El problema es Irak… ¿o es Aznar?

Este mes de marzo se cumple el quinto aniversario del comienzo de la Guerra de Irak. Motivo suficiente para verter ríos de tinta sobre el asunto en unos días tontos en prensa, como son los de Semana Santa, que salvo este tema, y la reaparición de ETA, no ofrecerían a los medios de comunicación munición más allá de si las cofradías españolas han podido celebrar su Estación de Penitencia por las inclemencias del tiempo.

Al margen de las razones que llevaron a la Administración Bush a tomar la decisión de emprender una guerra contra Irak, y el apoyo que obtuvo del entonces gobierno presidido por José María Aznar, el objetivo de este análisis, aunque sin ánimo de ser pretencioso, es el de poner la cosas en su sitio mediáticamente hablando. Separar las razones que llevaron a los gobernantes a iniciar uno, y apoyar otro, dicha intervención en Irak, del tratamiento que los medios de comunicación le han dado a la noticia ahora que se cumplen cinco años.

Al margen de lo que cada uno pueda opinar a favor o en contra de la intervención en Irak, el hecho puramente objetivo es que la Guerra ha supuesto un magnífico pretexto para utilizarlo contra la figura del actual presidente de Faes. La Guerra de Irak es uno los pilares básicos de toda la artillería mediática para vilipendiar, desprestigiar e insultar con todo lujo de detalles, apelativos y adjetivos calificativos, a un político cuyo principal delito para quienes se ensañan contra su figura, ha sido ser capaz de tomar un partido político que estaba dividido, regenerarlo, unirlo para ponerle rumbo a la Moncloa, llegar a ésta y gobernar razonablemente bien.
Una Moncloa que cambió de inquilino por deseo de una sociedad cansada de los escándalos de corrupción, que acabó con personalidades con rango de ministro en la cárcel, jaleados al ritmo del corro de la patata. Una época marcada por capítulos tan poco edificantes como el de los Gal. Asuntos de los que a estas alturas, la sociedad no ha obtenido ninguna explicación, pero que tampoco han servido de excusa para insultar, desprestigiar y vilipendiar al entonces inquilino de la Moncloa, algo que no hubiera sido correcto.

A juicio de quien esto escribe, la Guerra de Irak, como el Prestige y como muchos otros episodios de nuestra historia política reciente, no han sido más que la excusa para demonizar a un hombre (y por ende, a un partido político y a más de diez millones de votantes), que con sus aciertos y errores, luces y sombras, consiguió poner a España rumbo al progreso. Un señor que situó nuestro país, sin complejos de ser español, entre los primeros en el ámbito internacional, no solo con América, sino también en venerado corazón de Europa.

Un hombre que se dispuso a gobernar desde el primer día a sabiendas de la que se le venía encima porque, no solo no encontró las arcas del Estado llenas para poder hacer regalos en tiempos de crisis, sino que tuvo que enderezar la desastrosa gestión socialista en el ámbito económico, como en tantos otros.

Aznar se puso manos a la obra de la tarea encomendada en las urnas por los ciudadanos españoles – no hay que olvidarlo- sin mirar atrás, sin levantar alfombras, abriendo las ventanas de España al futuro, al trabajo, al esfuerzo y al progreso. Valores que no cotizan en bolsa en la España del “chiki-chiki”.

A José María Aznar se le ha criticado muchas veces, incluso desde sus más allegadas filas, su falta de preocupación y mimo por los medios de comunicación. Es cierto que no basta con hacer las cosas bien, sino que hay que contarlas adecuada y reiteradamente y en esto, los medios juegan un papel fundamental.

También es cierto que el entonces presidente del Gobierno no se dedicó a otorgar licencias de televisión para que hablaran de él, ni encargó la fundación de un periódico liderado por personas afines para captar el voto útil que le hacía falta para conseguir la mayoría suficiente que le permitiera seguir gobernando. La obtuvo, absolutamente, de mano de los españoles y sin medios afines creados ad hoc.

Ni siquiera en sus horas más críticas, como fueron las del 11M, llamó a los medios de comunicación para hablar de terroristas suicidas, que por cierto, nadie ha pedido perdón por tamaña infamia en ningún momento, ni se han escrito kilómetros de titulares al respecto.

