España en el mundo. ¿A quién le importa?

Escasos segundos fueron todo lo que dedicaron los líderes de los dos principales partidos políticos a la política exterior y de seguridad en el primer debate cara a cara. Zapatero mencionó muy brevemente Perejil y la foto de las Azores, sus buenas relaciones con Marruecos y las maniobras de Felipe González al frente de un nuevo grupo de reflexión europeo. Rajoy fue, aunque acertado, demasiado breve: “Yo me llevo bien con Sarkozy y Merkel y usted con Chávez y Castro. Ese es el resumen de su política exterior”. Por lo demás, ni una palabra sobre política de defensa. Nada de nuestras tropas jugándose la vida por nuestra seguridad y la de nuestros aliados en Afganistán y en otras partes del planeta. A ninguno de los dos parecía importarle.

Un espectáculo desolador respecto a unas herramientas fundamentales para el desarrollo de nuestro país, para posicionarnos en el mundo, para prevenir y luchar contra las amenazas que emergen constantemente y para las que parece cada vez más complicado dar con la solución adecuada. Las relaciones exteriores, la seguridad y la defensa no parecen suscitar interés ni entre los políticos ni entre la opinión pública. Pero son los primeros los que tienen la responsabilidad de alertar de los riesgos a los que nos enfrentamos, y de tomar las decisiones para minimizarlos.

El mundo cambia y cada vez más rápido. Pero el Gobierno socialista sólo ha sabido reaccionar durante estos cuatro años por imitación al amigo de turno, con las consiguientes meteduras de pata que nos han relegado a la última fila de ámbito internacional. Para Z la política exterior significa ceder recursos al desarrollo –para eso cambió el nombre del Ministerio de Exteriores– y cooperar en la lucha contra la pobreza y la miseria. Pero es mucho más que eso.

La imagen de España ha cambiado en los últimos años. No se trata de recordar aquella España de la democracia que sorprendió al mundo, aquel milagro económico que sorprendía en los organismos internacionales, que entró a formar parte activa de la OTAN y de la UE. España es hoy en día la imagen de un abandono cobarde de Irak tras los atentados del 11-M, de los ridículos gestos de nuestra diplomacia mendigando el saludo estadounidenses, de las meteduras de pata de Z llamando “fracasada” a Ángela Merkel, y de nuestras amistades peligrosas con los regímenes de Cuba, Venezuela, Irán o Bolivia, de la Alianza de Civilizaciones. Es una España menguante.

Pero aún es peor mirar hacia el futuro. Por delante quedan años de incertidumbre, que cualquier Gobierno deberá afrontar. Afganistán, Pakistán, Irak, Irán, Norte de África, África Subsahariana, América Latina, Rusia, China, terrorismo yihadista, crimen organizado, seguridad energética, vulnerabilidad de flujos de capitales, escasez de recursos, flujos migratorios, nacionalismos exacerbados. Y a nuestros ejércitos les espera un año complicado: Bosnia, Kosovo, Afganistán y Líbano, misión europea en Chad, participación en los Grupos de Combate de la Unión Europea y en la Fuerza de Respuesta de la OTAN (NRF-10 y NRF-11), Operación Active Endeavour. ¿A alguien le importa en este país? Hasta ahora sabíamos que a Zapatero no. Lo malo es que parece que a Rajoy tampoco.

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