Episcopado a «releer» el Evangelio, «porque si lo leyeran no harían las declaraciones que están haciendo».
Las críticas vertidas desde el PSOE también se pudieron escuchar desde destacados miembros del Gobierno, que también aconsejaron la atenta lectura de los Evangelios con el objeto de, a su juicio, poner en evidencia a los obispos. Así, el ministro de Trabajo y Asuntos Sociales y responsable de la redacción del programa electoral del Partido Socialista para las próximas generales, Jesús Caldera, aseguró no encontrar «ni en el Antiguo, ni en el Nuevo Testamento, ningún pasaje en el que se niegue a un ser humano la expresión de su afectividad hacia otro», independientemente de su condición sexual.
La «conexión» con el PP
En declaraciones a la cadena Ser, Caldera reivindicó la labor del Ejecutivo a la hora de «defender los espacios de libertades y de convivencia entre los españoles», y acusó a «una parte de la jerarquía española» de «separarse del componente mayoritario de la sociedad», y de adoptar «posiciones reaccionarias en conexión con el Partido Popular».
Siguiendo esta tesis, Caldera recalcó que el posicionamiento en contra de las políticas familiares del Gobierno socialista efectuado por los cientos de miles de asistentes a la concentración del pasado 30 de diciembre en Colón, «tiene que ver con una parte de la jerarquía, pero con con toda la comunidad cristiana». En su opinión, se trata de «una posición minoritaria y reaccionaria».
Sin embargo, lo cierto es que la Biblia recoge (como el lector podrá comprobar en la ficha adjunta) al menos una docena de citas en las que se condena expresamente no la homosexualidad en sí, sino la práctica homosexual, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento. Por su parte, el ex ministro de Defensa, José Bono, reclamó a «algunos obispos» que, en lugar de conducir a la gente «a la calle, la lleve a las iglesias y los seminarios». En declaraciones a Radio Nacional, el que fuera presidente de Castilla-La Mancha defendió el derecho de expresión de los obispos, aunque matizó que «no pueden pedir que haya que hacerles caso por el mero hecho de llevar una birreta o una sotana».
«Siendo cristiano no estoy dispuesto a condenar a dos personas del mismo sexo que se quieran a que no puedan vivir juntas, ni a que dos personas que no se quieren tengan que vivir juntas para mantener la indisolubilidad del matrimonio», añadió Bono, quien reconoció que «tengo fe y tengo ideas, y a veces me cuesta hacerlas compatibles, porque en un sitio no gusto por ser de los otros, y a los otros no les gusto por ser de los unos. Pero no pienso dejar ni mis ideas ni mis creencias».
«Consultas» al embajador
Lo cierto es que, amén de las posibles reacciones en el seno de la Iglesia (el Comité Ejecutivo del Episcopado se reúne este jueves, como anunció este periódico, y podría hacer pública una respuesta mesurada a los ataques del PSOE y el Gobierno), lo cierto es que la última andanada laicista de los socialistas están encontrando críticas a ambos lados del arco parlamentario. Incluso entre sus aliados.
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