Dimitri Medvedev. La sorpresa de Putin

De su sombrero, el prestidigitador Putin ha sacado no a Serguei Ivanov, como pronosticaban tantos medios informativos, sino a Dimitri Medvedev, entronizado como su candidato a la presidencia de Rusia en las elecciones de marzo de 2008. Al igual que ocurría con los vaticinios de los sovietólogos de antaño en la época soviética, los “kremlinólogos” actuales continúan por la misma senda de pronósticos frustrados.
Dimitri Medvedev, “Dima”, como le conocen sus amigos, es un jurista de 42 años, diplomado en la Universidad de Leningrado en 1989, justo en el momento en que Vladimir Putin retornaba de su misión en la hoy extinta República Democrática Alemana, para integrarse en el círculo del alcalde de Leningrado, Sobchak. Éste soñaba con hacer de su ciudad y de su puerto la plataforma de las relaciones económicas con el Oeste europeo y especialmente con Alemania.

Enseñando como ayudante en la universidad, el joven Medvedev servía como consejero a la firma “Ilim Pulp”, la cal exportaba desde 1993 maderas para la construcción a los países occidentales. Putin encargado de las relaciones exteriores de Leningrado, ya rebautizada San Petersburgo formaba su gabinete. Reparó muy pronto en las cualidades no sólo jurídicas de Medvedev, sino también en sus condiciones de analista político comerciales en un momento donde Rusia necesitaba de cuadros nuevos, desembarazados de la envoltura comunista.

“Dima” se convirtió en la sombra de Putin, no habiendo cesado de ser su “sherpa” desde entonces. Eran los tiempos de Yeltsin donde la economía rusa estaba inmersa en la corrupción. Las mafias servían a la vez a aquellos “apparatchik” del partido comunista que buscaban transferir sus caudales secretos al extranjero, y a aquellos que buscando a gran velocidad el hacer fortunas aceleradamente, vendían todo, no importa lo que fuese, arte, tecnología, secretos, en el mercado negro, no sólo en Occidente sino especialmente a los vecinos geográficos de Rusia.

Encargado de las relaciones exteriores de San Petersburgo, Putin navegaba en los límites del derecho. Medvedev aconsejaba con sagacidad a la “Ilim Pulp” en sus exportaciones. ¿Por qué no ir más lejos? En algunos meses la venta de múltiples materias primas en Europa del Oeste tomaba forma más organizada. San Petersburgo se convirtió en un centro de negocios: petróleo, maderas para la construcción, metales raros, etc., a cambio de productos alimenticios. Medvedev supo como facilitar esas operaciones confiriéndolas cobertura legal, a pesar de la ilegalidad de algunas de ellas.

Varios consejeros municipales estaban al corriente, y entre 1993 y 1996, Olga Kurnosova, entre otros, acusó a Putin -con evidente afán de perjudicarle- de haber llegado a ciertos acuerdos en negocios en los que se ventilaban muchos millones de dólares, con la mafia de Tambov, la cual hoy todavía es influyente en la Rusia del noroeste, como otras mafias actúan en el centro y en el Cáucaso.

Medvedev “protegido” de Putin y conocido por su discreción y admiración hacia su mentor, aseguró a aquel una protección jurídica contra las campañas de las malas lenguas. Por una parte gracias a sus competencias jurídicas, por otra su conocimiento de los hechos que en esa época se desarrollaban en San Petersburgo.

Entre 1990 y 1995 Putin aprovechó para restablecer vía Hamburgo los contactos con antiguos agentes alemanes del ex KGB, como Mathías Warnig, el hombre encargado de fichar al personal de los dos grandes bancos alemanes: el Deutsche Bank y el Dresdner Bank.

Pero también hace falta hablar de otro compañero de Putin en los tiempos de su labor en San Petersburgo. Hace dos meses nombró primer ministro a Víctor Zubkov, de 67 años. Zubkov pertenecía al mismo departamento y siguió junto a Medvedev la ascensión fulgurante de Putin, aparentemente incoloro oficial del KGB, primer adjunto del alcalde de San Petersburgo y de 1994 a 1996, encargado de los asuntos administrativos de la alcaldía de Moscú.

En julio de 1998, Putin regresa a los servicios de información, a los “órganos especiales”, siendo nombrado director del FSB (en la división del KGB, encargado de la seguridad interior, el SVR de la información exterior). Algunos meses más tarde presidiría el Consejo de Seguridad, y en agosto de 1999 es nombrado primer ministro. Y por fin la apoteosis, presidente de Rusia en marzo de 2000.

En paralelo Mevdeved adquiere nuevos galones, y de que importancia, nombrado presidente ejecutivo de Gazprom, la gigantesca petrolera, verdadero Estado dentro del Estado. Medvedv estando al frente de Gazprom, se rodeó de diecisiete directivos procedentes del KGB, que con altos cargos del GRU (servicios de información militares).

Pero Gazprom fue también la empresa piloto para establecer en Rusia las actuales siete u ocho megaestructuras que han hecho de la Rusia actual una máquina industrial de primer orden entre las grandes potencias. Así es para el armamento, Rosteknología, para el tema nuclear, la Rosatom, etc.

Más no todo es felicidad, pues la lucha entre clanes aunque amortiguada hacia su proyección exterior existe, como en casi toda obra humana. Así otro hombre procedente del KGB y amigo de Putin, V. Cherkessov se planteaba recientemente el que la Corporación que salvó a Rusia de la ruina, puede estar amenazada.

Pero ¿qué es la Corporación? En realidad la “red Félix” que en el período 1992- 1998, lanzó severas advertencias contra los ”traidores” que saqueaban las riquezas de Rusia y las vendían al extranjero.

Los clanes son visibles: a) los de San Petersburgo, b) los “siloviki”, antiguos de los servicios de seguridad, c) los Oligarcas. Cada clan dispone de sus protegidos en los ministerios. El aparato de los “órganos especiales” sustituyó al aparato del partido comunista, gigantesca máquina que estalló en 1989.

El aparato del KGB dominó la situación y restableció el orden y la disciplina en la Rusia post soviética. Pero también se han desatado luchas intestinas entre los antiguos del KGB de una rara violencia. Un ejemplo: los fieles del director del poderoso FSB, el general Nicolás Patrushev , se oponen al crecimiento de influencia del general Cherkessov, uno de los patrones de la Agencia Federal anti- narcóticos. A estas rivalidades se unen aquellas de los cuadros llamados por su misión a controlar a los Oligarcas, aproximadamente la sesentena de hombres que dominan las megaestructuras de la economía rusa.

Medvedev conoce perfectamente los clanes, las fuerzas y las debilidades, y como “sombra” de Putin, los arcanos del poder.
Ángel Maestro

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