Hecho real. Abusos a la tercera edad…

Tengo 68 años y estoy impedida en una silla de ruedas, eso y que mi familia no viva en mi ciudad, además de ser viuda, hace que necesite de un cuidador para atender mis necesidades primarias. Mi historia trata exactamente de eso y gracias a mi nieta puedo contarlo y que todo el mundo la conozca.
Hace unos meses me cambiaron a la asistente que tenía pues esta estaba de baja, y vino un chico joven y al parecer muy profesional. Las primeras semanas todo era normal, la misma eficacia y buenas maneras, me sentía contenta dentro de lo que cabe y conforme con las atenciones del nuevo asistente.

Pero pasados unos meses, empecé a extrañar algunas cosas de mi casa, perdí algunas joyas, que el mismo chico me ayudo a buscar sin éxito. Notaba que mi dinero menguaba, pero llegué a pensar que me estaba volviendo olvidadiza por la edad, incluso el chico se ofrecía a sacarme las cuentas para tener un mejor control sobre el dinero.

Pero ninguna de estas medidas era suficiente, mi dinero seguía desapareciendo y mis joyas, incluso algo de la cubertería de plata que mis hijas me regalaron en mi último aniversario de bodas. Comencé a preocuparme seriamente pero jamás sospeché de quien estaba detrás de esto.

Todas las noches pensaba y pensaba, tratando de recordar todo el día para intentar descubrir que tan olvidadiza me estaba volviendo, y me asustaba la idea de que padeciera alzheimer, le comenté al asistente de ir al médico para descartarlo, pero me dijo que no debía angustiarme, que seguro aparecerían todas esas cosas, solía dejarme acostada en la cama mientras simulaba que buscaba y rebuscaba por la casa para encontrarlos.

Con el tiempo ya decidí no preocuparme pues mi salud empezaba a resentirse con el estres que esas situaciones me causaban, cuando empezaron a suceder ciertas cosas bastante preocupantes. Aunque sea vergonzoso debo aclarar que necesito “pañales” para adulto, soy incontinente y mi asistente se encarga de cambiarme cuando lo necesito.

En algunas ocasiones me sentí realmente incomoda cuando se disponía a limpiarme mis partes pudientes, pues lo hacia de una forma muy diferente, a mi entender se propasaba en cierta medida, tocando zonas que era innecesario tocar, incluso introduciendo sus dedos en mi vagina, con la excusa de que toda la zona debía ser limpiada para evitar posibles infecciones.

Cada vez se me hacía más difícil permitirle mantener mi higiene, ya que cada vez la forma en que lo hacia era más intimo que la otra, me miraba con una cara que llegó a darme miedo, más que limpiar acariciaba con cierta ansia mis partes nobles y cada día la cosa iba a más y yo me sentía más insegura.

Pero esto no se limitaba sólo a la higiene intima, si no que cada vez que debía bañarme, cuando enjabonaba mi cuerpo dejó de usar los guantes, y tocaba mi piel con sus manos desnudas, parecía disfrutar cuando enjabonaba mis pechos ya que se esmeraba demasiado en ese proceso, y cuando tenía que acceder a mi entrepierna seguía sin ponerse los guantes.

Durante mucho tiempo mantuve esto en silencio, pensando que pronto volverían a mandarme a mi antigua cuidadora, pero no fue así, según pudimos saber después la habían destinado a otro vecino de mi localidad. Aguanté mucho con esto, para mi el momento del baño, que cada vez se volvía más asiduo era una pesadilla sin necesidad de estar durmiendo.

Empecé a negarme a que me bañara tantas veces, pero se puso agresivo y me sentí amenazada, por lo que cedía a sus ideas, estaba muy asustada, había oído muchos casos terribles de ancianos que morían o eran maltratados por sus cuidadores y el miedo no me dejaba pensar con claridad, me sentía indefensa y sin saber que hacer.

Hasta que un día no aguanté más y a gritos le dije todo lo que pensaba, que sabía que me había estado robando y que no soportaba más la forma en que me tocaba cuando me bañaba y limpiaba, se puso como un loco y me agredió físicamente, al ver mi rostro de espanto se marchó, en ese momento llame a la policía y puse una denuncia, por suerte mientras la policía estaba en mi casa tomándome declaración, el volvió.

Lo detuvieron y lo interrogaron, negó todo lo sucedido, pero su versión se fue al traste cuando registraron su casa tiempo después y encontraron parte de mis joyas y las piezas de la cubertería. Después de todo esto, nos informaron de que no era la primera vez que este joven cometía estos delitos, pues encontraron otros objetos que pertenecían al resto de ancianos a los que había atendido.

Doy gracias por que todo se solucionó sin más gravedad y puedo decir que sigo confiando en los cuidadores que ocupan su tiempo en hacer nuestra vida más agradable y que por que haya gente como este individuo no podemos condenarlos a todos.

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