Cae el terrorista más buscado

El jefe de seguridad de Hizbulá muere en un atentado en Damasco

Un ministro israelí: «El autor de este asesinato debería ser bendecido»

Siria e Irán culpan a Israel

Vivía en la clandestinidad desde hacía más de veinte años pero alguien lo encontró y organizó el atentado que, el martes, terminó con su vida en el barrio de Kfar Soussa, en Damasco. Misterio y silencio durante horas sobre la identidad del fallecido que, al filo de las once de la noche, conmocionó la conocida zona residencial de la capital siria. Finalmente, ayer, la televisión Al Manar, el órgano de propaganda del jeque Hasan Nasrala y su organización, Hizbulá, desvelaba el misterio haciendo público un comunicado en el que daba a conocer que, uno de los históricos fundadores y líder del grupo chií libanés, «el gran líder de la Yihad y de la resistencia islamista en Líbano, el hermano Imad Mughniyeh» se había «reunido con los mártires». No sólo había muerto uno de los terroristas más buscados en todo el mundo -FBI, Interpol e Israel, lo tenían en lo más alto de sus respectivas listas de los más buscados- sino el «hombre invisible» que, durante casi dos décadas, fue considerado la bestia negra de Israel y Estados Unidos por mover los hilos de algunos de los atentados más sangrientos que golpearon a ambos estados.

Acusado formalmente por la administración estadounidense de secuestrar un avión de TWA en 1985, los servicios de Inteligencia judíos y norteamericanos también le atribuyen estar detrás del atentado, en 1983, contra el cuartel de los marines en Beirut, en el que murieron 247 personas; el ataque contra la Embajada norteamericana en la capital libanesa, o los dos atentados contra la comunidad judía en Buenos Aires que, en 1992 y 1994, acabaron con 124 personas. Su macabro currículum lo completan varios secuestros de extranjeros en Líbano en los años ochenta, entre ellos el del jefe de CIA en Oriente Medio, William Buckley, que terminó siendo ejecutado.
Nadie se ha atribuido la autoría del atentado que terminó con la vida del terrorista, conocido también como «el cerebro» de Hizbulá, pero la organización chií apuntó directamente al Gobierno de Tel Aviv y a los servicios secretos judíos, como los responsables directos de su muerte. La oficina de Ehud Olmert negó las acusaciones y, ayer, en una escueta nota, informó de que «Israel rechaza cualquier intento de los terroristas de adjudicarle cualquier implicación o relación con ese incidente».
Pero a nadie se le escapa la satisfacción que reina en el país por la muerte de Mughniyeh y el ministro de Medio Ambiente y antiguo oficial de inteligencia, Gideon Ezra, se atrevió a admitirlo al declarar que «el autor de este asesinato debería ser bendecido».

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