Tambores cercanos

A lo largo del mes de febrero que se nos acaba, no han faltado rumores y certidumbres atinentes al Magreb. No se trata de “ruido de sables” ni de conspiraciones sibilinas a la usanza -otrora- de países latinos. Me atrevería a afirmar que se trata de manifestaciones reveladoras de la malaise que recorre actualmente las sociedades civiles del norte de África.

Algunos se vienen preguntando: ¿y qué hace el rey de Marruecos en París, de incógnito? ¿Por qué -según otros- ha elegido Brasil o el carnaval de Río para pasarlo bien, cuando ese referente de ocio se encuentra algo lejos de esta parte del mundo?

Y en Argelia, todo el “malestar” cívico que tradujo el movimiento de descontento social de 1988 (¡ahora hace veinte años!), ¿dónde ha ido a parar? ¿Sigue siendo el presidente Bouteflika la clave de bóveda provisional que garantiza la supervivencia del régimen salido de los “años de brasa” (1954-1962)?

Ciertas noticias dispersas en Le Monde, algunas más detalladas en Marruecos Digital y la rumorología -esa taimada protagonista de la Historia- nos han estado inquietando a lo largo de este último mes. Ahora bien, en Marruecos se sabe incontrovertiblemente que entre los días 18 y 19 de febrero, un singular personaje (Abdelkader Belliraj) y muchos de sus secuaces pertenecientes al Grupo de Acción Especial (hasta 32), han sido detenidos por la tónica delictiva de sus operaciones financieras, de signo mafioso. Y como no hay dos sin tres, un distinguido diputado (Mustapha al-Moetassim) del PJD, partido de raigambre islamista moderada, ha sido “atrapado” por la policía en su burguesa residencia rabatí. El porqué de esa detención parece residir en la detección de preparativos de suerte varia para llevar a buen fin atentados de factura terrorista…, aunque de inspiración islamista. Una supuesta alternativa (islamista) al modelo de civilización occidental, subyacería en los fundamentos inspiradores de su propuesta.

En cuanto a la república de Argelia, el aparato del poder político-militar sigue plantando cara a nuevas insurrecciones de los puristas musulmanes que engrosan las filas de combatientes yihadíes. Y sigue Argel, además, haciendo gala de dificultar la coexistencia secular de comunidades y órdenes religiosas cristianas con las gentes del país. Una política doble que parece portadora de una semilla nociva . Se agita, pues, la sociedad cívica -y cívico-religiosa- del Magreb, como viene sucediendo de un par de decenios a esta parte. Como entonces, hoy, el Magreb del poder sigue oponiéndose al Magreb de los pueblos. Partiendo de esta dicotomía, una pregunta lanzada al aire, a título de flecha errática, podría ser ésta: ¿sabrán salir nuestros vecinos al sur de Tarifa de la incógnita que sigue siendo su tiempo presente? O bien esa incógnita posee un desciframiento que no está al alcance del común en Europa.
Víctor Morales Lezcano

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