Bono. El retorno del Jedi

Para ser un hombre de palabra, que es como se define a sí mismo José Bono, ex presidente de Castilla-La Mancha y ex ministro de Rodríguez Zapatero, poco ha tardado en olvidarse de las suyas y volver corriendo a la política de la que dijera no hace tanto no querer saber más, pues deseaba dedicarse a la vida de familia. ¿Pero que sería de este país sin Pepe Bono, ahora promesa de presidente del Congreso de Diputados, con toda su jerarquía institucional y su boato, en caso de una victoria del PSOE?
En cualquier caso, sea lo que llegue a ser, no parece muy dispuesto a perder del todo su cancha mediática y, ábrase el periódico que se abra, ahí está su imagen y sus siempre tan polémicas como interesadas opiniones.

Ahora ha utilizado Kosovo para ejercer otra vez de salvapatrias. Dice que hay que traerse a nuestros soldados de Kosovo cuanto antes. Lo de menos es que tenga o no razón. Él sabe mucho de retiradas. No sólo sacó a los soldados españoles de Irak a toda mecha sino que, además, se condecoró a sí mismo por semejante proeza. Generoso, eso sí, también impuso sus medallas a los oficiales superiores encargados de la retirada en un claro ejemplo de lo que para él constituye el heroísmo y el espíritu militar.

Cierto es que tuvo que renunciar a la medalla autoimpuesta ante el escándalo, pero José Bono siguió haciendo de las suyas. Dijo que como ministro de Defensa prefería morir a matar, lo cual era toda una lección para nuestros hombres y mujeres en uniforme que tenían que partir a lugares como Afganistán o Líbano. Pero no quedó todo en eso. A pesar de presentarse infatigablemente como un españolista de pro, no dudó en tachar del título del borrador de la Ley Orgánica de la Defensa Nacional la palabra nacional para dejarla sólo en Ley de Defensa, algo de lo que también tuvo que recular.

Mintió cuando lo de sus supuestas agresiones, forzando a la policía a saltarse la legalidad vigente. Se aprovechó hasta lo inhumano del dolor de las familias de las víctimas del accidente del Yak. Y ahora renace para darnos lecciones de moralidad con la que diferenciar el caso de Kosovo del de Irak. ¡Hasta apela al difunto Papa de beato que es! Su ambición, sin embargo, le puede y vuelve a distorsionar los hechos hasta hacer de la mentira algo aceptable. Lógico, pues hay algo que no puede reconocer, ni tan siquiera pensar: en Irak había y hay más legitimidad y legalidad internacional que en Kosovo. ¿Cómo puede, él, tan justo y comprometido, estar con un Gobierno y aceptar sus prebendas institucionales cuando éste se ha situado al margen de la legalidad manteniendo a nuestras tropas en un Kosovo que no reconoce? ¿Será que en lugar de un buen Jedi es, en verdad, el malísimo Darth Vader? Ese es el lado oscuro de Bono.

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