Afganistán. El daño que causa Zapatero

Las tropas españolas no se retirarán de Afganistán, según se afirma en el borrador del programa electoral del PSOE. De un documento de 196 hojas, ni más ni menos que página y media se dedica a la política de Defensa y a las Fuerzas Armadas. No cabe mayor desprecio hacia lo militar que el preparado por el equipo de ZP. Si en su programa electoral de 2004 la prioridad era la política europea de defensa, sin renunciar a una “relación trasatlántica robusta” y al firme compromiso con la OTAN, en 2008 el protagonismo se lo lleva casi por entero Naciones Unidas. Contribuir al “máximo protagonismo de la ONU en el escenario internacional y, especialmente, en la decisión, diseño, conducción y seguimiento de las operaciones de paz” es la prioridad de los socialistas, seguida de cerca por el reforzamiento de la UME (Unidad Militar de Emergencia), mientras se relega a un segundo plano a Europa y apenas se menciona a la OTAN.
De los buenos, buenismosy buenisimospropósitos del PSOE nos quedamos con el mantenimiento del compromiso militar con Afganistán, aunque si por Rodríguez Zapatero fuera, nuestras tropas se vendrían mañana mismo. ¿Pero para qué y en qué condiciones se quedan y se quedarán nuestras tropas?

El Gobierno socialista insiste en que nuestra presencia en Afganistán es de la mano de la ONU, escondiendo que estamos bajo el mando operativo de la OTAN, la que según Zapatero no legitima, pero que a su pesar funciona bastante mejor que su adorada ONU. Zapatero insiste también en que se trata de una operación de mantenimiento de la paz, “de lucha contra el hambre, la pobreza y el analfabetismo, y por la emancipación de la mujer”. Pero para eso están las ONGs y, desde marzo de 2002, la Misión de Asistencia de la ONU en Afganistán (UNAMA). Aunque Zapatero no lo sepa, decenas de trabajadores humanitarios han muerto el año pasado en estas tierras por la carencia de seguridad que reina en el país afgano.

¿Y las tropas? Las fuerzas militares, si están desplegadas y estructuradas de forma adecuada, pueden ofrecer protección, comunicaciones, capacidades de coordinación y control, apoyo logístico y evacuación sanitaria a multitud de organizaciones. Pero si es por el PSOE, nuestras tropas continuarán en Afganistán limitando al máximo las salidas de las bases de sus contingentes, para evitar a Zapatero las impopulares víctimas. Las numerosas restricciones –escritas y no escritas– a nuestros militares, sobre el cuándo y el cómo emplear las propias fuerzas, y las reticencias para proporcionar las capacidades adicionales necesarias para reforzar la expansión de la operación, están dando al traste con ella.

La escasa libertad de actuación está desgastando a los propios militares, que no pueden arriesgar sus vidas para intervenir en una situación por muy amenazadora que sea o por muchas víctimas, afganas o extranjeras, que pueda costar. Con impotencia se ven obligados a dejar que fracase su misión, de la que depende la vida de muchos civiles, en Afganistán y fuera de él, incluidos quienes sí deben llevar a cabo y de hecho llevan, misiones humanitarias. Zapatero esto ni se lo imagina, obsesionado con la paz, con evitar el uso de la fuerza y con evitar que nuestros soldados usen la fuerza y cumplan con su misión. Está pervirtiendo el significado de nuestra presencia allí, y eso está teniendo un coste. Conviene preguntarse cuántas víctimas inocentes está causando esta política, y cuál es el daño que Zapatero está causando a la lucha contra el hambre, la pobreza y los derechos básicos de hombres y mujeres.

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