Putin exhibe su poder junto al Cantábrico

Algo así no se contemplaba en aguas del Atlántico desde los tiempos de la Unión Soviética. Rusia ha sacado sus juguetes de guerra para enseñar los dientes a la OTAN como no lo había hecho desde hace década y media. Desde Bruselas, sin embargo, se asegura que todo estaba pactado y que las maniobras rusas no «violan ninguna ley internacional». En los ejercicios participan diez navíos y más de medio centenar de aviones y helicópteros.
El presidente Vladímir Putin ha dicho que su país muestra así «su disposición a defenderse de cualquier amenaza» y su propósito de modernizar las Fuerzas Armadas y hacerlas más eficaces. El impresionante dispositivo naval que Rusia ha emplazado a tiro de piedra de Galicia y la Bretaña francesa llegó a la zona el domingo desde tres puertos diferentes, el de Murmansk, en el mar de Barents, Kaliningrado, en el Báltico, y Sebastopol, en el mar Negro. En cuanto a los aviones, muchos volaron directamente desde la base de Engels, en la región rusa de Sarátov.
La capacidad de combate
Según ha explicado Ígor Digalo, portavoz de la Armada rusa, el objetivo de las maniobras consiste en «comprobar la capacidad de combate de la flota, elevar el nivel profesional de los marinos, mejorar la coordinación con la aviación y experimentar la eficacia de los misiles, artillería y sistema electrónico de los navíos». La escuadra rusa en el Golfo de Vizcaya está constituida por el portaaviones «Almirante Kuznetsov», en donde se encuentra el centro de mando de todo el operativo y cuya cubierta es base para una veintena de cazabombarderos Su-33 y Su-25, además de una decena de helicópteros antisubmarinos Ka-27, utilizados también en tareas de salvamento.
El «Almirante Kuznetsov» es uno de los pocos portaaviones capaces de disparar misiles, aunque la nave empleada más frecuentemente para tales menesteres es el crucero «Moscú», buque insignia de la flota del Mar Negro. El «Moscú», de acuerdo con las informaciones facilitadas por Digalo, ha sido dotado de un sistema de cohetes antinavío denominado P-500 «Basalto», utilizado por primera vez con éxito el martes durante las maniobras.
La formación está compuesta además por las fragatas antisubmarinos «Almirante Levchenko» y «Almirante Chabanenko», los buques de asalto «Imán» y «SB-36» y los barcos de apoyo «Lena», «Sergúei Ósipov», «Nikolái Chíker» e «Iván Bubnov». Sobre el cielo del Cantábrico vuelan además los bombarderos estratégicos Tu-160, Tu-95MS y Tu-22M3, aparatos de ataque antisubmarino Tu-142, aviones cisterna IL-78 y un avión A-50 (de vigilancia por radar tipo Awacs).
El fuego está siendo, no sólo simulado por ordenador, sino también real. La agencia rusa RIA-Nóvosti asegura que el martes hubo áreas del Cantábrico que tuvieron que ser cerradas momentáneamente a la navegación. Ese mismo día, la Royal Air Force británica interceptó dos bombarderos rusos Tu-160, que volaban hacia el «teatro de operaciones» en el Golfo de Vizcaya para unirse a los ejercicios tácticos. Los aviones rusos fueron escoltados durante unos minutos por varios F-16 y «Tornado» de la RAF.
Situaciones similares se han repetido varias veces desde que, el pasado verano, Rusia decidiera reanudar las patrullas de bombarderos estratégicos a lo largo y ancho del planeta, que fueron suspendidas tras la desintegración de la Unión Soviética. Moscú acaba de reemprender también el patrullaje del Mediterráneo y el Atlántico con barcos y submarinos de su Armada.
En el fondo del Cantábrico, precisamente, yace el submarino K-8, que se hundió en 1970 con sus 52 tripulantes al regresar de unas maniobras parecidas a las que están teniendo lugar ahora. Lo curioso es que tal tipo de adiestramiento, cuyo objetivo es ejercitarse en interceptar la flota enemiga en alta mar antes de que logre llegar a tierra, fue concebido en el marco de un plan de invasión de toda Europa por parte del Ejército Rojo.
El Golfo de Vizcaya, en tal caso, sería el escenario en donde la Armada soviética intentaría detener a la de EE.UU., presumiblemente enviada en ayuda de sus aliados. Pero, según la OTAN, lo de ahora no tiene nada que ver con el pasado. El portavoz de la Alianza, James Appathurai, declaró ayer en Bruselas que «los ejercicios no son consecuencia de un empeoramiento en las relaciones entre Rusia y Occidente». Pero admitió que «desde hace tiempo» no se veía un despliegue naval ruso de tal magnitud.

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