Cómo evitar los malos tratos al mayor

Malos tratos físicos, falta de cariño, negligencia, abusos económicos… los mayores están expuestos a una violencia que no se denuncia

Es la tercera vez que se ha caído en dos meses y, además, se queja de que le duelen los brazos. Le pregunto si hay alguien en su familia que le hace sentirse incómoda y, discretamente, baja la mirada. No quiere entrar en detalles…

Decido ser más directa, y le pregunto si alguien le trata mal. Responde que no, que lo que ocurre es que su hija está ocupada y no tiene tiempo para atenderla. Cuenta que nadie le ha empujado, que se ha caído cuando iba al cuarto de baño…

Al día siguiente, cuando vuelvo a visitarla, veo que está echándose crema depilatoria en los brazos. La ha confundido con una loción hidratante y se está quemando la piel. Lleva días así, y nadie se había dado cuenta…

Situaciones como la que describe B.S., empleada de una empresa de ayuda a domicilio de Madrid, suceden cada día en al menos 5.300 hogares españoles. Así se desprende de un estudio realizado por la catedrática en Sociología y representante de España en la INPEA (Red Internacional para prevención del matrato de las personas mayores), Mª Teresa Bazo, del que se deduce que alrededor del 4,7% de los mayores que reciben asistencia domiciliaria sufren algún tipo de maltrato por parte de sus cuidadores. “Ésta es una cifra que hace referencia únicamente a las personas que están atendidas por los Servicios Sociales –señala la autora del informe–, así que no es difícil suponer que sólo es la punta de un enorme iceberg”.

El maltrato a las personas mayores es un drama social latente que, al igual que ocurría hace algunos años con los malos tratos a las mujeres, permanece oculto debido a que las propias víctimas se resisten a denunciar. “Ello se debe –señala Mª Teresa Bazo–, a que tienen miedo a las represalias y a que prefieren no delatar a los maltratadores porque, muchas veces, son personas a las que quieren”.

En este sentido, y según datos del mismo informe, en el 55% de las ocasiones los agresores son los hijos e hijas biológicos del mayor, en el 12% es su propio cónyuge y en el 7% sus hermanos o hermanas.

“La gran cantidad de formas de agresión que existen, algunas de ellas muy sutiles –explica Gema Pérez, autora del estudio titulado Tipos de maltrato y/o negligencia hacia las personas mayores–, dificulta que dispongamos de datos fiables sobre el alcance de esta situación. Sí sabemos, no obstante, que los malos tratos más frecuentes son los que se producen por negligencia, es decir, aquellos que resultan de la omisión de determinados cuidados necesarios para el bienestar del mayor.

Este tipo de malos tratos pueden ser físicos (falta de higiene, desnutrición, falta o exceso de medicación, utilización de pañales de manera innecesaria…), o psíquicos (amenazas, abandono, desconsideración, desatención, falta de respeto, gritos, silencios prolongados…). Otros tipos de abusos, por orden de incidencia, son los económicos, físicos y sexuales”.

Las causas del maltrato.

“Hacerse cargo de una persona mayor es una situación que implica responsabilidad y, por lo tanto, genera estrés, –explica Gema Pérez– Además, en el caso de que el cuidador sea un familiar, es fácil que esta tarea se sume a otras como el cuidado de los hijos y nietos, las labores domésticas o los compromisos profesionales. Esto puede generar sobrecarga y facilitar que se produzcan malos tratos por negligencia”.

También es causa frecuente de maltrato por negligencia el desconocimiento por parte de los cuidadores del tipo de atención que deben proporcionar al mayor. “Cualquier ciudadano que no haya recibido una formación específica puede maltratar de forma inconsciente”, asegura Bazo. En el ámbito institucional (residencias y hospitales) y, según se desprende de un estudio realizado recientemente por la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología, la falta de formación de los profesionales, los bajos salarios y la escasez del recursos sociales y sanitarios, pueden ser las causas de los abusos y del maltrato.

Situaciones de riesgo.

Uno de los aspectos que, según los expertos dificulta en gran medida la detección de malos tratos, es la ausencia de protocolos en los hospitales españoles. “Detectar los malos tratos físicos es relativamente fácil –asegura Mª Teresa Bazo–, lo complicado es detectar los psicológicos. Los protocolos facilitarían enormemente esta labor. Además, permitirían saber qué personas son las que están en riesgo para poner en marcha medidas dirigidas a prevenir una posible situación de maltrato. En otros países, esto se hace desde hace tiempo”.

