DIARIO DE MELISA: Un masaje excitante

Siempre me gustó jugar al tenis, por eso aquel día llamé a Toni, y dos amigos suyos para irnos a jugar a su casa de campo.
Toni era un buen amigo de la infancia, había cambiado mucho con el paso de los años, pasó de ser un chico delgado y de pelo desaliñado, a un atractivo hombre de negocios, de fuerte complexión, y profunda voz.
Sus dos amigos eran conocidos míos, alguna vez habíamos salido de copas todos juntos, había buen ambiente entre nosotros.
Una vez en su casa cogimos las raquetas, y nos dirigimos a la pista para jugar un partido de dobles parejas.
El juego comenzó siendo muy reñido, pero a medida que avanzaba, Toni y yo cogíamos ventaja.

Estaba tan concentrada en mi juego, que apenas me dí cuenta de que Toni, me miraba de forma diferente a como lo había estado haciendo tiempo atrás.
Me observaba ya no como una amiga amiga de la infancia si no como a una mujer, me sentía muy halagada por tales insinuaciones, pero decidí centrarme en el juego, y desechar cualquier idea absurda que pasará por mi mente.

Pero mi imaginación nunca pide permiso para volar, me desconcentré y tropecé, como regalo me magulle el brazo y mi hombro me dolía horrores, así que tuvimos que dejar el juego, Toni insistía en que fuéramos al médico, pero a mi me gusta hacerme la fuerte y le dije que no, pero una ducha me sentaría de maravilla.

No dudo en ofrecerme su cuarto de baño y unas toallas limpias, Mientras los chicos recogían el equipo yo me dispuse a darme un baño.
La habitación era enorme, tenía un hidro masaje que me traía dulces recuerdos, y pensé que me relajaría bastante y me vendría bien para mi hombro lastimado.

Mientras la bañera se llenaba, comencé a desnudarme dejando mi ropa bien doblada sobre un precioso sifonier de madera, cuando me di la vuelta para coger algunas sales de baño del armario, me di cuenta de que la puerta estaba entreabierta y me pareció ver que alguien se movía tras ella.

Reconocí al instante el color verde de los ojos de Toni a través de la pequeña rendija de la puerta, un impulso me hizo abrirla de par en par, empujarle dentro y cerrarla tras de si.
Toni me miraba atónito, recorriendo mi cuerpo desnudo, me acerqué a sus labios y los besé, con una seguridad que jamás había sentido.

Lo dejé allí, inmóvil y mientras me observaba me metí en la bañera, me puse cómoda, y acaricie mis piernas con suavidad extendiendo por ellas el gel, produciendo una leve espuma sobre mi piel.
El seguía allí mirándome fijamente, pero en su entrepierna se podía ver como su deseo crecía poco a poco.

Me divertía la situación, por una vez yo había tomado el mando de los acontecimientos, y eso me gustaba.
Acaricié mis pechos, que asomaban tímidos por encima del agua burbujeante del hidro masaje, clavando mi mirada en el, el cual no se movía ni un centímetro.

Acaso me tenía miedo? o le había impactado demasiado? el caso es que yo estaba disfrutando mucho, mientras me acariciaba a mi misma, despacio y mirándole a los ojos de vez en cuando, invitándolo a tocarme.
Por fin se decidió y con paso vacilante, se arrodilló ante la bañera. Se quitó la camiseta e introdujo una mano en el agua.

Cerré los ojos y pude sentir como sus indecisos dedos se introducían dentro de mí, con un cuidado extremo y excitante.
Sus labios recorrieron mi cuello y mis senos, el agua caliente volvió mi piel aún más sensible e incrementó esa sensación de placer.
Un ruido nos sacó de aquel ensueño, eran los amigo de Toni, se estaba haciendo tarde.

Molesta por aquella interrupción me levante y terminé de ducharme, mientras el aún se recomponía. Me vestí y salimos.
Nos despedimos con un abrazo, y le prometí que algún día continuaríamos por donde lo habíamos dejado.
De camino a casa, el hombro comenzó a molestarme demasiado, no me lo pensé mucho y esa misma tarde pedí cita al masajista.
Al menos calmaría el dolor, y con suerte la excitación acumulada de la jornada.

