Muertes que salvan vidas

Cerca de 4.000 personas recibieron un órgano el año pasado. España se consolida como líder mundial en trasplantes, pero las familias de los donantes fallecidos critican la «falta de delicadeza» de los sanitarios

Cada vez más familias permiten que sus seres queridos salven una vida al perder la suya, pero reclaman más atención

Ocultos tras la sombra de la muerte, perdieron la vida por múltiples circunstancias, pero sus cuerpos deshabitados dan luz y esperanza a muchos enfermos terminales que esperan impacientes un trasplante de órgano. Anónimos, los donantes de órganos se tornan estrellas, no siempre se ven, pero están ahí, iluminando nuevas vidas. Gracias a la generosidad y solidaridad de las familias de estos donantes -la ley les otorga la última palabra- cerca de 4.000 personas obtuvieron en 2007 un nuevo corazón, hígado, pulmón…
Cerca de 4.000 personas recibieron un órgano el año pasado. España se consolida como líder mundial en trasplantes, pero las familias de los donantes fallecidos critican la «falta de delicadeza» de los sanitarios

Cada vez más familias permiten que sus seres queridos salven una vida al perder la suya, pero reclaman más atención.

Ocultos tras la sombra de la muerte, perdieron la vida por múltiples circunstancias, pero sus cuerpos deshabitados dan luz y esperanza a muchos enfermos terminales que esperan impacientes un trasplante de órgano. Anónimos, los donantes de órganos se tornan estrellas, no siempre se ven, pero están ahí, iluminando nuevas vidas. Gracias a la generosidad y solidaridad de las familias de estos donantes -la ley les otorga la última palabra- cerca de 4.000 personas obtuvieron en 2007 un nuevo corazón, hígado, pulmón…

España vuelve a confirmar su liderazgo mundial en materia de donación y trasplantes. Según los datos de la Organización Nacional de Trasplantes (ONT), nuestro país alcanzó el pasado año un máximo histórico en el número total de donantes, con 1.550, frente a los 1.509 de 2006. El mayor número de donaciones se registra, como en años anteriores, entre las personas mayores. Aumenta también el porcentaje de donantes inmigrantes, que han pasado del 4,6 por ciento en 2004 al 8,7 por ciento en 2007.
Musulmanes y asiáticos son los más reacios, señala el director de la ONT, Rafael Matesanz: «Entre los marroquíes, el rechazo es muy alto y se debe a un falso prejuicio, ya que en su religión nada impide la donación. Por su parte, a los asiáticos les cuesta aceptar el concepto de muerte cerebral».
Aunque la donación «de vivo» se ha incrementado de forma considerable, la mayoría de los trasplantes proceden de cadáveres, mayoritariamente fallecidos de muerte encefálica. En estas situaciones, las familias de los difuntos desempeñan un papel clave, pero éste no siempre resulta fácil. De hecho, el índice de negativas familiares a donar órganos se sitúa en el 15, 2 por ciento. Francisco Galoche y María D. Franco saben lo que significa pasar este trance. Su hijo Daniel, un adolescente «alegre, generoso y muy cariñoso», sufrió un accidente de tráfico hace siete años. «En el hospital nos dijeron que respiraba artificialmente, que le habían reanimado el corazón pero que daba encefalograma plano, que era cuestión de horas que dejara de latir».
La propuesta de ceder sus órganos les dejó fuera de combate: «No asimilábamos su pérdida, y ya nos lo pedían todo de él. Fue muy fuerte digerirlo. Al final, firmamos el papeleo para la extracción. Sus órganos salvaron a cuatro personas».
Son conscientes de que las donaciones son anónimas, pero este matrimonio echó en falta un «trato más cercano, no por agradecimiento, sino por delicadeza, humanidad y respeto a la gran generosidad de darlo todo a pesar de estar desangrándote de dolor». Tras la donación, lamentan, «nos vimos desvinculados de todo, nadie nos preguntó nunca si necesitábamos algo, ayuda psicológica, compañía?»
Como ellos, miles de familias se sienten olvidadas y desatendidas. Fruto de este olvido, la Asociación de Familias de Donantes Anónimos de Granada (Afada) desarrolla desde hace más de diez años un trabajo de apoyo moral y psicológico a las cerca de 3.000 familias asociadas de toda España. «En los trasplantes, el protagonismo lo monopolizan médicos y receptores, pero nadie habla de la labor silenciosa del donante. Detrás de cada uno de ellos hay una familia destrozada cuyo sufrimiento no se ve», explica Ana Isabel Herrero, presidenta de Afada.
Arrepentidos
La falta de tacto de muchos sanitarios a la hora de solicitar los órganos a los familiares de un paciente desahuciado es, a su juicio, indignante: «El trato de los médicos no siempre es el adecuado, tenemos muchas familias de donantes jóvenes en tratamiento psicológico que se han arrepentido de la cesión porque aseguran que han tratado el cuerpo de sus hijos como una mercadería», asegura. «También hay casos de chicos inmigrantes o sin papeles en situaciones de marginación que, tras donar sus órganos, no pueden ser repatriados a sus países de origen por falta de dinero». Por todo ello, desde Afada reivindican «el derecho de atención a las familias de los donantes».
Como revelan los datos de la última Encuesta Nacional sobre Actitud de los Españoles ante la Donación, realizada por la Universidad Autónoma de Madrid para la ONT, el 66 por ciento de la población se muestra dispuesta a donar sus órganos en caso de fallecimiento, aunque sólo el 8 por cien tiene carné de donante. Resulta paradójico que, de las personas que no donarían sus órganos, más de seis de cada diez accedería, por el contrario, a recibir un trasplante en caso de necesidad.

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