Simula una brutal violación, para llamar más la atención de su pareja

Una universitaria de 23 años, residente en Madrid, Denunció ante la policía que a la salida de la Universidad Politécnica de su ciudad, tres desconocidos la introdujeron por la fuerza en una furgoneta, la trasladaron hasta un descampado en la carretera de Valencia y tras amordazarla de pies y manos, la sometieron a todo tipo de vejaciones sexuales, al cual más salvaje, una vez que acabaron con su barbarie la liberaron.
La joven facilitó a los agentes una amplia gama de detalles físicos de uno de sus agresores, el único al que, según afirma, pudo ver con claridad antes de que le pusieran una capucha en la cabeza y la ataran de pies y manos. La policía ante tales declaraciones le mostraron diferentes fichas policiales de agresores sexuales, de los cuales la víctima señaló a uno, pero dejando claro que no estaba segura del todo.

Como es natural durante la investigación, trataron de llevar a la joven al hospital para hacerle un examen médico y le pidieron sus ropas por si hallaban algún resto biológico de sus agresores. La joven se negó alegando que después del suceso, volvió a casa a ducharse y a lavar la ropa, cosa que jamás debe hacerse tras una violación.
Su relato apuntaba a la posible existencia de un peligroso grupo de delincuentes, dedicados a raptar mujeres para violarlas.

Tras la declaración los agentes encargados del caso, le preguntaron por que tardo varios días en poner la denuncia. Ella les aclaró que el día de los hechos prefirió no decir nada a sus familiares, para evitar preocupaciones, pero debido a la angustia producida por el suceso, al día siguiente acudió al hospital de Madrid con una crisis de ansiedad. Y que fue allí donde reconoció ante su familia y posteriormente a su novio lo que había ocurrido un día antes.

Conforme avanzaba la investigación los agentes coincidían en que había datos que no cuadraban, en las dos declaraciones que prestó la joven, en los sucesivos días, no concordaban la hora y el lugar de los hechos donde estos se habían producido.
Además las versiones que dio a su familia y a su novio eran completamente distintas. Hasta que se derrumbó y confesó que todo era mentira, la misma familia la convenció de que volviera a comisaria y contará la verdad, pues alguien podría salir perjudicado con esta falsa denuncia.

“Todo es falso”, admitió la chica a la policía. “¿Y por qué lo has hecho?”, le preguntaron los agentes. “Yo no quería denunciar nada, lo hice forzada por mi familia, pues decían que lo que me había ocurrido era muy grave. Yo en realidad les conté lo de la violación para llamar de alguna forma la atención de mi novio, que está casado; y quiero que esté más pendiente de mí… Le necesito más de lo que pueda necesitarle a él su esposa”, comentó la chica ante el estupor de los agentes.

La Fiscalía de Madrid le ha abierto diligencias por denuncia falsa. Y es que la joven, cuando denunció los falsos hechos, puso en marcha toda la maquinaria policial y se inventó un grave delito por una cuestión estrictamente personal. E incluso pudo provocar la detención del chico al que identificó en el álbum fotográfico policial. En realidad, lo que había hecho es aportar las características físicas de un joven al que suele ver pasear por la zona de la facultad.

La joven no calculó bien la magnitud de sus actos ni pensó por un momento que todo se volvería en su contra y que ahora es ella la que debe responder ante los tribunales por una falsa denuncia. Los hechos ocurrieron en diciembre del año pasado. Los agentes aún no dan crédito de la actuación de esta joven y de como no le importó el haber podido meter en prisión a una persona inocente por sus delirios amorosos.

Y es que cada vez son más y más las locuras cometidas por amor, no podemos olvidar el escalofriante caso ocurrido en Bruselas hace prácticamente un año.

Cuando un grupo de cuatro amigos se dispusieron a practicar paracaidismo sobre la campiña flamenca.
Una experimentada paracaidista de 37 años, casada y con dos hijos, se tiraba desde una altura de 4.000 metros Marcel, el joven holandés que desde hace años era su amante, su amiga Els Clottemans, de 22 años, y un cuarto colega..

Durante la caída los dos paracaídas de Els Van Doren no se abrieron y la mujer se precipitó contra el suelo a una velocidad de 200km/h, falleciendo en el acto.
Investigaciones posteriores apuntaron a que su amiga Els Clottemans había cortado los paracaídas, como venganza por la relación que mantenía la víctima con Marcel el cual se veía también con ella.

Aunque a ambos casos los separa una diferencia abismal, hay una característica que los une, ambas jóvenes cometieron sus delitos por amor.
O eso es lo que ellas creen, la realidad es muy diferente.
Según muchos psicólogos los motivos que mueven a estas personas a cometer actos tan incoherentes no es la necesidad de sentirse queridos, como alega la joven universitaria.

Sino la sensación de inseguridad, celos y obsesión posesiva que crea la idea de estar compartiendo a la persona a la que se ama.
Esta actitud es propia de personas con trastornos psicológicos posiblemente graves, actuaciones típicas en psicopatías de distinto grado.
La excusa “por amor” pierde sentido y fuerza si tenemos en cuenta que los afectados por los hechos son completamente ajenos al problema principal.

Es un tema difícil de tratar pero en este tipo de situación crea fuerza la frase “Nunca llegas a conocer del todo a las personas que te rodean”.

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