Tenía hora con Sandra mi masajista de siempre, pero esa tarde estaba enferma, y me asignaron a un chico nuevo, imaginé que así era, pues nunca antes le había visto.
Tenía una cara peculiar, sus rasgos eran muy definidos, labios carnosos, ojos grandes y color miel, pelo rubio ceniza, alto, bastante musculoso, parecía el típico chico de gimnasio.
Su voz era penetrante y reconfortante.

Se llamaba Daniel, me tumbé en la mesa camilla con la toalla tapando mi cuerpo, y me sumergí en lo acontecido esa mañana, pretendía rememorar aquel encuentro con Toni en su casa y continuar en mi mente.
Pero no pude, cuando Daniel puso sus manos sobre mí, mi piel se erizó, y ya no pude pensar en Toni.
Mi interés se centró en sus manos, con una habilidad innata recorría mi espalda, relajando cada músculo y a la vez despertando en mi un deseo incontenible.

Que me estaba pasando? quería besarle y hacerle amor allí mismo, nunca antes me había sentido así, por que me excitaba tanto su tacto?
Apenas podía contenerme, y no era muy ortodoxo insinuarme a mi masajista en pleno masaje.
El problema llegó cuando me pidió que me diera la vuelta. Clavé mi mirada en su cuerpo, mordí mis labios casi sin darme cuenta, imaginándome recorriendo su pecho con mi lengua.

El comenzó con mi cuello, apretando sus dedos con firmeza, podía oler su suave perfume, y eso me volvía loca. La sesión se estaba convirtiendo en una tortura para mí.
No pude más, me quité la toalla dejando mi cuerpo desnudo a la vista, Daniel debió captar la idea a la primera, pues no vaciló ni un momento a la hora de bajar sus manos por mi cuello hasta mis senos.

Comenzó a besarlos y a morderlos con fuerza, me hacia daño, pero con tanta excitación incluso me pareció placentero.
No podía esperar, quería sentirle dentro de mi, se inclinó y me besó, jugó con mi lengua, mientras sus manos me acariciaban con ansía.
Desnude su torso, lo besé y lo lamí, disfrutando cada centímetro que mi lengua recorría.

Podía sentir su pene erecto clavándose sobre mi pubis, deseoso por conquistarlo.
Se despojó de sus pantalones y su ropa interior, dejando al aire su sexo, y con mucha delicadeza, me penetró, lentamente, mientras sus manos me cogían con firmeza por la cintura.

Es lo que había estado deseando, sentirle dentro de mi, rodeé su cintura con mis piernas, mientras el, se deslizaba con un ritmo constante de fuera hacia dentro y de dentro hacia fuera.
Mis piernas temblaban de placer y yo gemía en su oído, mientras besaba sus hombros y me contenía por no llegar al orgasmo en ese mismo momento.

Agarró con fuerza mis muslos y comenzó a penetrarme con fuerza, en cada impulso yo gemía más y más, el placer que me producía era increíble, nunca antes había sentido algo igual, no pude más y llegué al orgasmo, pero mientras mi cuerpo temblaba debido a este, el seguía impulsándose dentro de mi, y pocos segundos después, cuando el también obtuvo el suyo, una sensación intensa, me recorrió la espalda, comencé a gemir de nuevo, estaba teniendo un segundo orgasmo.

Daniel se recostó sobre mi exhausto, y mis piernas se desplomaron sobre la mesa camilla, no tenía fuerzas, había sido algo inexplicable, nunca antes había tenido dos orgasmos seguidos, y mi cuerpo estaba agotado.
Ambos nos incorporamos, y nos vestimos, recogí y mis cosas y antes de marcharme Daniel me dio su teléfono, me dijo que una experiencia así, valía la pena repetirla.

Yo me fui sin quitar la mirada de aquel número, será conveniente llamarlo alguna vez?
Tiré el papel en la primera papelera que vi y con una sonrisa en mi rostro pensé: Experiencias así no merecen estropearse con una segunda vez, tienen más valor si las conservas intactas en tu memoria.

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