José María Aznar ha cultivado sus propias amistades, al igual que lo han hecho otros ex presidentes del Gobierno, pero a él no le está permitido. Amistades que no están cimentadas bajo la tutela del patrón más poderoso de Iberoamérica, ni brinda su asesoramiento contra intereses de empresas españolas con importantes negocios en la región. Tampoco tiene un lugar reservado en palacios de gobernantes de dudosa factura democrática.

Aznar ha osado demostrar que en nuestro país pueden funcionar las cosas razonablemente bien y con niveles óptimos de transparencia, dejando a un lado a capítulos que rayan el sainete como “mihemmmano y su despacho”. Aunque también haya cometido errores, que también los hubo.

El pecado de José María Aznar, el hombre y el gobernante, es haber mostrado a la izquierda que España no es propiedad de nadie, que pueden gobernar partidos de diferente signo, como así ha sido, y que además, es algo sumamente saludable en cualquier democracia. Lo que no se le perdona es haber dejado claro que España no es patrimonio de la izquierda, ni cultural ni moralmente, ni que todo lo que se salga de ahí ni existe, ni debe existir, aunque para ello haya que firmar pactos para echar a media España del mapa político.

Su gran error ha sido demostrar que la izquierda puede llegar a estar en la oposición, algo de cuyo nombre no quieren acordarse y para evitarlo, todo vale, hasta el vilipendio y el insulto.

Quien esto escribe no conoce personalmente a José María Aznar, no trabaja para él, ni nada le debe a nivel particular. No sabe tan siquiera si es simpático o no, ni se cuestiona su cambio de imagen, que hasta eso se le ha criticado. La abajofirmante solo sabe que la inquina desmedida de algunos sectores de la sociedad adecuadamente capitaneados, ha contribuido a que parte de la sociedad española haya perdido el sentido y la capacidad de análisis crítico. El pensamiento único ha triunfado contra la libertad de pensar. Es el camino más fácil para mantenerse en el poder.

Es perfectamente comprensible cuando no se tiene una gestión que mostrar a los ciudadanos: conviene esconderla ante el peligro de que se descubra que solo se sabe predicar, pero no dar trigo.

Por supuesto que es perfectísimamente lícito estar en contra de la Guerra de Irak, y con cualquier otra guerra de las muchas que hay en el mundo, como lo es estarlo en tantos otros temas. La diferencia es que la argumentación debe venir desde el análisis objetivo y respetuoso, donde no quepan los insultos.

Es normal que los medios argumenten desde la perspectiva ideológica que estimen oportuno. A estas alturas, nadie se llama a engaño cuando lee, escucha o ve un medio. Lo que no es profesional es poner la información al servicio descarado de la causa del poder. Tampoco lo es cumplir el cometido de escribir un artículo a golpe de insultos, cuya utilización descalifica por si solo a quien firma después.

La profesionalidad, no la difamación, debe ser siempre la guía y la base para trabajar. Cuando esto se ha perdido, es la sociedad la que más pierde, porque se la priva, arteramente, del bien más preciado: la libertad plena para juzgar, pensar y argumentar desde los datos… aún a riesgo de perder el poder.

Lo que dan de sí unas declaraciones

19 de marzo de 2008. Quinto aniversario del comienzo de la Guerra de Irak. José María Aznar declara en los micrófonos de la BBC que: “El mundo es mejor sin los talibán y es mejor sin Sadam Hussein, ¿están todos los problemas resueltos? No, pero simplemente es mundo es mejor, es responsabilidad de lo líderes locales. Pero es cierto, en este momento, hoy, es menos difícil que en tiempos de Sadam Hussein, los iraquíes pueden participar en elecciones, pueden hablar libremente, existe libertad en el país, existe la posibilidad de establecer una democracia, hay mayor seguridad. No es una situación idílica pero sí es una situación muy positiva”.

Estas palabras traducidas textualmente en El País han dado como resultado titulares como éste en dicho periódico. “Aznar asegura que ‘la situación en Irak es muy buena’”.

Según la Real Academia de la Lengua, positivo significa “cierto, efectivo, verdadero y que no ofrece duda”. La misma fuente dice que algo bueno es algo “gustoso, apetecible, agradable, divertido”. Es curiosa la tergiversación de las palabras traducidas textualmente por esta misma cabecera, dado que cualquier lector puede acceder a la traducción en la misma página en la que se editorializa de esta forma. No es la primera vez que El País lo hace con la figura de Aznar.

