Justificando el Pacto del Tinell

En los últimos años hemos asistido a la eclosión, en las filas del centro-derecha, de una reivindicación de la nación española en genuina clave liberal, lo cual ha propiciado las iras de los independentismos vasco y catalán y la perplejidad de la izquierda.

¿Qué es el nacionalismo? ¿Qué características tiene el nacionalismo español contra el que advierte la izquierda? Ante tales cuestiones, una obra escrita por la izquierda y desde la izquierda resulta, a priori, interesante y sugerente. El libro Nacionalismo español. Esencias, memoria e instituciones, coordinado por Carlos Taibo, podría arrojar luz sobre el asunto.

Vana ilusión. Primera lección que se extrae de su lectura: la izquierda no tiene interés alguno en definir el nacionalismo. Desde la introducción, la respuesta a esas preguntas se nos hurta. El profesor –de la Universidad Autónoma de Madrid– Carlos Taibo no parece interesado en definir el término que da título a la obra; más bien elude hacerlo… acudiendo impúdicamente al DRAE. A partir de ahí, extrae una definición pueril, impropia, chabacana: quien cree en la existencia de una patria es un nacionalista. No hay más.

¿Acaso no puede un profesor de Ciencia Política ir más allá del diccionario de la Real Academia? Ése parece ser el caso de Taibo. Un poco más lejos llega el verdadero sostén de la obra, el gallego Núñez Seixas. Pero, en definitiva, para ambos, y para los demás autores de esta obra, el nacionalismo se define como la creencia en la existencia de una nación. Escaso esfuerzo académico, desde luego; que esconde una segunda lección acerca de la izquierda.

La vaguedad absoluta en que queda el referido término les proporciona grandes réditos: de Churchill a Castro, de Stalin a Ahmadineyad, de Madison a Gandhi, cualquiera puede entrar en la definición de nacionalista, a condición de que crea en la existencia de una nación, la que sea y del carácter que sea. Este desprecio profundo por lo real y aun por la reflexión intelectual lleva a los autores a equiparar al PP o al PSOE con ETA, ERC o el BNG. He aquí la segunda lección a que aludíamos: despreciando explícitamente definiciones políticas complejas, un término puede significar lo que cada uno quiera que signifique. Eso es lo que hacen los autores de Nacionalismo español…

Dejar el nacionalismo en general y el español en particular envueltos en la bruma proporciona buenos réditos a la izquierda que representan los autores de este texto. Le permite afirmar que existe un nacionalismo español, escondido y emboscado; atractiva conjetura… que se desinfla cuando el lector descubre que Taibo y compañía no aportan una sola prueba o dato.

Hacia la mitad del libro ya no hay duda de por qué la izquierda no muestra interés ni en definir teóricamente el nacionalismo ni en definir el nacionalismo español. Éste es un tema secundario, auxiliar para lo que realmente le interesa: la distinción izquierda-derecha y la crítica ideológica del liberalismo, el conservadurismo y el catolicismo. Estas páginas se presentan como una coartada intelectualmente seria para dar rienda suelta a la obsesión de la izquierda de hoy: el ataque, entre histérico y pueril, a una derecha liberal-conservadora que no desempeña el papel que el progresismo pretende que desempeñe. Desentendiéndose sin pudor alguno del tema del libro, los autores se dedican a la caza de los sospechosos habituales: Pío Moa, Jiménez Losantos, Edurne Uriarte, Jon Juaristi, José María Aznar; la Iglesia, el Ejército, el liberalismo, el capitalismo…

Nos encontramos, pues, ante un texto con pretensiones académicas que degenera en una concreción pseudoacadémica de los mitos ideológicos de la izquierda. Escribimos “pseudoacadémica” a propósito: la desolación se apodera del lector cuando prestigiosos profesores universitarios incurren en contradicciones y acaban convirtiéndose en marionetas de un ataque ideológico contra la derecha liberal-conservadora. Asimismo, todo aquel que combata la nación española es automáticamente caracterizado como progresista.

El nacionalismo español… es una coartada intelectual al servicio del Frente de la Paz, en el que caben socialistas, comunistas, abertzales, nacionalistas y nacionalsocialistas periféricos, es decir, todos aquellos que ven en la derecha la culpable de todos los males del mundo. Lo que hagan o estén dispuestos a hacer contra el “nacionalismo español” les será perdonado o disculpado.

Puesto que la derecha liberal española encarna –no se dice por qué, ni cómo– un agresivo nacionalismo español, la coalición surgida en tiempos del “No a la Guerra” y el Prestige está más que justificada, aunque albergue en su seno a grupos y grupúsculos de dudosa decencia democrática.

El nacionalismo español… es una obra que nada dice del nacionalismo, y menos aún del español. Se conforma con ajustar cuentas con la derecha liberal-conservadora y apuntalar la teoría que sostiene que ésta es la encarnación del mal en la Tierra. Es la justificación intelectual del Pacto del Tinell, de la unión entre la izquierda del 13-M y unos nacionalismos tan racistas y xenófobos hoy como ayer. Y esto es lo peor que puede afirmarse de un libro presentado con caracteres académicos, que degenere en una obra de homogeneización ideológica y de justificación de un proyecto político que aspira a perpetuarse en el poder y que, para ello, esgrime pretextos como el del combate contra el “nacionalismo español”.

Lo combatirá, qué duda cabe. Combatiendo, primero contra la libertad.

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