Vencer el miedo

Adel al-Hasan, Ali Nasser Ghalij, Mahdi Hussein el-Mayahi no aparecen en los reportajes de El País y El Mundo, ni sus viudas lloran su muerte ante las cámaras de Tele 5, Cuatro o La Sexta exigiendo venganza y clamando contra Bush y los Estados Unidos. O quizá sea precisamente por esto último; la izquierda europea se muestra selectiva no sólo ante los verdugos, sino también ante las víctimas. Las lágrimas y la tragedia humana quedan para las madres que mandan a sus hijos como suicidas a volar cafés a Tel Aviv; para quienes tratan de impedírselo queda el olvido.

Los tres eran iraquíes, los tres eran policías, y los tres murieron en la jornada electoral de enero de 2005. Ese día el progresismo pacifista occidental cruzaba los dedos buscando un fracaso electoral que achacar a Bush, Aznar y Blair. ¡Cómo recordamos a sesudos analistas, valientes e independientes tertulianos, influyentes periodistas alertando de unas elecciones demasiado dependientes de los americanos! Mientras aquí hablaban de paz, en Irak hablaban de libertad. Adel, el primero de los olvidados por la izquierda, manifestaba: “Basta de desorden y caos. Nosotros los iraquíes queremos una vida mejor. A pesar de todo las elecciones deben celebrarse y más contra los terroristas. Estoy dispuesto para aceptar cualquier cosa que Dios me haya destinado”, cita nuestro autor en la pág.16. Dicho y hecho; se lanzó sobre un terrorista que se acercaba con una bomba a la cola para votar, lo alejó a empujones y murió en la explosión.

Desde 2003, miles de iraquíes han muerto por oponerse a los designios criminales alquaedistas, ante el desprecio intelectual y moral de la izquierda europea, que en cada muerte veía la ocasión de reivindicar la “paz”. Y mientras la masacre islamista en Irak continuaba, en Europa se intensificaba la persecución de quienes denunciaban los crímenes y la ideología yihadista. Hoy, el año 2008 es el año en el que más personas en Europa llevan escolta por criticar intelectualmente al islamismo, abandonar sus prácticas o simplemente convertirse al cristianismo.

Uno de los más conocidos es Magdi Allam, periodista de Il Manifesto y La Repubblica, y ahora vicedirector de Il Corriere della Sera, convertido públicamente al cristianismo hace escasas fechas, y que ahora visita España. El libro “vencer el miedo” no tiene grandes pretensiones intelectuales; más bien es un libro de testimonio. Pero de él se desprende una mirada sobre la historia reciente de Europa, su personalidad, sus riesgos y sus amenazas.

Estratégicamente, Allam denuncia cómo la despreocupación europea esconde el hecho de que en Europa, y en Italia operan células yihadistas en estrecho contacto operativo con los terroristas en Irak o Palestina; los secuestros de periodistas italianos, el análisis de las imágenes y vídeos mostrarían como “hay un doble “gabinete de dirección” detrás del terrorismo que golpea a los italianos en Irak, desde el momento en que es totalmente evidente la capacidad de interferir y condicionar la realidad interna italiana” (p.73). Personas situadas en el corazón de Europa e integradas en una maquinaria cada vez más perfecta de matar europeos.

El doble frente del yihadismo, en Europa y en Asia o África, sitúa parte de la batalla en el seno de las propias sociedades liberal-democráticas europeas. A éstas vino a parar Allam desde Egipto, y desde éstas traza en el libro su propia biografía personal e intelectual. Este libro es ante todo un testimonio vital que muestra el drama al que se enfrenta Europa a través del drama al que se enfrenta el propio autor, perseguido tanto en su país de origen como en el de destino, incluso más en éste. Son las opiniones de un musulmán moderado, convertido después al cristianismo, perseguido y amenazado de muerte en el corazón de la Europa cristiana, Roma.

Remontándose a su infancia en las calles de El Cairo, Allam dibuja un Islam de corte liberal: cines, teatros, discotecas en un Egipto abierto a la modernidad, demasiado diferente de la cada vez más fanatizada sociedad egipcia: “Hace sólo cuarenta años la situación era radicalmente diferente. El Islam era de esos contextos internacionales en cuyo interior se manifestaban e interactuaban las mismas lógicas y contradicciones presentes en el resto del mundo” (p.26). Una sociedad viva, donde el Islam no agotaba el sentir y el pensar de sus habitantes. ¿Real? Sí para Allam, al menos.