La intención del editorialista no puede ser más clara cuando a reglón seguido de las declaraciones del ex presidente del Gobierno, al que intencionadamente se denomina Presidente de Honor del Partido Popular, dice que “al día siguiente de esta declaración, 52 personas murieron en un atentado suicida en la ciudad de Kerbala”.

En otro editorial de esta misma cabecera titulado “Un cúmulo de errores. La guerra de Irak ha llevado la muerte, la destrucción y el caos al país y a la región” se tacha al ex presidente de cínico y cómplice.

Pero la argumentación más pobre y más triste en un país que ha alcanzado cuotas de progreso como el nuestro se encuentra en algunas páginas web a las que se puede acceder desde el buque insignia de Prisa.

Bajo el título: “Aznar, el menos popular de las Azores” se puede encontrar un ranking de popularidad comparativo con George Bush y Tony Blair. Ranking que pierde el ex presidente del Gobierno por goleada. No se entiende que si el verdadero problema es la Guerra de Irak no se a George Bush quien pierda, puesto que él que envió sus tropas, e incluso Tony Blair, que también envió efectivos, mientras que España no lo hizo. Queda una vez más de manifiesto que el objetivo no es la Guerra y sus consecuencias.

También desde esas mismas páginas se facilita un acceso a declaraciones de miembros de la Plataforma Juicio contra Aznar, declaraciones vertidas por un diputado socialista por Melilla.

Se puede acceder a páginas que denigran la imagen del ex presidente del Gobierno donde se publican videos trucados y se ponen en su boca, a través de un imitador, palabras que no ha dicho para promocionar, por ejemplo, material de oficina relacionándolo con la foto de las Azores. Además, se conmina a verlo en seguida porque el mismo eslogan dice que “velo antes de que lo censuren”. Sobran los comentarios.

La portada del diario Público del 19 de marzo de 2008 también es digna de mención. Bajo el titular “Volvería a hacerlo”, se muestra a los lectores un reportaje fotográfico que no ofrece ningún género de dudas acerca de la intencionalidad del mismo: responsabilizar a Aznar directamente de todos los males de Irak y si es posible, del mundo entero.

Fotografías donde se comentan torturas que no estaban en el guión de la guerra, la subida del petróleo, la muerte de siete agentes de CNI, o que en Al Qaeda no había actuado antes en Irak. La portada se completa con estos titulares: “El ex presidente del Gobierno no se arrepiente de nada y asegura que tomó ‘la decisión correcta’. “La situación actual iraquí no es idílica, pero es muy buena”. “La gente ahora puede participar en elecciones y hablar libremente”.Aznar es fiel a la aventura que le permitió saltar a algo así como Hollywood”. “Se dio el lujo de la guerra porque no era candidato. El coste lo pagaría él y no Rajoy”.

Una vez más, se aprovecha la coyuntura para mostrar a un Partido Popular desunido, poniendo en entredicho el liderazgo de Mariano Rajoy: “Cinco años sin que el PP sepa cómo enterrar la Guerra de Irak. Los tímidos intentos de desmarque de Rajoy tienen su contrapartida en la cerrada defensa de la invasión de Aznar”.

Ni qué decir tiene que los foros abiertos a los lectores en estas páginas darían para hacer toda una antología del insulto.

Es claro que durante esta legislatura se va a abundar por el camino de demonización de media España, que a pesar de haber perdido las Elecciones Generales, ha quedado bien parado y puede ganar en cualquier momento.

El Periódico de Catalunya también ha dado amplia cobertura a la noticia del quinto aniversario del comienzo de la Guerra. De nuevo, la identificación de Aznar con la Guerra de Irak es directa. Durante varios días, su fotografía sonriente es el enlace a la información con el siguiente pie de foto: “La guerra de Irak, desde el pretexto de las armas de destrucción masiva hasta las consecuencias del conflicto”.

Si los editorialistas le conceden la importancia a esta noticia como para permanecer días en la página principal, lo lógico es que el enlace sea una fotografía de la guerra en sí, del Irak de hoy, no la de un ex presidente del Gobierno español cuyo país no participó en la Guerra. En todo caso, el icono debería ser George Bush, puesto que es el presidente del país que ha participado en la guerra directamente y de quien parte la idea y responsable de la misma.

La fotografía del ex presidente del Gobierno es el enlace a otras secciones y reportajes fotográficos que no están relacionados con el asunto, pero el morbo que suscita el tema y el personaje son lo suficientemente sugerentes como para acceder al resto del periódico a través de dicho enlace.

