La telebasura española llega a las páginas de «The Times»

La ruptura de un presunto «código de silencio» en torno a Su Majestad el Rey ha permitido, según «The Times», la publicación de una serie de revelaciones sobre la vida privada de Don Juan Carlos. En un artículo sin firma, el rotativo británico se hacía eco ayer de los comentarios vertidos a lo largo de los últimos días en los corrillos de Telecinco por Jaime Peñafiel, y, también, de la sorpresa que los chismes del veterano cronista han causado en la opinión pública española, «poco acostumbrada -añade el rotativo- a leer cotilleos sobre el Monarca».
«The Times» reproduce algunas de las más recientes imputaciones lanzadas contra el Rey por Jaime Peñafiel, al que califica de «experto en realeza que una vez estuvo próximo a la Familia Real, antes de perder su favor», pero pasa por alto la actual categoría profesional de un tertuliano que no duda ya en mostrar al público las felicitaciones de Navidad enviadas desde el palacio de la Zarzuela para legitimar su discurso, convertido en serial por entregas.
La fórmula elegida por el periódico londinense para trasladar a sus lectores las palabras de Peñafiel es la invención de un «código de silencio» que supuestamente hubiera servido para amparar a Don Juan Carlos a lo largo de su reinado. Sin embargo, el respeto -no silencio- tributado al Rey ha sido el mismo que los profesionales de la información han dedicado, hasta no hace mucho, a cualquier personalidad de la vida pública española. Era cuestión de tiempo que la progresiva degradación impulsada por la clase periodística que acampa en los platós de televisión alcanzase a Don Juan Carlos.
Belén Esteban, modelo
Como tantos otros actores de corrillo y exclusiva, Jaime Peñafiel ha asimilado el lenguaje y las formas de quienes, desde la irrupción de la telerrealidad, se instalaron en la pantalla para traficar de forma voluntaria con su vida privada y comercializar sus miserias, fabuladas para mantener el interés de un público viciado y adicto. Incapaces de competir con personajes de la talla autobiográfica de Belén Esteban -el pasado viernes, suma y sigue, anunció en directo su próxima boda-, Jaime Peñafiel y compañía se han perpetuado en el medio a través de la fabricación en serie de relatos prestados, protagonizados por personalidades ajenas a un medio en el que sobreviven imitando los modos de quienes no necesitan ya intermediarios para hacer públicas sus vergüenzas.
Peñafiel, que empezó a construir el papel que actualmente representa en los platós a partir de sus críticas sistemáticas a la Princesa de Asturias, ha ido ampliando el escenario de sus funciones de barraca para dar cabida al resto de miembros de la Familia Real. La necesidad de mantener en antena su folletín lo ha llevado, como a cualquier arrabalera de «Tómbola», a seguir adelante con sus invectivas, hasta llegar, después de recalar en la Duquesa de Lugo y Jaime de Marichalar, cuestión de tiempo, al Rey.
El columnista de «El mundo», cuestionado incluso desde su propio periódico, distrae con sus cosas a una decreciente minoría de espectadores que, después del capítulo diario de «Yo soy Bea», se entretiene con sus confidencias de folclórica destronada. «The Times», a toda página, ha puesto freno provisional a una carrera descendente, aunque sea con un titular equivocado -«pacto de silencio»- y sin reparar en lo lejos y lo alto que, con Jaime Peñafiel, ha llegado la telebasura en España.
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