Simula su rapto para ocultar que gastó 880 euros en tragaperras

La afición por las tragaperras fue su perdición. Y el plan urdido para librarse de la más que probable reprimenda familiar empeoró aún más las cosas. Un vecino de la capital alavesa de 32 años ha sido imputado por denunciar un falso secuestro para ocultar su ausencia de casa y justificar un gasto de 880 euros en máquinas tragaperras, según informó ayer el Departamento vasco de Interior.
Los hechos tuvieron lugar el pasado día 4 , cuando el ahora acusado se presentó en dependencias de la Ertzaintza y denunció que había sido «secuestrado» el día anterior por la tarde. De acuerdo con su declaración, varios ocupantes de «un vehículo» le habían abordado en la zona donde confluyen las calles Beato Tomás de Zumárraga y Domingo Beltrán, en Vitoria, y, «a punta de pistola», le habían obligado a «meterse» en el interior del automóvil.
Seguidamente, según su relato, le obligaron a «agacharse» y le «cubrieron» la cabeza para «trasladarlo» hasta «un lugar», donde le introdujeron en «una habitación». Uno de los secuestradores le «reclamó» en varias ocasiones que le devolviera «su dinero», una cantidad que el acusado cifró en «40.000 euros», y le pinchó «con un arma blanca». Asimismo, le quitaron «la cartera» y se adueñaron de los «880 euros» que portaba en su interior.
Hasta acudió al hospital
Al día siguiente, viernes, hacia las cuatro y media de la tarde, lo dejaron «en libertad» en la zona de Mendizabala y se dirigió al hospital de Txagorritxu, ya que tenía heridas en distintas partes del cuerpo como consecuencia de los «pinchazos» que le habían propinado.
Agentes de la Policía Autonómica vasca iniciaron las investigaciones necesarias para localizar a los presuntos «secuestradores». No obstante, las diversas averiguaciones que pudieron efectuar hicieron sospechar de la veracidad de la denuncia.
El denunciante, al verse descubierto confesó, el domingo por la tarde que había estado jugando con máquinas recreativas y consumiendo bebidas alcohólicas toda la noche.
Finalmente, se dirigió a primera hora de la tarde a su domicilio y, una vez en el portal y a salvo de las miradas de los transeúntes, se autolesionó con una pequeña navaja y, una vez dentro de su casa, llamó a la Policía.
Al parecer, J. M. S. E., como se le ha identificado, simuló el secuestro para justificar ante su familia su ausencia y el excesivo gasto de dinero. Ante esta declaración, los agentes abrieron un atestado, imputándole dos presuntos delitos de simulación criminal y denuncia falsa.
No es la primera vez que las autoridades se topan con un falso secuestro. En 2006, la Guardia Civil detuvo en Córdoba a un hombre de 28 años, J. A. V. U., por simular que había sido secuestrado después de gastarse en un club de alterne y en drogas 2.100 euros que le había dado su novia para pagar un aparato de aire acondicionado. El hombre amaneció en una habitación del club y pidió a uno de sus empleados que le atara, le metiera en el maletero de su coche y llamara a la Policía.
Otro caso célebre fue el del empresario madrileño Álvaro Baigorri, dueño de un concesionario de automóviles, que escapó en 1996 de un «secuestro» con un maletín lleno de dinero a la República Dominicana.

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