Miles de personas salen a la calle por «el derecho a nacer»

Los manifestantes pidieron a los partidos políticos que cumplan la ley y den ayudas a las madres para frenar los abortos

«La vida no es un residuo». Los convocantes piden que se evite que un bebé de siete meses acabe troceado en la basura

Porque las leyes deben cumplirlas todos y porque la apuesta sea por la vida. Más de un millar de personas se reunieron ayer en Madrid y entonaron su particular grito de rebeldía, que en los tiempos que corren, intentar evitar que se produzcan abortos ilegales es denunciar, a su juicio, «una verdad incómoda». Los manifestantes utilizaron un eslogan que ha funcionado bien para demostrar que el planeta se deshace de calor. Para ellos lo que se deshace es la vida. Lo hicieron sobre un escenario en el que se sucedieron las preguntas y respuestas; en el que se escucharon relatos personales de madres que decidieron interrumpir su embarazo; en el que se aclaró que el aborto, fuera de los tres supuestos legales, no es un derecho, es un delito. Había gente llegada de toda España. «La vida no es un residuo», era otro de los eslóganes que portaban los manifestantes. Junto a la frase, una foto en las que se ve la mano de un feto tirada a la basura.
Un negocio boyante
Los convocantes ofrecieron cifras para dibujar un mundo real en el que se saltan los preceptos legales y en el que el dinero -que el negocio es boyante- juega un papel principal, denunciaron. El debate ha vuelto a la calle, pero, quizá, no como pretendían los colectivos antiabortistas. «Nos conformamos con que se cumpla la legislación y que se haga todo lo posible para que las mujeres en situación de necesidad no piensen que es una carga insalvable tener un hijo». Piden ayudas. Piden que la apuesta sea nacer, y no morir.
Para los organizadores de la manifestación los números del aborto en España distan mucho de ser los que ofrecen las administraciones. Desde 1986 hasta 2006, el Gobierno asegura que en España se han practicado un millón de interrupciones voluntarias del embarazo. «Nosotros creemos que la cifra real supera el millón y medio», explica Juan Sánchez, presidente de la Plataforma La Vida Importa. ¿Qué pasa con ese medio millón de operaciones que no figuran en ningún listado? Que hay toda una industria ilegal montada en España que falsea los documentos. Buena parte de ese negocio acaba de ser destapado y está declarando ahora ante un juez.
Porque abortar es un delito, aclararon los organizadores. Sólo hay tres preceptos legales que se deben cumplir para poder interrumpir el embarazo. «Queremos que se sea tan riguroso con esta norma como con el resto. Queremos que el supuesto que permite abortar porque corre riesgo la salud física y mental de la madre se vigile con el mismo celo que cualquier otra ley. Para ello sería necesario que los exámenes psiquiátricos los hicieran médicos de la Seguridad Social», dice Juan Sánchez. Es decir, los convocantes exigen que «el que se lucre del negocio no sea el que tenga el poder de autorizar un delito». La mayor parte de las irregularidades cometidas en las clínicas abortistas consisten en falsificar los exámenes psiquiátricos, que en realidad eran formularios ya rellenados de antemano. «En España se puede abortar incluso con nueve meses de embarazo. Sólo hace falta un certificado falso», exponen en La Vida Importa.
El 60% es dinero negro
Otro de las puntos denunciados por los manifestantes es la forma de lucrarse de las clínicas abortistas. Si, según ellos, hay medio millón de interrupciones que no constan en ningún documento público, buena parte del negocio se mueve de espaldas a la legalidad. Incluso dan una cifra: «El 60 por ciento de los abortos se realizan en dinero negro». Además, España se ha convertido en destino preferente para las mujeres que quieren abortar en Europa. Fue un reportaje hecho por una televisión danesa el que destapó la caja de los truenos. Ahora, los convocados quieren que las administraciones autonómicas asuman su responsabilidad e impidan que se siga incumpliendo la ley.
No parece, sin embargo, que el Gobierno les vaya a hacer caso. De hecho, uno de los propósitos de la protesta era denunciar las maniobras políticas que han ocurrido en las últimas semanas, cuando la Justicia empezó a actuar contra las clínicas abortistas. «El Gobierno se ha reunido con los dueños de los negocios de abortos y les ha prometido cambiar la ley para que todos los presuntos delitos queden despenalizados», dicen los organizadores. Por ahí va el futuro y ahí es donde se la juegan los colectivos antiabortistas. «Una ley de plazos es una respuesta hipócrita con la que se pretende legalizar lo que ahora es ilegal», comenta José María, miembro de La Vida Importa. Por el escenario pasaron también testimonios reales. Una mujer arrepentida ahora de la decisión que tomó hace años.
«No puedo verle la cara»
«A mi segundo hijo no puedo verle la cara. Tengo un hijo de 21 años con el que habló todos los días. Otro con el que no puedo hacerlo». Lo dijo ayer, en la manifestación, una madre que decidió abortar hace años. Ahora está arrepentida. Creció la emoción en la Puerta del Sol. Crecieron las preguntas. «¿Un niño sietemesino es un animal?» «¿Cuál es la diferencia entre un bebé que nace a los siete meses de embarazo y los restos de un feto del mismo tiempo que es arrojado a la basura?» «¿Tú qué opinas?» Concluyó la convocatoria.

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