Hecho real: Acoso sexual en el trabajo

Es la primera vez desde que ocurrió todo, hace ya un par de años, que me decido a hablar de ello públicamente. Me ha costado mucho hacerlo ya que aún estoy angustiada por los hechos que e vivido.
Soy una mujer joven y en cierta manera atractiva, que debido a mi falta de estudios, entré a trabajar antes de los 16 años, no e podido aspirar a trabajos decentemente remunerados. Siempre e trabajo cuidando personas mayores, o en tiendas de ropa, donde el ambiente siempre a sido agradable.
Hubo una temporada en la que por más que buscaba no encontraba un trabajo, decidí buscar en el sector de limpieza ya que algunas de mis amigas habían trabajado en ello y siempre solía hacer falta alguien. Para mi suerte, o más bien desgracia, a las dos semanas de andar buscando y preguntando, conseguí un puesto de limpiadora de escaleras en una comunidad de vecinos cerca de casa.
El trabajo no estaba mal pagado y aunque es algo cansado se me hacia liviano. El sueldo tampoco estaba mal y debía ir dos veces por semana, tenía tiempo de sobra para seguir buscando otros sitios donde trabajar y ocupar el tiempo restante de la semana.
Durante el primer mes, no tuve problema ninguno, todos los vecinos eran realmente amables y la higiene general del edificio era impecable.

Hacia mucho que no me sentía tan agusto en un empleo que a pesar del esfuerzo que supone, me reportaba muchas gratificaciones por el trato que tenían conmigo.
En especial el presidente de la comunidad, un hombre respetado por todos, unos diez años mayor que yo. Siempre bien vestido, era un hombre de negocios.

Siempre se preocupaba de que no me faltara nada para desempeñar mi trabajo y no escatimaba comprando buenos productos de limpieza que me hacían el trabajo más fácil. Incluso me ofreció trabajar en su casa limpiando por las mañanas ya que el y su mujer pasaban poco tiempo en casa y esta empezaba a parecer descuidada.

Creí que mi suerte empezaba a cambiar para bien así que acepté gustosa y emocionada su oferta. Unos días después me hizo un contrato y me entregó una copia de las llaves de su casa para que pudiera entrar a limpiar por las mañanas tal y como habíamos acordado.
La primera vez que entre en su casa me quedé maravillada. Estaba exquisitamente decorada, muy a la moda, muebles casi psicodélicos daban un aspecto juvenil a la casa.

Hice mi trabajo esmerándome al cien por cien, quería agradecer de alguna forma a aquel hombre lo que estaba haciendo por mí. Y dio resultado, al día siguiente tanto el como su esposa, me agradecieron y felicitaron por el trabajo echo.
Todo iba a las mil maravillas, cada día me levantaba con más ilusión definitivamente todo iba mejorando.

Hasta que un día mientras limpiaba uno de los baños de la casa, el se presentó a media mañana. Me sorprendió el hecho de que llegará tan pronto, pero por discreción me abstuve de preguntar y seguí a lo mío. Mientras limpiaba la bañera, al girarme para coger uno de los productos de limpieza que tenía en el suelo al lado de mis pies, me di cuenta de que el estaba en la puerta observándome.

Al levantar la vista me inquietó el hecho de que el estaba erecto y su mirada se perdía a lo largo de mis piernas, me incorporé de un salto y el al darse cuenta de que le había pillado se fue hacia su dormitorio sin decir nada. Terminé lo más rápido que pude y me fui a casa.
Durante el resto del día trate de buscar una respuesta lógica y tranquilizadora a lo ocurrido.

Pensé en que a veces no se puede evitar el que un hombre se sienta atraído por una mujer y el cuerpo tiene unas formas muy curiosas de demostrarlo, pero me sentía incomoda por el hecho de que es un hombre casado y yo respetaba muchísimo a su esposa, así que decidí que hablaría con el para dejar algunas cosas claras.

Y así fue, hablé con el y le deje claro que no me gustaban ese tipo de cosas, el me pidió perdón y me explico que nunca le había pasado tal cosa y que no pretendía en ningún momento que nuestra relación fuese más allá de lo profesional. En parte todo esto me tranquilizo bastante y por otro lado el alivio de saber que no tendría que renunciar a mis dos puestos de trabajo.

Durante un tiempo todo volvió a la normalidad, me crucé en la casa un par de veces con el, pero en ningún momento mostró un comportamiento similar al que describí antes, hasta que un día cuando llegué a la casa a eso de las 9 de la mañana, me encontré con el en el salón, se le veía algo nervioso y preocupado le ofrecí hacerle una tila.

Me contesto que si, por favor. Me dirigí a la cocina y cuando me agaché para coger la cajita de las infusiones que estaba en uno de los cajones del mueble de la cocina, sentí que me cogían por la cintura. Asustada me incorporé y me apretaron contra el mueble. Era el, podía sentir su respiración entrecortada en mi nuca, y su sexo erecto sobre mis nalgas, apretándome con fuerza.

Quise zafarme de sus brazos, pero no pude, me sujetaba con fuerza. Me giró y pude ver su mirada de deseo, que a mi se me hacía horrenda.
Me beso con fuerza ahogando mis gritos, cogió mis pechos con fuerza, haciéndome daño, no pude más que ponerme a llorar del miedo que sentía y esperando que mis lágrimas le hicieran entrar en razón.

Rezaba por que su esposa llegará en ese momento, pero eso no ocurrió. Aprovechando que soltó una de mis manos para levantarme la bata conseguí empujarle y salir corriendo hacia la calle. Baje las escaleras como alma que lleva el diablo, gritando y llorando. Los vecinos alarmados salieron a la escalera, reteniéndome en mi huida y tratando de averiguar que estaba ocurriendo.

Yo estaba tan disgustada que no pude decir apenas nada, sólo pedí que alguien me llevara a comisaria. Un chico joven vecino de esa planta se ofreció a ello. Siempre le agradeceré que por el camino no tratara de sonsacarme que había ocurrido.
Llegamos a comisaría y puse la denuncia.

El resto os lo podéis imaginar. Lo que no se si os imagináis es lo que e sufrido y sigo sufriendo durante todo este tiempo. Desconfío más del resto de la gente y no soporto que los hombres me miren, muchas veces sigo viendo su mirada en sueños y me despierto inquieta y temblorosa.

Tuve que mudarme ya que el edificio donde trabajaba y ocurrió todo esta a dos manzanas de casa y no era capaz ni de pasar remotamente cerca por si me cruzaba con el en algún momento. Se que mi caso no es ni será el único en España pero quiero que sepáis que todas aquellas mujeres que habéis pasado por esto, no debéis tener miedo a la hora de denunciar. No somos juguetes y la ley esta para cumplirse.

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