En su editorial: “La invasión de Irak cumple cinco años” se dice textualmente que “Resulta moral y políticamente reprobable que aún pueda encontrarse a quien, como Bush, el miércoles, o el expresidente José María Aznar, un día antes, se declara satisfecho con la situación en Irak, se ratifica en que se hizo lo correcto y confiesa que, en iguales circunstancias, volvería a hacer lo mismo. Lo cual es tanto como decir que, a partir de informaciones viciadas, por no decir manifiestamente falsas, volvería a ordenar un ataque que dio alas al terrorismo de Al Qaeda, alimentó la desconfianza del universo musulmán hacia Occidente y suministró munición propagandística a los iluminados de la bomba.”

En contraposición a este argumento, es interesante recordar unas palabras publicas en estas páginas por Rafael Bardají, experto en el tema de Irak, en las que dice recuerda que: “Es verdad que no se encontraron las armas de destrucción masiva que todo el mundo, cinco años atrás, creía que tenía Sadam. Y todo el mundo va desde Bush y Blair a Putin, Chirac, los propios generales iraquíes y hasta el mismísimo Rodríguez Zapatero, quien el Congreso no lo discutía sino que pedía más tiempo para que los inspectores le desarmaran. La doctrina oficial de la Internacional Socialista, dicho sea de paso”.

Hay que recordar que el terrorismo de Al Qaeda fue el responsable del 11S y que fue esa fatídica fecha, el detonante de la polarización entre Oriente y Occidente. De modo es que Al Qaeda hacía tiempo que volaba por sí sola sin la necesidad del ex presidente Aznar. Esto lo sabe hasta un profano en el tema.

Si uno de los argumentos clave es que la falta de veracidad de los datos hizo cambiar el curso de las cosas, éste mismo argumento valdría para denunciar el reiterado tema de los terroristas suicidas, por cuanto que dicha información, que ha quedado demostrada como falsa, también jugó un importante papel en la jornada de reflexión previa a unas elecciones generales.

Queda escenificado una vez más el hilo argumental que venimos señalando. La Guerra de Irak se está utilizando para atacar a José María Aznar y si es posible, al Partido Popular, no tanto, ofrecer la información de cómo está hoy la situación.

En un término medio, se puede englobar la postura de ABC y de El Mundo. Si bien este último muestra su total desacuerdo con la intervención en Irak, como ya lo hizo en su día esgrimiendo hasta cien motivos para no apoyar la guerra, ofrece, además de su editorial, una serie de artículos donde se comentan diferentes aspectos de la contienda y la postguerra. También publica ese mismo día las amenazas de Bin Laden.

En su editorial: “Irak, cinco años de horror” centra su atención en lo que considera los errores de Bush. Al final, se centra en la figura del ex presidente Aznar, cuyas palabras califica de “desafortunadas” al considerar que no favorece la línea marcada por Rajoy, pudiendo perjudicar al propio partido.

Este editorial demuestra que se puede estar todo lo en desacuerdo que se quiera con la Guerra de Irak, incluso con las palabras del presidente de Faes, pero en ningún momento se recurre al insulto y la descalificación para argumentar su oposición en este tema.

El editorial más acertado es el de ABC “Irak, cinco años después”, por ser el más ecuánime y objetivo. Este diario apunta tres aspectos interesantes. El primero, es que es pronto para saber las verdaderas consecuencias que la intervención militar tendrá a medio y largo plazo para los iraquíes.

En segundo lugar, señala el doble rasero con el que muchos miden este tema, que se utiliza a sabiendas de que divide a la opinión pública: “Algunos de los que se rasgaban las vestiduras poniendo en duda la legitimidad del apoyo de la ONU a la invasión de Irak, ahora han celebrado alegremente la independencia de Kosovo sin ningún aval de las Naciones Unidas. Pocos quieren recordar que las tropas norteamericanas fueron recibidas con gozo por la inmensa mayoría de los iraquíes cuando entraron en Bagdad. Que los kurdos y los chiís recuperaron entonces la libertad de existir como tales, sin miedo a ser aniquilados por el dictador; que muchos intelectuales que ahora están en la primera fila de las manifestaciones, escribieron aquellos días gloriosas odas a la libertad recobrada; que los iraquíes tienen hoy un gobierno electo y que ha demostrado varias veces con los hechos su independencia de Estados Unidos”.

