Pesos pesados del PSOE, molestos con Zapatero por anunciar sus posibles socios

El presidente del Gobierno, con la inestimable ayuda de José Blanco, ha logrado hacer de su partido y hasta donde se ve un auténtico remanso si no fuera porque el PSC, de vez en cuando, lanza alguna que otra advertencia sin que nunca la sangre llegue al río. Ha sido en este remanso, en el que el asunto ETA se daba por cerrado, en donde ha surgido la sorpresa y un cierto descoloque cuando Zapatero ha admitido que después de la T-4 habían continuado los contactos con ETA a petición de instancias internacionales.
«¿A qué viene esto?», se pregunta un diputado socialista, temeroso de que el asunto «nos enrede en un debate que no nos interesa». Los sorprendidos no han sido sólo los diputados, sino incluso muy destacados miembros del Gobierno que se enteraron al mismo tiempo que los demás ciudadanos. Al parecer, sólo Blanco estaba al tanto del deseo del presidente de pronunciarse en esos términos. Quienes conocen al jefe del Ejecutivo creen que «habrá considerado que era el momento de decirlo» y todos admiten haber sido muy ajenos «a toda esta historia. Desde el principio lo llevo él y él gestiona lo que sabe en los tiempos que considera oportunos».
De esos contactos que se estaban produciendo fue Pérez Rubalcaba el único que tuvo conocimiento. Repasando la hemeroteca se comprueba que sólo una vez el titular de Interior dijo que el proceso estaba roto, y ello en respuesta a Astarloa. Cuando lo dijo era cierto. Las «instancias internacionales» entraron en danza a las dos semanas del atentado, justo cuando entre las fuerzas nacionalistas vascas se instaló la convicción de que los contactos proseguían.
Ahora, los socialistas sostienen, sin abandonar la sorpresa, que «eso pertenece al pasado. Lo importante es la certeza de la determinación del Gobierno de perseguir a ETA sin descanso». Como es natural, las declaraciones en cuestión levantaron la alarma entre los estrategas socialistas. Temieron que tuvieran «un importante recorrido» y que, sobre todo, fueran utilizadas por el PP. Sin él buscarlo, Manuel Pizarro quitó sitio a la confesión y el PSOE vio el cielo abierto. El PP salió a la palestra pero de inmediato se cerró la carpeta. «No vamos a entrar más en el asunto. Los ciudadanos saben que Zapatero ha mentido y ahora se trata de contrastar estrategias y es obvio que nosotros queremos acuerdos en grandes asuntos con el PSOE, y el PSOE, para empezar, en su programa reniega del Pacto antiterrorista firmado con nosotros. Que los ciudadanos evalúen», afirman en Génova.
Remanso de paz
Con sorpresas incluidas, el PSOE es un remanso de paz. No es que falte gente con ganas de hablar pero, con buen criterio, no lo hacen y así, una vez estratégicamente apartados los más tendentes a incordiar, José Blanco ha elaborado las listas de un plumazo. Los hay descontentos y algunos defraudados pero quienes podían poner por delante su poderío, como Fernández de la Vega e incluso Pérez Rubalcaba, han ido adonde se les ha dicho y encima sonriendo. Sólo la extrema necesidad de no verse arrumbados por el PP explica que Rubalcaba vaya nada menos que por Cádiz y la vicepresidenta por Valencia con el difícil objetivo de poner fin al desierto socialista frente a un PP incontestable.
Para distribuir candidatos basta coger el mapa y la lista de disponibles, pero para lanzar estrategias hace falta unos controles a veces imposibles y de ahí que algunos estrategas socialistas sostengan que el presidente se ha precipitado al citar a PNV y CiU como sus «favoritos» para el futuro próximo. «No había -sostienen- ninguna necesidad de pronunciarse. Cuando alguien pregunta sobre pactos la respuesta obligada es decir que se aspira a necesitar los menos posibles para poder hablar con todos». No están muy seguros que esta decantación «movilice a nuestro electorado. Para que nos voten los mismos, el acento debe estar en otras cuestiones y no en salvar la situación con los nacionalistas».
Las encuestas se suceden en Ferraz. Todas apuntan a que el PSOE mejora posiciones «en la periferia como Baleares, Valencia y Cataluña». «Lo razonable es que ganemos». «Que no, las vamos a ganar nosotros», insisten en Génova.
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