Me han llamado vago y facha

La gloria dura a veces media hora. Paulino Cubero volvía de la compra cuando sonó el teléfono de casa. “Era un tío del COE (Comité Olímpico Español) que me decía que mi himno había ganado. Que me diera prisa, que un coche iba a ir urgentemente para llevarme a una rueda de prensa. No tengo mucho fondo de armario; no sé, lo de todos los días y lo de las bodas. Elegí lo de las bodas. Cuando llegué, me presentaron a varias personalidades, muchas sonrisas. Luego alguien me dijo: ‘Ahora verás a muchos periodistas. Prepárate porque te van a freír’. La primera pregunta que me hicieron fue: ‘Paulino, ¿no cree que la segunda estrofa es cursi?”.

Aquello ocurrió el viernes 11. Hoy, el bueno de Paulino, con la ropa de todos los días -camiseta de algodón, camisa de leñador, botas de senderista- se toma un resignado zumo de naranja en la cafetería del polideportivo municipal que está al lado de su casa, en un barrio nuevo de Alcobendas (Madrid).

Hace días que el COE decidió retirar su letra por el rechazo que genera. Ya no lo cantará Plácido Domingo. Ya no habrá gala. Esta vez nadie del COE le llamó urgentemente. Se enteró por televisión. Como el destino tiene mala leche, además era el día de su 53 cumpleaños.

Paulino está escamado. Receloso. Desde esa mañana del telefonazo no hay día en que un tertuliano no le atice a costa de la dichosa letra. Él se defiende arguyendo que su única culpa ha sido presentarse y ganar ante 7.000 participantes.

Asegura que lo escribió en una hora, que consultó la música en Internet, que se inspiró en las victorias de la selección española de baloncesto y sus triunfos en el Campeonato Mundial de Tokio.

Le han llamado rancio por comenzar con Viva España. Y replica: “¿Qué quieren que ponga? ¡Si es un himno para la selección!”. Le han tildado de seguidor de Heidi por lo de los verdes valles y de “facha” por poner patria. “Eso de facha me hace gracia porque yo… bueno, mejor me callo, que me van a zurrar desde el otro lado”, dice (o no dice).

Se rebulle en el asiento, se echa para atrás, se bambolea. Está nervioso. No para de hablar. Se sabe en el ojo de un huracán que él no ha creado, pero que le zarandea sobre todo a él. “Hasta me han llamado vago por estar en el paro. En una tertulia, en la de… Bueno, mejor no lo pongas, no me vayan a dar…”.

Nació en Granátula de Calatrava (Ciudad Real). Estudió electricidad y criminología. Vivió en Guinea unos años. Puso una tienda de productos fotográficos que reconvirtió después en tienda de fotocopias. Hace dos años su madre enfermó de alzhéimer y decidió cerrar para cuidarla. “Desde que murió mando el currículum. He mandado 2.000. ¡Y me llaman vago…!”.

Le gusta hacer versos: a su mujer le envía mensajes rimados por el móvil. Constantemente compone poemas domésticos de uso interno. “Ahora estoy haciendo uno donde explico, a base de ripios, lo que me está pasando. Lo estoy contando como si fuera un partido de fútbol, con sus dos equipos, con el árbitro… Y yo, pues bueno, yo soy… el balón. Aunque esto no lo pongas. Bueno, sí. Ponlo”.

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