En tercer lugar, habla de los logros que se ha conseguido en la zona y recuerda que los detractores tampoco serán los que resuelvan los problemas que todavía existen en la zona.

Ni una sola palabra a las declaraciones del ex presidente Aznar. Ni a favor, ni en contra, lo que demuestra que en esta oportunidad, sí que se está informando y comentando la noticia, que es lo que se conmemora en estos días.

La Razón da un paso más en un artículo publicado el domingo 23 de marzo, titulado “¿Por qué funciona, y bien, la reconstrucción en Irak?”, donde se explica pormenorizadamente cuál es la situación: “El plan de pacificación y estabilización de Irak que entró en vigor hace un año ha dado buenos
resultados. El general Petraeus ha conseguido rebajar la violencia y dar un nuevo comienzo a la sociedad e instituciones. Irak es hoy un ejemplo”.

El periodista Mauricio Sánchez Rubio explica cómo está la situación en varios frentes:

· “Negocios: La mayoría de los comerciantes iraquíes cree que mejorará la situación.
· Oro negro: El alto precio del crudo dará al Gobierno iraquí dinero para invertir.
· 2008, año clave: En estos doce meses se realizarán grandes transferencias a Bagdad.
· Control: Toda la inversión en reconstrucción está auditada e inspeccionada
· Vuelta al trabajo: La menor violencia ha permitido la vuelta al trabajo del país”.

Además asegura que el pueblo irakí tiene la sensación de que el país vuelve a tener funcionarios

Es muy significativo que este reportaje se publique en la edición dominical, dado que demuestra la intención de esta cabecera de que la información llegue al mayor número de personas. El domingo es el día que más periódicos se venden y más después de la Semana Santa, jornadas en los que las ventas bajan por motivos de descanso de los lectores. Así, la información tiene mayor potencial que si se hubiera publicado el 19 de marzo, Miércoles Santo, día de éxodo masivo de la mayoría de las vacaciones.

Tampoco hace mención alguna a la figura de ex presidente Aznar. Otro ejemplo de cómo se puede argumentar, en este caso a favor, sin caer en las pasiones del ensalzamiento o aplauso, como podría haber sido el caso.

Llama la atención cómo esta información no ha sido difundida por otros medios, cuando seguramente está accesible para todos. La respuesta está en que no sirve para el objetivo primordial que es desprestigiar al ex presidente y al Partido Popular.

Cuando la noticia es el odio

Al comienzo de este análisis se ha querido dejar meridianamente claro que su objetivo no era defender o no la Guerra de Irak, sus consecuencias entonces y ahora. El fin perseguido ha sido hacer un llamamiento a la sensatez y centrar el fondo de la cuestión, que no es otro que la figura de José María Aznar.

En opinión de quien escribe, la cuestión no es la Guerra en sí o cualquier otro asunto. El fondo del asunto está en la percepción de una parte de la izquierda más radical de considerarse moralmente la única merecedora de la confianza de los ciudadanos, no pudiendo soportar que los votantes expresen en las urnas que quieren un cambio de gobierno cuando lo desean, como ya ha ocurrido en nuestros treinta años de democracia.

El presidente Zapatero comentó hace pocas fechas que en 2012, el PSOE habrá gobernado en España veintidós de los treinta años de democracia. Ahí radica el quid de la cuestión: la espina clavada que buena parte de la izquierda lleva dentro por no haber conseguido perpetuarse en el poder, como en el caso de Andalucía, por ejemplo.

Es algo que no puede volver a ocurrir. Para ello, vale todo. Pacto del Tinell, terroristas suicidas, chapapote, Guerra de Irak, insultos y ridiculizaciones, desde los medios afines hasta en mítines electorales, educación para la ciudadanía, plataformas de afines subvencionados.

Pero sobre todo, parece ser que hay algo de lo que la gente no puede, ni debe olvidarse jamás. Hubo un hombre que fue capaz de trabajar por mostrar una opción alternativa a la que los ciudadanos pueden también votar si así lo desean, o no. Ese hombre fue José María Aznar, el que cometió la terrible osadía de descabalgar al socialismo del poder, y hacerlo razonablemente bien, con sus errores, pero más o menos bien. Un socialismo que se considera a sí mismo ungido por la Gracia de Dios para gobernar los designios de los españoles por décadas.

Ese es el gran error de hombre y el político. Ahí está el germen del odio contra media España, disfrazado ahora de Guerra de Irak… y contra José María Aznar.

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