La Carcel Modelo.(17) – Mayo de 1983

JUICIO POR EL DESFALCO DEL CONSORCIO DE LA ZONA FRANCA Memorias y comparando con el JUICIO GRAN TIBIDABO VEINTICINCO AÑOS DESPUÉS

Mayo de 1983, a tres meses de mis 43 años. Un mes complejo. Primero, el enorme peligro por el supuesto millón de pesetas contra los huelguistas de la COPEL, con Pedro Baret inventor de la fábula, relatada en el libro escrito conjuntamente con Federico Gallo , asociado a Juan Piqué Vidal en una oficina de “relaciones publicas”. Segundo, la muerte por mi compañero Camacho en la asamblea de la Séptima uniendo dinero y homicidio. Y tercero, el inmediato juicio, y el problemático “tercer grado” posterior. El giro en la “Oficina Técnica” con la incorporación de una psicóloga, era evidente. De tener las oficinas y archivos a mi disposición hasta las conversaciones se cortaban en mi presencia.

Recordando, no puedo menos que enmarcar la vida de Javier de la Rosa Martí en esos VEINTICINCO AÑOS de diferencia entre los dos juicios en Barcelona. El primero, consolida su riqueza sin ni siquiera presencia ni menos comentario en la prensa, y el último, que de no ser por los kuwaitíes, cerraría su historia judicial sin apenas prisión, porque el pendiente por el CASO HACIENDA, al paso que vamos, se diluirá al estilo del de Gran Tibidabo, o mejor el de TELECINCO, inocente. Y si consideramos las minucias de un año de cárcel por 400 millones de estafa, o por la falsificación de la firma del Emir de Kuwait, de cuatro meses por la Audiencia de Barcelona a 18 meses por el Supremo, o sea, prevaricación y corrupción pura y dura comparado con mis condenas y cumplimientos de prisión. Las mías y las de miles.

Prevaricación y corrupción , que sin duda me traerían los doce años de cárcel pedidos por el AYUNTAMIENTO DE BARCELONA, el CONSORCIO DE LA ZONA FRANCA, y LA FISCALÍA. Aun ignorando entonces que el juez instructor que ordenó mi prisión, Ezequiel Miranda de Dios, vivía en un piso del abogado Juan Piqué Vidal y que en el 2003 lo escrituraría a su nombre reflejando la propia escritura de compraventa los extraños pactos entre abogado y juez (se escritura por 40 millones de pesetas pagados en efectivo, y puesto de inmediato a la venta por 130 millones según la portera del edificio), y ni idea sobre las operaciones financieras entre Javier de la Rosa Martí y mis acusadores los socialistas, Serra y Maragall, y ni mucho menos conocía las relaciones entre todos mis abogados, o de los propios jueces que compondrían el peculiar y especial Tribunal…en fin, lo tan narrado en www.lagrancorrupción.com mi posición ante el juicio era de total pesimismo.

Intentando solo recordar los sucesos en La Modelo que casi me cuestan la vida, y que en otro orden de cosas repartió infinita suerte a unos mil presos puestos en libertad por la simple reforma del 503 y 504 del Código Penal, se revuelven y oscurecen sin remedio. He de apartarme de mis simples memorias, aquella condena a lo pasado en prisión, no solo aparca mis recuerdos, sino que un día tras otro me hace pensar en el porqué de dos años, diez meses y veintiún día, para alguien que si era culpable de encubrimiento con ánimo de lucro (por conocer la procedencia de los dineros de Antonio de la Rosa Vázquez), y falsificación de documento privado (falsedad ideológica escribió en puro derrame cerebral o corrupto el juez de instrucción), la condena debía cifrarse entre los mínimos y máximos habituales en esa clase de delitos y desde luego más cercanos a los DOCE AÑOS PEDIDOS y los VEINTITRES sentenciados contra José Luis Bruna de Quijano.

