Hecho real. No te puedes fiar de nadie

He leído muchos casos similares al que os voy a contar y siempre me resultaba un poco increíble que la persona implicada no se viera venir lo que estaba sucediendo. Hasta que me ocurrió a mí.
Soy modelo de ropa interior para revistas de lencería, no suelo tener contratos de larga duración, así es este trabajo.
Todo ocurrió hace unos seis meses, desde la agencia me confirmaron un trabajo para una revista de la cual omitiré el nombre, pues ellos no estaban al corriente de lo que realmente ocurría.
Acudí a la cita en el estudio y después de hablar con la redactora me presentaron a la fotógrafa, una chica muy simpática y muy profesional por lo que pude observar.
Me enseñaron el estudio y las prendas con las que me harían las fotos, me tomaron las medidas, aunque siempre vienen en el currículum, y me confirmaron cita para el día siguiente y empezar con la primera de las sesiones.

Al día siguiente llegué y mientras venía la fotógrafa fui cambiándome de ropa, para mi sorpresa no vino ella, sino un chico. Por lo visto la otra fotógrafa había tenido un imprevisto de tipo personal.
Estas cosas pasan así que no me preocupé. El chico parecía alguien muy serio y algo intrigante.

Me coloqué en mi sitio mientras el preparaba los filtros y los focos, se suele pasar mucha calor en estas sesiones, la jornada fue normal como todas a las que había asistido. Después de un par de horas sacando fotos y posturas, terminamos.
La redactora me pidió que volviera al día siguiente quería hacerme algunas pruebas, que suerte pensé.

Y así lo hice, volví de nuevo, al entrar al estudio vi que de nuevo estaba el chico del día anterior, parece que el problema de la otra fotógrafa era más serio de lo que me imaginé, pero no quise preguntar.
El fotógrafo me indico que prendas eran las que debía ponerme y una vez que me las dio, fui al pequeño probador a ponérmelas.

Mientras me colocaba el tanga y mis pechos seguían al aire, la cortinilla se abrió de repente, me quedé sorprendida al ver que había sido el quien la había corrido. Indignada le pregunte que demonios estaba haciendo y como respuesta sólo obtuve una carcajada y un lo siento por su parte.

Pretendía largarme de allí sin más, pero me detuvo y me explico que no se había percatado de que yo estaba en aquel probador, le creí.
Aún algo incomoda, volví al probador a ponerme el sujetador de encaje a juego con el tanga, con el que debía hacerme las primeras fotos de aquel día.

Comenzamos la sesión y me tranquilizó ver que su ayudante estaba allí con nosotros, todo fue muy bien y olvidé el asunto a medida que pasaba el tiempo. Al cabo de un rato decidimos hacer un pequeño descanso, mientras el cambiaba los carretes. Su ayudante se ofreció a traerme un botellín de agua, la verdad es que con el calor de los focos, entra mucha sed.

Una vez que nos quedamos solos, el se dirigió muy serio hacia a mi, me sentí algo intimidada por la forma en la que miraba mi cuerpo. Entonces sin más me dijo que quitara el sujetador, yo respondí con un rápido que? y el repitió que me quitara el sujetador.
Pensé que esto sería una broma, explícitamente deje claro a la empresa que no hacia desnudos más allá de la ropa interior.

Pero no iban por hay los tiros, por tercera vez me pidió que me lo quitara, pero en esta ocasión más que una petición era una orden.
Me asusté, le dije que dejará de decir estupideces, que enseguida llegaría su ayudante. El sonrió y dijo la e mandado a por algo de comer, aún tardará un rato.

No sabía que hacer, si chillar, si llorar, si pegarle una paliza, sólo pude quedarme inmóvil mirándole fijamente a los ojos. Me cogió por los hombros y comenzó a bajar los tirantes de aquel sujetador, yo quería largarme de allí, es increíble la forma en que el miedo te paraliza y te deja sin saber como reaccionar.

Comenzó a acariciar mis pechos de una forma que me producía asco, yo temblaba y balbuceaba pidiendo por favor que me dejara en paz, pero el parecía no escucharme o mejor dicho poco le importaba lo que yo le dijera.
Me empujó hacia atrás y caí sobre el sofá donde un rato antes estaba haciéndome las fotos, se tumbó encima de mí y comenzó a besarme los pechos.

Comencé a llorar pero el seguía sin hacer ni caso, estaba demasiado ocupado abusando de mi, se que suena fuerte, pero la ironía es lo único que me ayuda a afrontar esto mientras lo recuerdo.
Por suerte para mi, antes de que el llegará con su asquerosa lengua hasta mi pubis, apareció la ayudante, a la cual se le cayó toda la comida al suelo, al ver semejante escena.

Me levanté y corriendo fui a vestirme mientras el no sabía que excusar darle. Fui directamente a hablar con la redactora y con la ayuda de la otra chica, le expliqué todo lo que había pasado. La redactora no dudó ni un momento en apoyarme en mi decisión de denunciar a aquel hombre, incluso la ayudante se ofreció a acompañarme a comisaria para poner la denuncia y como testigo de los hechos.

Se que hay mujeres que lo han pasado peor que yo aquel día, que han estado aguantando mucho tiempo acosos y abusos, pero definitivamente la única persona que puede ponerles fin, es una misma.

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