«Me arrepentí de abortar desde que salí del quirófano»

Una mujer cuenta las «secuelas psíquicas» de la intervención

Sin el respaldo de su pareja y sin tiempo para pensar, Patricia tomó la decisión de la que más se lamenta

Patricia (nombre ficticio) es una joven madrileña de 28 años. Hace cuatro años se quedó embarazada. Lo supo un miércoles, y el viernes ya había salido de la clínica abortista. Nada más salir, asegura, se arrepintió de la decisión tomada. Hoy es madre y, pese a las secuelas, cuenta que, «gracias a Dios», se ha perdonado.
Me empecé a encontrar mal, fui a urgencias y me comunicaron que estaba embarazada. Mi pareja no se quería hacer cargo, acababa de irme a vivir a Cádiz, era camarera, pero no tenía un trabajo estable», cuenta Patricia. «Con estos datos me dijeron ?bueno, vale, vas a abortar, ¿no?? No tuve ningún asesoramiento y dos días después ya estaba en la clínica. Nadie me informó de lo que me podía pasar después», asegura.
Lo que ocurrió después fue lo que ha atormentado a esta joven desde entonces. «Desde el momento en que salí del quirófano -cuenta- me arrepentí de lo que había hecho. Pasé por una depresión y tuve muchas secuelas psíquicas. Me di cuenta de que había hecho algo contra la naturaleza, había terminado con la vida de mi hijo y me había faltado al respeto como mujer. El sentimiento de culpabilidad fue muy grande. Hoy, gracias a Dios, me he perdonado.
«Muy rápido»
«La intervención fue muy rápida», explica Patricia. «Me metieron en una sala de espera con un montón de chicas. Todas tenían la mirada baja, como si no estuvieran allí porque lo hubieran elegido. Cuando llegó mi turno fueron dos minutos. Me pusieron un anestésico local, me hicieron el aspirado, que duele, y en seguida tuve que dejar el quirófano libre, porque le tocaba a la siguiente».
En el procedimiento, que se llevó a cabo en una clínica andaluza, no hubo, de acuerdo con Patricia, ningún reconocimiento psíquico. «Lo único que firmé fue el consentimiento para que me pusieran la anestesia, igual que en cualquier operación. Ni siquiera me preguntaron si estaba segura», recuerda.
El caso de esta joven no es único. De hecho, asegura que conoce a mucha gente en su misma situación. Sobre los motivos que les han llevado a abortar, Patricia lo tiene claro: «La mayoría, como yo, han abortado por presiones de su pareja. Como el aborto se ha convertido en un negocio, parece algo muy fácil, dices ?me quedo embarazada y hala, a la clínica?, parece que abortar es como ir a tomar un café, pero nadie cuenta las secuelas que puede acarrear».
Sin apoyos
Pocos meses después de abortar, Patricia se vio, de nuevo, en una situación similar. «Me pasó lo mismo muy pronto, y en circunstancias similares. Empecé a tener miedo porque mi pareja no me apoyaba y me veía sola. Mi familia tampoco quería que tuviera al niño y mi hermana me llegó a ofrecer el dinero para abortar en Madrid. Mis amigos me decían que iba a destrozar mi vida», explica.
Ya había tomado la decisión otra vez «cuando encontré el teléfono de la Red Madre y la Fundación Vida. Llamé histérica, pero encontré la ayuda que buscaba. Me consiguieron un trabajo, me ofrecieron una habitación en una casa de acogida y compañía», recuerda. «El día que nació mi hijo mi hermana me pidió perdón de rodillas por haberme incitado a abortar».

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