Viven dos personas, dos jueces, los de derecha e izquierda del todopoderoso presidente del Especial TRIBUNAL, Alonso Hernández Pardo , que me podrían responder, pero no bajarán de sus pedestales para contestar a uno de tantos miles de delincuentes sentenciados que clamarán su inocencia eternamente, o quizá para rematar su faena complicándome la vida. Uno, José Luis Barrera Cogollos, PRESIDENTE ACTUAL DE LA AUDIENCIA DE BARCELONA, y otro, el especialmente célebre ya jubilado y “trabajando” en el Bufete Piqué Vidal, Adolfo Fernández Oubiña. Intenté que me respondieran en mi denuncia, que no demanda, en 2005 por la escrituración del piso, pero no la admitieron, debía nombrar abogado y procurador, y ni dinero ni abogados disponibles. La escritura en si misma refleja un más que posible delito, pero no se investigará. Contubernios de la “amigocracia”. Y volviendo a mayo del 83, cabría preguntarles que divina inspiración les dictó que los dos acusados, Serena y yo, sabíamos la procedencia del dinero de nuestro socio Antonio de la Rosa, máxime cuando en el sumario constaba un informe policial afirmando no existir nadie de los muchos preguntados que pudiera afirmarlo ni negarlo. Y porqué nosotros y no otros en mucha más relación con padre e hijo, y porqué los talones ingresados en el Banco Garriga no despiertan su curiosidad pero se relacionarán en la sentencia y los del Banco de Santander de Bruna si, en fin, mis eternos y tantos porqués…

A los dos magistrados añadiría los personajes claves de mi historia, Javier de la Rosa, Piqué Vidal y Pascual Estevill, o Narcís Serra, Pascual Maragall, su abogado Rafael Jiménez de Parga, y Carlos Güell de Senmenat. Todos vivos, y beneficiarios de Javier. Pero que ni sueño suelten una verdad, ni en su lecho de muerte. Y entre los claves, Luis Pascual Estevill, que asistió al Juicio vistiendo la toga de letrado y sentado entre los abogados, de observador. Sería por cuenta de su ya “banda” de delincuentes, cerciorándose que se cumplía el guión preestablecido.

Los dos magistrados vivos de aquella sentencia formaron tan fuerte amistad que unos años después les expedientaron rompiendo su magnífica carrera, aunque en el complejo mundo del Poder Judicial se olviden detalles y José Luis Barrera Cogollos alcanzaría la Presidencia de la Audiencia y hasta se le reeligiría por cinco años más (lo dicho, debe ser por su gran labor y lo bien que va la Audiencia), mientras Fernández Oubiña se reiniciaría de simple juez de instrucción sin olvidar a su “socio” Juan Piqué Vidal con el que llenaría su jubilación de jefe de “Fauna” del famoso Bufete. El contertulio que el gran Luis del Olmo utilizaría durante años de especialista en “Justicia”.

Tres días de juicio, todo un record entonces ya que los juicios consistían en un repaso del guión sumarial y la mayoría se resolvían en un suspiro. Se repartían siglos de cárcel a velocidad de vértigo. Ni testigos o acusados se atrevían a contestar más allá de unos ciertos o no ciertos. Entre otros, pasaron unas docenas cercanos al Consorcio que no me conocían, afirmando ese desconocimiento, y dos amiguitas de Antonio, confirmando nuestra amistad con el desaparecido, y un chofer del Consorcio en Madrid con lo mismo. Tres días sin ninguna nota disonante, con el abogado del Consorcio, Tintoré Cazurro, preguntándome si no me extrañaba que un empleado del Estado gastara tales fortunas (y él fue su secretario durante más de veinte años). Una pantomima. Lo único destacable las cámaras de la televisión, única entonces, que en su programa del sábado noche daría una reseña mostrándome esposado. Total, conocer al padre De la Rosa durante poco más de un año y realizar unas operaciones mercantiles cuyo montante no iba más allá de un porcentaje por debajo del cero de las muchas realizadas por los De la Rosa, me costaría los tres años pasados en prisión, los mismos que pactaban 25 años después con Javier por estafar 30.000 millones, y ¡con el mismo Código Penal!.

