Crisis financiera. Échale la culpa a Bush


Como de costumbre, Zapatero, tras tardar varios meses en aceptar la realidad, ha encontrado un nuevo chivo expiatorio para no asumir su responsabilidad. El pasado día 19 de enero, tras la cumbre hispano-lusa, volvió a falsear la realidad: “Lo que sí puedo asegurar es que las recetas que se demuestra que fracasan son las de los neoconservadores; no nos olvidemos que esta crisis viene por una gestión en torno al sector inmobiliario en un país que se llama Estados Unidos que responde en su política a un modelo económico que siempre alaban, entre otros, señores como Pizarro”. Tras él, poco le falto al nuevo cachorro mediático de ZP para recoger el testigo: “Bush hunde las bolsas”, titulaba el diario del clan visitador. Y toda izquierda, ansiosa por encontrar un neocon –o en su defecto, un americano tras cada esquina–, se empeña desde entonces en echarle la culpa a Bush. Veamos.
Sólo unos meses después de comenzar su primera legislatura, el Gobierno de Bush tuvo que hacer frente, entre otros, al cierre de bolsas de valores, tiendas y centros comerciales; a la cancelación de cientos de vuelos comerciales, y al despido de casi un millón de empleados a consecuencia de la reacción a los ataques terroristas del 11 de septiembre. Los efectos combinados de una recesión y de una situación de emergencia nacional podrían haber sido devastadores para Estados Unidos. Y sin embargo, la gestión económica del presidente Bush, y en concreto, la intensa rebaja de impuestos, no sólo apartó a la economía de la recesión, sino que sentó las bases del fuerte crecimiento que ha experimentado desde entonces, y que le ha permitido mantener una media de crecimiento real del PIB del 3%, una de las más elevadas del mundo desarrollado. La economía norteamericana ha creado más de 7,2 millones de empleos desde 2003, la tasa de desempleo se situó el pasado mes de diciembre en el 4,5%, los salarios reales crecieron un 1,7% en 2006, y la renta disponible de los americanos ha aumentado un 9,6%.

Las doctrinas económicas liberales del Gobierno de Bush, no sólo no han sido las causantes del problema de las hipotecas basura, sino que han conseguido que los americanos se encuentren hoy en una situación mucho mejor para superarla. Primero, aprobando un paquete de medidas para ayudar a los americanos que, a raíz de la subida de los tipos de interés, estuvieran en riesgo de ver ejecutadas sus hipotecas. Y segundo, aprobando el pasado viernes una segunda gran rebaja de impuestos por valor de unos 150.000 millones de dólares, que libera recursos para las familias, y mejora la situación de las empresas. Medidas, por cierto, que se unen a las presentadas ahora por Nicolas Sarkozy para afrontar las amenazas y las debilidades de sus respectivas economías.

En España, uno de los mayores legados del modelo económico Aznar-Rato era que, tanto con ciclos expansivos como contractivos del crecimiento mundial, España creciera por encima de la media. Esto ha sido dilapidado en tan sólo cuatro años de inmovilismo, de abandono de la contención del gasto público, y de negación de la realidad. España creció ya en el tercer trimestre de 2007 menos que la UE-25. En tan solo 4 meses el diferencial de inflación de España con la zona euro se ha disparado desde el 0,5% hasta el 1,2%. La productividad española crece la mitad de lo que lo hizo la media de la UE. Y el número de parados en 2007 ha aumentado en más de 100.000 parados. Quiera o no aceptarlo Zapatero, la economía española se encuentra ante una intensa desaceleración provocada a nivel nacional por la caída de la actividad del sector inmobiliario. Por estar muy expuesta al sector de la construcción, la crisis va a afectar más a España que a la mayoría de las economías de nuestro entorno. Y Zapatero es y será el responsable.

En sólo cuatro años de legislatura, la indolencia vaga y cobarde del Partido Socialista ha devuelto nuestra economía a unos niveles de incertidumbre que pensábamos que nunca más volveríamos a ver. Esa incertidumbre, única en Europa, es fruto del intervencionismo, del inmovilismo, del despilfarro y de la irresponsabilidad de Zapatero y su Gobierno. A diferencia de los demás, las recetas de Zapatero son las del avestruz: callarse, esconder la cabeza bajo tierra y echarle la culpa a Bush. Vaya novedad: culpar al neocon queda bien en el telediario, pero el responsable de haber llegado hasta aquí no está en la Casa Blanca, sino en La Moncloa. Y por el bien de nuestros bolsillos esperemos que por poco tiempo.

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