El Ebro tiró al mar en cuatro años lo que Barcelona necesitaría en un siglo

Del deshonroso «ni una gota de agua del Ebro para el Levante» expuesto por el entonces presidente de la Generalitat Pasqual Maragall, a la propuesta de su sucesor, José Montilla, de trasvasar agua de un afluente del Ebro, el Segre, ha llovido poco por culpa de la sequía, pero han pasado más de cuatro años durante los que se habría acabado el trasvase del Ebro y no se hubieran dejado escapar miles de millones de litros de agua potable. Tantos que con el trasvase acabado, Barcelona tendría agua de beber, para regar y para las piscinas asegurada para 100 años, pues necesitaba 190 hectómetros cúbicos anuales extras para garantizar sus necesidades. Y se pierden casi 19.000.

El gran problema es que la cuestión del agua en España ha acabado en manos de políticos manejados por ecologistas y advenedizos, según los especialistas. Así nos encontramos con que los mismos políticos catalanes que se opusieron al trasvase del Ebro previsto por el derogado PHN de 2001, buscan ahora soluciones. En su contradicción, han propuesto transportar agua por barco desde la desaladora de Carboneras (la desértica Almería) a Barcelona, con unos costes espectaculares, más caro en algún caso que si se la compraran a las más conocidas marcas de agua mineral. En la misma línea han ofrecido realizar el transporte por tren… Pero, el gran objetivo de la Generalitat, mantenido oculto hasta hace poco por intereses electorales, es el de completar un trasvase desde el Segre, a lo que se opone el presidente del Gobierno, Rodríguez Zapatero.
El ingeniero de Caminos Juan Guillamón se indigna: «Se negaban a realizar un trasvase desde la desembocadura del Ebro y ahora lo quieren hacer desde la cabecera de uno de sus afluentes. Estamos en un país de locos. Y encima aseguran que sería temporal ¿Pero saben lo que puede costar? ¡Un dineral! Hay que colocar una bomba para salvar la Sierra del Cadí, recorrerla, superar el túnel del Cadí, instalar más de ocho kilómetros de tuberías ¡Si necesitan agua, que la cojan del Ebro, que le sobra!».
«Aquí, el gran problema -apunta- es la ministra Narbona, tan inteligente como perversa. España necesita el trasvase del Ebro, pero mientras ella siga no se hará nada. Está en manos de los ecologistas».
«Se están cosechando los efectos de haber derogado el trasvase del Ebro». Se refiere Guillamón al riguroso estudio que ha realizado basado en datos oficiales y que demuestra que en el último cuatrienio «se han desperdiciado más de 18.970,56 hectómetros cúbicos». (Cada hectómetro es un millón de metros cúbicos).
Según estos cálculos y dando por buenos los datos oficiales que indican que, de 2004 a 2007, el Ebro ha aportado al Mediterráneo 36.000 hectómetros de agua, «la conclusión objetiva y científica es que se ha desaprovechado una cantidad de agua que equivaldría al abastecimiento de más de diez veces la población mundial durante un día», apunta Guillamón.
Tan asombrosa cifra se obtiene a partir del dato facilitado por Medio Ambiente según el cual el caudal ecológico necesario para el mantenimiento ambiental del Delta del Ebro es de 135 metros cúbicos por segundo. Es decir 4.257,36 hectómetros cúbicos al año, 17.029,44 en el cuatrienio citado. Restando esta cantidad a los 36.000 hectómetros vertidos se alcanzan los 18.970,56 hectómetros desperdiciados.
Los datos son más llamativos cuando se comparan con las cantidades de agua que el frustrado trasvase del Ebro hubiera detraído del río en estos últimos cuatro años: sólo 4.600 hectómetros. Es decir, que incluso con la obra, se hubieran seguido aportando al mar, para muchos desperdiciando, 14.370,56 hectómetros.
Un Plan Nacional del Agua
Por ello, los auténticos expertos del agua en España, los ingenieros de Caminos, piden cordura, una planificación y que el problema deje de ser una cuestión política. Su presidente, Edelmiro Rúa, recuerda que «antes de las elecciones enviamos una carta a Zapatero pidiéndole un consenso entre los dos grandes partidos para que se realizara una Política Nacional del agua. Hasta el momento, sólo hemos recibido la callada por respuesta».
El problema del agua necesita despolitizarse, como demuestran las explicaciones de Rúa: «La cantidad de agua que necesitan todos los españoles para su consumo es menor que el caudal ecológico del Ebro. Sólo ese caudal son más de los 3.000 hectómetros cúbicos de agua que podríamos consumir todos los habitantes a 150 litros habitante y día, una cantidad respetable. El problema no es que nos falte agua, es que está mal repartida. Sólo con el agua sobrante del Ebro se acabaría con la sequía en toda España».
Rúa se atreve a dar la solución: «Lo que hay que hacer es una planificación, con todo el mundo de acuerdo para estudiar de dónde hay que recoger agua, adónde hay que llevarla y cómo sería más rentable».

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