“En general –afirma Gema Pérez–, se puede sospechar que una persona mayor está sometida a algún tipo de maltrato psicológico cuando se muestra ansiosa o deprimida, cuando parece tener miedo a algún familiar, cuando su comportamiento varía en función de que su cuidador esté o no presente, o cuando las versiones del mayor y de su cuidador difieren a la hora de dar explicaciones sobre una situación comprometida”.

Además, hay que poner especial atención si existen factores de riesgo. “Son más susceptibles de ser maltratados los mayores que viven solos, los que están aislados socialmente y los que viven en un entorno degradado en el que hay paro, alcoholismo, etc”, explica la socióloga.

En relación a los maltratadores psicológicos, algunos estudios señalan que es frecuente que presenten signos de depresión, estrés, sobrecarga de responsabilidades y falta de control en el carácter.

En el caso de los malos tratos físicos, según datos facilitados por el Centro Reina Sofía para el Estudio de la Violencia, el agresor suele ser un hombre muy cercano a la víctima (en el 30% de las ocasiones es su propio cónyuge), dependiente económicamente de ella y con algún tipo de adicción a las drogas o al alcohol.

Cuando varias de estas condiciones de riesgo confluyen “hay que estar ojo avizor –advierte Mª Teresa Bazo– y observar al mayor en todo momento. Hay que ver cómo se comporta y cómo reacciona ante determinadas personas. Además, existen algunas señales externas que pueden ayudarnos a detectar una situación de maltrato”. (Mirar cuadros).

También hay que incrementar las precauciones cuando es la víctima quien denuncia la situación. “Nunca hay que despreciar las manifestaciones de la persona mayor –afirma–. No se pueden dejar a un lado este tipo de avisos por considerarlos absurdos o ridículos. Siempre hay que investigar y llegar hasta el final. Lo más recomendable es llevar a la persona para que un médico y un psicólogo la sometan a los exámenes pertinentes y puedan valorar su estatus cognitivo”.

En el caso de que se verifique una situación de abuso o maltrato, se debe informar a los servicios sociales y, si existe peligro inminente para la persona, ponerlo en conocimiento cuanto antes de la policía o la Guardia Civil.

En las residencias.

Confiar el cuidado de algún ser querido a una institución es un decisión complicada para la mayoría de las familias. El fantasma de los malos tratos en los centros residenciales todavía está muy presente en la sociedad actual a pesar de que la realidad demuestra que las cosas han cambiado mucho. “El porcentaje de malos tratos en las residencias es tan pequeño –asegura Alberto Jiménez, vicepresidente de la FNM (Federación Nacional de Centros y Servicios de Mayores)– que sería absurdo afirmar que en las residencias se maltrata en términos generales.

Nosotros somos los primeros interesados en que estas cosas no ocurran y, por eso, disponemos de mecanismos que nos ayudan a que así sea. Puedo asegurar –continúa Jiménez– que en la mayoría de los centros los mayores están mejor cuidados y alimentados que en sus propios domicilios”.

En este sentido, Gema Pérez añade que “en las residencias más que maltrato lo que se produce es negligencia, sobre todo desde el punto de vista emocional. Puede ocurrir que los usuarios de estos centros no reciban toda la atención y el respeto que merecen, pero esto es poco frecuente tanto en las residencias públicas como en las privadas”.

Soluciones.

“Lo primero que habría que hacer para evitar los malos tratos a los mayores es educar a los cuidadores –afirma Mª Teresa Bazo. Es fundamental prestarles asistencia y, para ello, hay que aumentar los recursos que faciliten su labor. En este sentido, sería de gran ayuda que las administraciones fomentasen los programas de respiro familiar e incrementasen el número de plazas en centros de día entre otras actuaciones”.

Según la SEGG, son posibles soluciones una mejor formación y motivación de los profesionales y la creación de un censo que recoja la situación personal y las necesidades de cada persona mayor.

“Uno de los grandes problemas con el que nos encontramos a la hora de hacer frente a los malos tratos –afirma Mª Teresa Bazo–, es que no existen cauces de actuación en el caso de que se detecten. Yo creo que habría que empezar por acercar los Servicios Sociales a la sociedad. La gente tiene que saber dónde acudir para solicitar ayuda.

También sería interesante que las asociaciones de mayores se implicaran más en la lucha contra esta lacra social. Las noticias dramáticas de los periódicos no sirven para nada. Hay que realizar tareas de concienciación mucho más profundas y poner recursos para proteger de verdad a la población más vulnerable”.

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