He escrito tanto sobre ello y tan poco conocido y leído que a menudo pienso en el insulto directo a los dos jueces vivos para que se querellen por injurias, pero si mi intención es la divulgación, sería inútil, nadie quiere creer en la maldad de la clase de Justicia que reina en nuestro país, y quien lo leyera se encogería de hombros con lo de que ¡algo haría!, o como dicen afirmara el propio Fernández Oubiña, “su verdad no se la quiere creer nadie, y mis mentiras si…”.

Otro record para una sentencia de 40 folios. Cuando un abogado me contaba que él de estudiante y recién licenciado, becario, redactó sentencias en juzgados de instrucción, malicié que la del Consorcio bien la pidieron redactar en el gran Bufete Piqué Vidal, entonces el más poderoso de Barcelona, con no menos de cien abogados y gente en “prácticas”, mucho más que cualquier sección de la Audiencia, y además con la asistencia casi diaria de uno de los juzgadores, Fernández Oubiña. Cuando tan solo cinco días después un funcionario de las oficinas me afirmaba que se tramitaba la libertad, pues la sentencia me condenaba a lo pasado en prisión, mi cerebro se atascó. Mi mujer andaba por el patio exterior incordiando a los muchos amigos de tanta invitación en el bar La Modelo. Se terminaban tres años de un mal sueño. La vida cambiaba de tercio y yo debía coger el toro por los cuernos. Es decir, los complicados y más endeudados y descapitalizados negocios. Eso, y el porqué de lo ocurrido, con a menudo la obsesión de enderezarlo en los primeros años, incluso buscando para su detención al decían fugado padre de Javier. Y de nuevo situaciones peligrosísimas, pues a quienes me enfrentaba escalaban día a día cotas de más poder, dinero y corrupción, flotando en la absoluta impunidad, y por tanto entrega y colaboración con el mundo político y funcionarial. Pasados los años tiré la toalla de la lucha directa. Para un solitario y ya marginal era más que una imprudencia embestir a quienes se fundían con el Poder en Barcelona, y hasta en Madrid. Pero iniciado su declive diez años después se me ocurrió llenar mis horas de cárcel escribiendo contra ellos. Más problemas. El declive, un espejismo, y sentiría su poder.

Tanto destrozaron mi vida, a mí y a miles, que en el momento de escribir estas “memorias” acercadas y revueltas con la actualidad, recibo un certificado, fecha 8-2-08 de la Audiencia Provincial de Barcelona. El cartero al no encontrarme en casa deja el aviso. Un día elucubrando, desde una denuncia por mis escritos, poco probable, a una de falsa, similar a las de los años 95 al 2004, o el eterno automóvil, que nunca compré, que aparece y desaparece entre citaciones. El ánimo se calmó a medida que leía la Sentencia de la Sección Dieciséis de la Audiencia Provincial de Barcelona, rollo nº 182/2007-C, Autos Juicio Ordinario nº 350/2005 del Juzgado Primera Instancia 4 de Arenys de Mar. Resumiendo, un parcelista de Zona Rústica San Llop de Tordera, comprador en contrato privado a otro también con contrato privado, pedía escritura, y a suponer mal aconsejado por algún abogado interpuso denuncia que acabaría en prescripción. Hacía treinta años. Muchos han hecho buenos negocios con el despojo de mis empresas, todas embargadas desde hace décadas, y hasta una simple parcela que en un momento determinado no valía “nada” se compraba y vendía por varios millones, demostrado en el juicio de 1992, rematando el caso de mis “urbanizaciones”. Otro abogado convenciendo a un ignorante cliente. Es de suponer que ahora le convencerá con cualquier argumento y seguirá los trámites normales en esos casos hasta que un juez ordene la inscripción en el Registro de la Propiedad, si ello es posible, porque lo que indiscutiblemente lo era en principio puede ya no serlo en la actualidad, y nunca por mi culpa. Murió hasta el apoderado que escrituró durante años.
Rafael del Barco Carreras

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