El «no» nacionalista a Bono avanza una legislatura tensa y sin pactos cerrados

La IX Legislatura arrancó ayer con las constitución de las Cortes y la elección de las Mesas del Congreso y el Senado. La sesión en la Cámara Baja deparó detalles importantes de lo que puede ser más tensión en la vida parlamentaria en los próximos cuatro años. El primero y más significativo de ellos es el hecho de que los socialistas no desean tener en esta legislatura el grado de compromiso que adquirieron en la pasada con los nacionalistas.

A siete escaños de la mayoría absoluta, el PSOE se permitió sacar adelante el nombramiento de José Bono como presidente del Congreso sólo con sus votos (más los apoyos de última hora de los dos diputados de CC y de Gaspar Llamazares, el único parlamentario de IU). El mensaje que se quiso lanzar fue que el grupo mayoritario no busca «contrapartidas», o lo que es lo mismo, se muestra reacio, desde el principio, a ceder a las pretensiones de las fuerzas minoritarias.
Misma táctica en la investidura
Es más, los socialistas están dispuestos a emplear la misma táctica en el debate del investidura de su líder, José Luis Rodríguez Zapatero, que se celebrará el próximo día 8 en el Congreso. Según fuentes del partido mayoritario, al PSOE no le importa que Zapatero -al igual que le ocurrió ayer a Bono- sea investido en segunda votación, que tendría lugar 48 horas después de la primera.
El segundo detalle de la sesión parlamentaria de ayer dejó claro que esa estrategia del grupo mayoritario conlleva riesgos. Para empezar, la cesión a CiU y PNV de dos puestos en la Mesa hace que los socialistas se queden en minoría en el órgano de gobierno de la Cámara. El partido de Zapatero contará con tres votos en la Mesa frente a cuatro del PP, uno de CiU y otro del PNV. Cualquier alianza de los nacionalistas catalanes o vascos -puntual o no- con el principal grupo de la oposición provocará derrotas del PSOE en el órgano clave de decisión en la vida parlamentaria. Si bien es cierto que los socialistas saben que pueden contar con el PP en los grandes asuntos de Estado.
El tercer detalle de la jornada fue que el PP -pese a su renovación- no está dispuesto a rebajar el tono en la estrategia firme de oposición que empleó en la pasada legislatura. Prueba de ello fue la decisión del partido de Mariano Rajoy de presentar por sorpresa a Ana Pastor como candidata alternativa a Bono. Conscientes de que la dirigente del PP iba a perder frente al que ya es presidente del Congreso, los populares buscaron más un golpe de efecto y un guiño a sus bases con el mensaje de que no van a pasar ni una a los socialistas. Por si queda alguna duda, el PP demostró de esa manera que no piensa abstenerse en la investidura, como hace algunas fecha pudo especularse en diversos medios.
El cuarto detalle fue que empiezan las primeras disidencias en los partidos mayoritarios. El voto secreto de la sesión puede hacer que no todos los diputados sigan la disciplina de grupo, como así pasó. El hecho de que Llamazares y los dos parlamentarios de CC reiterasen que ellos sí habían respaldado a Bono se traduce -mediante una simple resta- en que dos de los 169 parlamentarios del PSOE no votaron a su compañero socialista. También Ana Pastor tuvo dos apoyos menos en su grupo.
El quinto detalle fue que el ex ministro de Defensa pasa la historia como el primer presidente del Congreso con menos votos de la democracia reciente. Bono no fue elegido en primera votación -por mayoría absoluta- y tuvo que esperar a la segunda -esta vez, por mayoría simple- para imponerse a la candidata del PP.
Tabla rasa
El sexto detalle es que Bono quiere hacer tabla rasa con algunos de sus críticos, especialmente los nacionalistas y el histórico dirigente socialista Alfonso Guerra, para quien tuvo un guiño durante su discurso citándole expresamente. De Guerra -que la víspera se encargó de cuestionar la elección del nuevo presidente- dijo que es la «expresión más simbólica» de la «experiencia viva» de todos los que han pasado por el Palacio de la Carrera de San Jerónimo. Tras alabar la figura de Gabriel Cisneros, padre de la Constitución fallecido en 2007, se dirigió a los nacionalistas para expresar su compromiso de atender a todos, «especialmente a las minorías», porque -dijo- «nadie es más que nadie». Otra nota significativa es que Bono no habló de reformar el Reglamento del Congreso. Posiblemente sea el primer presidente de la Cámara que no se compromete a ello en 20 años.
Por último, más que de detalles hay que hablar de anécdotas. Porque anecdótica fue la postura de ERC durante la jura o promesa de la Constitución que efectuaron Sus Señorías, obligatoria para adquirir la condición de diputado. Rememorando a los batasunos durante los primeros años de los 90, los tres parlamentarios independentistas catalanes añadieron la coletilla «por imperativo legal». Por su parte, Llamazares dijo: «En nombre de 800.000 votantes, prometo».

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