Las cosas cambiarían después, con la llegada de al-Sadat, cuando se iniciaría una progresiva islamización de Egipto, paralela a la de otros países árabes. Desde este punto de vista defendido por nuestro autor, parece romperse la teoría de la incompatibilidad entre islamismo y modernidad; su obra es un intento constante por salvaguardar un Islam de otro, una sociedad islámica viva e inquieta de una sociedad islámica totalitaria y despótica.

Este Islam es el que hoy triunfa de un lado a otro del mundo árabe. La amenaza de una umma totalitaria, en manos de fanáticos criminales, desde Marruecos a Indonesia, es real. Y la amenaza de futuras hecatombes terroristas en París, Roma, Los Ángeles o Berlín es tan cierta como las perpetradas en Manhattan, Madrid o Londres. Esta guerra total contra occidente incluye el factor cultural, ideológico, psicológico. La extensión del odio por el mundo, del desencuentro cultural, es un arma en manos de los de Ben Laden tanto como los terroristas suicidas o las mochilas bomba. Genuinamente islámica o no, es una religión del odio.

La consecuencia hoy es que “el miedo al Islam y a los musulmanes es el sentimiento más difundido en el seno de la humanidad. De modo diverso, por razones diversas, en niveles diversos, el miedo al Islam y a los musulmanes es universal” (p.23). Sentimiento que Allam considera hasta cierto punto justificado; cómo no considerarlo así en la era del horror de los vagones retorcidos en Atocha o de los miles de volatilizados en el World Trade Center.

Pero más allá de eso, Allam muestra la nostalgia de un Islam -real o imaginado- perdido. Al Islam de Hezbolah, Hamas o Ben Laden, Magdi Allam opone el Islam de los cafés egipcios, la mezcla religiosa, los pubs de moda de mediados de siglo. Islam perdido, pero no tanto: al yihadismo se le oponen también los ocho millones de iraquíes que desafiaron las amenazas yihadistas y la indiferencia progresista occidental en 2005, que acudieron jugándose la vida a depositar su voto en las urnas. Iraquíes musulmanes, pero no sólo musulmanes. Y este no sólo constituye precisamente la reivindicación de Allam en todo el libro; la religión constituye una faceta del ser humano, tan importante como se desee, pero no la única faceta del hombre.

“Cuando se relativiza el valor de la vida, la cultura de la muerte termina inerrablemente por triunfar” (p.25). De la misma manera lo expresó Benedicto XVI en su discurso de Ratisbona, que indignó tanto a yihadismo como a progresismo: toda religión que olvide el carácter sagrado de la vida humana, no es una religión, sino una aberración monstruosa. Si el Islam lo es o no, constituye motivo de discusión; lo que es incuestionable es el hecho de que el islamismo sí lo es, y de que el Islam moderado se muestra incapaz de proporcionar una alternativa cultural y estratégica.

Porque a los ojos de Allam, el Islam que se presenta como moderado, de hecho no lo es. Su carta a Tariq Ramadan (p.204) es clarificadora; éste guarda su crítica, su indignación y su queja para Europa, Estados Unidos, Israel. Y reserva sus disculpas y su comprensión para los criminales en Palestina, Iraq, Indonesia. Agasajado por la progresía europea, Ramadan participa de la ideología de criminalización y culpabilización de occidente. Constituye ejemplo viviente de la extraña alianza moral entre izquierdismo e islamismo.

Además de la crítica implacable de un musulmán (Allam) a otro (Ramadan), el autor dirige otra carta a la fallecida Oriana Fallaci. Para Allam, Fallaci comete idéntico error al cometido por el islamismo; reducir la religión islámica a guerra, violencia, yihad: “tanto tú como tus enemigos partís de una ideología cubierta por el manto de la religión y no por la vivencia de la persona” (p. 198). El autor busca afinar su propia postura; se equivocan quienes ven en el Islam una religión totalitaria y belicista, tanto para practicarla salvajemente como para denunciarla.

En el libro, Allam es claro al denunciar el hecho de que el islamismo representa una amenaza para el propio mundo islámico, millones de personas que, más o menos herederos de la cultura islámica, no la reducen a la orgía monstruosa actual. A la luz de esta idea, no demasiado desarrollada en el libro pero sí constante en él, no extraña en absoluto su reciente conversión al cristianismo; esta unidad esencial entre dignidad de la vida humana y religión es la reivindicada por Benedicto XVI en Ratisbona, y la combatida tanto por progresistas como por yihadistas. Es decir, entre quienes han criticado a Magdi Allam por su conversión y quienes lo han amenazado.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: