Castro sucede a Castro

Fidel se marcha para quedarse


El nuevo presidente de Cuba, Raúl Castro, advierte durante su primer discurso que consultará con su hermano todas las «decisiones de especial trascendencia» para el futuro de la isla caribeña

Raúl Castro fue confirmado ayer como nuevo presidente de Cuba. El Parlamento, compuesto por 614 diputados del mismo partido (el único y omnipresente Partido Comunista Cubano), eligió un nuevo consejo de Estado, encargado de nombrar el Consejo de Ministros (oficialmente, el Gobierno) y un nuevo presidente: Raúl. La oficialización de la sucesión en la dictadura en la figura del «hermanísimo» no cambia en realidad nada, ya que, como la misma Constitución cubana decreta, «el PCC, martiano y marxista leninista, vanguardia organizada de la nación cubana, es la bolsa dirigente superior de la sociedad y del Estado».
Por tanto, ningún cambio tendrá lugar en Cuba sin una aprobación de Fidel, de 81 años, quien ostenta el liderazgo del PCC hasta que el convaleciente tirano muera. De hecho, nada más ser nombrado, Raúl aseguró en su primer discurso ante la Asamblea Nacional que seguirá consultando con su hermano Fidel las decisiones «de especial trascendencia» para el futuro de la isla, entre las que citó las vinculadas con la defensa, la política exterior y el desarrollo socioeconómico de la isla. Raúl Castro aprovechó la ocasión para asegurar que asume sus nuevas responsabilidades aclarando que el comandante en jefe de la revolución cubana es sólo uno. «Fidel es Fidel, todos lo sabemos bien. Fidel es insustituible y el pueblo continuará su obra cuando ya no esté físicamente», precisó.
Sin embargo, y a pesar de que la inmensa mayoría de cubanos no espera una mejora en sus vidas a corto plazo, Raúl Castro podría comenzar a introducir tímidas reformas que logren dinamizar las anquilosadas estructuras productivas, atraer inversión en el sector turístico y acercarse a la UE.
El propio Raúl ha ofrecido un leve golpe de timón al reconocer que los bajísimos sueldos de los cubanos no cumplen su labor socialista, animar a la población a finiquitar los errores dentro del Estado con el fin de corregirlos y admitir el «exceso de prohibiciones y medidas legales» que conciernen a asuntos relativos a las libertades individuales.
El Gobierno de Raúl Castro también deberá hacer frente a la pesada carga de los 240 presos políticos que mantiene encarcelados, según cifras de la Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional, que dirige el activista Elizardo Sánchez, si desea ganarse el favor europeo. Aunque hace poco más de una semana llegaron a España cuatro de los siete presos políticos que Raúl Castro se comprometió a liberar, aún se desconoce quiénes serán los otros tres afortunados.

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