Alcaraz: «Advertí de que Llamazares tiraría la coalición por el desagüe»

Ha roto el fuego el Partido Comunista, pero no es la única formación coaligada en Izquierda Unida que pide la «cabeza», es decir, el escaño, de Gaspar Llamazares.

La derrota electoral, no por presentida, ha dolido menos al sector crítico de la coalición, expulsado por advertir de la deriva «hacia el desagüe».

Desde Ángel Pérez («necesitamos un proyecto sin excentricidades, sin originalidades, sin guiños a electorados radicales») a Ángeles Maestro («no hemos tenido otra política que la de ser monaguillos del PSOE»), pasando por el andaluz Sánchez Gordillo («Llamazares se ha suicidado al dar el abrazo del oso a Zapatero»), la vieja izquierda coincide en el diagnóstico: no hay espacio electoral para una formación política que se conforma con ser la sombra del gigante. Maestro, dirigente de «Corriente Roja» y ex diputada, va más allá: «La coalición está muerta; hay que empezar de nuevo y con otro nombre».
Sin duda, el más duro con Llamazares es el presidente ejecutivo del PCE, Felipe Alcaraz, expulsado de los órganos de dirección junto con otros fieles comunistas. Éstas son algunas de sus descripciones a la política seguida por IU en las dos últimas legislaturas: «Sombra del PSOE», «seguidismo de Zapatero», «no estábamos ni en el Gobierno, ni en la oposición», «especie de zapaterismo de izquierdas», «es como si Llamazares hubiera recalificado el espacio electoral de IU, y ahí ha puesto Zapatero un adosado»…

Desde Madrid, Ángel Pérez, portavoz de IU en el Ayuntamiento, aborda la otra probable causa del derrumbe: la inexistencia de una política coherente respecto al modelo territorial del Estado, y pide la ruptura preventiva de todos los pactos existentes. «No se puede estar pendiente de si federaciones como Madrid, Andalucía o Valencia pactan con el PSOE o no y, al mismo tiempo, mantener acuerdos con ANV, en Euskadi». En el País Vasco, la coalición de izquierdas ha perdido más de la mitad de sus votantes, en una sangría superior, incluso, a la del resto de España. Y eso, como señala Pérez, gracias a que «en la inmensa mayoría de la organización de IU» se desconocían los pactos con los proetarras.
Queda mucho trabajo en Izquierda Unida para recuperar los 21 escaños que obtuvo Julio Anguita en 1996, haciendo oposición en serio al Gobierno de Felipe González. Consiguió 2.639.774 votos. Tres convocatorias después, Llamazares lo ha dejado en 960.000. Será el PCE quien deba asumir la mayor parte del esfuerzo. Precisamente, de Julio Anguita ha venido el mensaje de moderación: espera que el Partido le convoque para dar su opinión «documentada, reposada y con carácter positivo». El «Partido», por supuesto, es el comunista.

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