La progresiva descomposición del Líbano

El asesinato el pasado 12 de diciembre del Director de Operaciones Militares de las Fuerzas Armadas libanesas y número dos de las mismas, el General de Brigada François El Hajj, quien iba a suceder al frente de la institución militar al General Michel Suleiman, este último principal candidato a la Presidencia del país, es un ejemplo más de los múltiples ataques, acentuados en los últimos meses, que sufre la estabilidad del “País de los Cedros”. El 17 de diciembre el Parlamento libanés volvía a aplazar, por novena vez, la elección del Presidente, puesto vacante desde la expiración del mandato del también cristiano como El Hajj y prosirio Émile Lahoud el 24 de noviembre. Aparte de ocupar la Presidencia lo que se dirime ahora dentro del Líbano es el modelo político para el futuro, con cuestiones tan complejas como la formación de un nuevo Gobierno y el reparto de su titularidad y de sus carteras entre las distintas comunidades – el reparto de los altos cargos entre estas obedece aún hoy a las reglas fijadas sobre la base del desde hace largo tiempo obsoleto censo de 1932 – y todo ello con el horizonte previsto de elecciones legislativas en el verano de 2009.

Un país descabezado

La vacante en la Presidencia podría alargarse según algunos expertos hasta mediados de marzo de 2008 a la luz de la división de la clase política libanesa, división que en caso de acentuarse podría también dar al traste con un período de estabilidad relativa que el país ha disfrutado en los últimos 17 años. Dado que a partir del 31 de diciembre de 2007 se clausura el Parlamento y este no se vuelve a reabrir hasta mediados de marzo de 2008 algunos vaticinan un escenario de inestabilidad creciente que podría incluso desencadenar una nueva guerra civil como la que asoló el país entre 1975 y 1990.
Resumiendo mucho una realidad política y social harto compleja el Parlamento estaría dividido hoy en dos bandos: el que apoya a la mayoría gubernamental y que encabeza el suní Saad Hariri junto a líderes cristianos como Samir Geagea, por un lado, y el opositor que agrupa a los shiíes de Amal y de Hizbollah coaligados con el ex-General cristiano Michel Aoun por otro. El primer bando, conocido como la Alianza 14 de Marzo, sería ferviente defensor de la independencia libanesa y, en consecuencia, rabiosamente antisirio, mientras que el segundo seguiría fielmente los dictámenes procedentes de Damasco. Como para elegir Presidente es necesario contar con el apoyo de dos tercios de la Cámara y esta está tan profundamente dividida es difícil vislumbrar una salida al vacío presidencial actual que, dicho sea de paso, es la primera vez que se produce en toda la historia del Líbano. Estos son algunos “a prioris” para entenderse en la arena política libanesa pero conforme se profundiza en ella la situación real se hace mucho más compleja.

Líbano sufre sus propias contradicciones internas agudizadas por las que vive su entorno circundante desde hace largas décadas. Si el país vivió bajo tutela política y militar siria hasta que la aplicación de la Resolución 1559 del Consejo de Seguridad de la ONU obligó a las tropas de Damasco a marcharse en 2005, el régimen de Bashar Al Assad no ha dejado de influir en los dos últimos años en el mismo: de forma bien visible a través de su aliado Hizbollah y de otra forma más sutil y letal a través de la eliminación física de personalidades públicas del país. De entre ellas destaca el asesinato en Beirut, el 14 de febrero de 2005, del ex-Primer Ministro libanés Rafik Hariri.

Siria está enfrentada dentro del mundo árabe con Arabia Saudí en lo que al futuro del Líbano respecta. Comprometido como ha estado el régimen saudí con la estabilidad del pequeño Estado mediterráneo – los Acuerdos que pusieron fin a la Guerra Civil libanesa se firmaron en la localidad saudí de Taef y fueron el resultado de un enorme esfuerzo diplomático de Riad – abomina de la forma en la que Damasco sigue actuando en Líbano, apoyándose para ello en instrumentos shiíes locales como Hizbollah o Amal y en su alianza con la República Islámica de Irán.

Los principales actores en presencia

Cabe destacarse que aunque el asesinato del General El Hajj ha llevado a diversos actores internacionales – con los EEUU y Francia a la cabeza – a intentar desbloquear la situación interna libanesa, esta sigue su propia lógica que con frecuencia lleva al desaliento a tantos observadores internacionales.

Una vez afirmado que es notoria la escasa influencia de Occidente en la política cotidiana libanesa – tanto de la ya única superpotencia, los EEUU, como de la que otrora fuera potencia colonial y en gran medida responsable de la existencia de Líbano como Estado independiente, Francia – es importante detenerse en algunos actores locales tras recordar la impronta de Siria y la influencia de Irán. Por un lado, la actuación de los poderosos servicios de inteligencia sirios, dirigidos por el General Schawkat, no se ha reducido en suelo libanés desde la evacuación militar de 2005 propiciada por la Resolución 1559 impulsada por Washington y París sino más bien todo lo contrario. La presencia y arrogancia siria con respecto a Líbano ha venido siendo tal que incluso Damasco ha evitado abrir Embajada en Líbano por considerar tradicionalmente al país como su “domain réservé” y parte integrante de la Gran Siria y por contar con los suficientes instrumentos de actuación e influencia sobre el terreno. En lo que a Irán respecta, la República Islámica actúa en suelo libanés a través de su principal instrumento, el Partido de Dios (en adelante, Hizbollah), creado por inspiración de Teherán a principios de los años ochenta del siglo XX y que ha tenido como prioridad convertirse en un instrumento de combate contra el Estado de Israel y contra la presencia de este en el sur del Líbano, iniciada en 1978 y reforzada con la invasión de 1982 y a la que se puso fin con la retirada del año 2000.

Hizbollah es un actor no estatal que cada vez cuenta más en Oriente Próximo y Oriente Medio. Provocó un enfrentamiento con el Tsahal israelí en el verano de 2006, ha interactuado con grupos violentos en escenarios árabes como Irak a partir de 2003 e incluso y según algunos analistas en Somalia apoyando a la Unión de Tribunales Islámicos en 2006. Aparte de ser una organización terrorista tanto para Israel como para los EEUU – aquí la Unión Europea (UE) y sus Estados miembros no tienen la claridad de ideas que sí tienen en cambio respecto al caso del Movimiento de Resistencia Islámica Hamás palestino – Hizbollah es partido/movimiento político en Líbano, con presencia visible en el Parlamento y hasta hace algún tiempo con varias carteras en el Gobierno de coalición. Su labor asistencial es bien conocida, en la línea del papel jugado en temas humanitarios y sociales por los islamistas en escenarios tan alejados como Pakistán o Egipto por citar sólo a algunos. También es importante destacar que ha jugado y juega un papel marcadamente desestabilizador no sólo con sus ataques contra Israel – que aunque aún está por demostrar con una sentencia firme podría incluir también los dos atentados terroristas ocurridos en Buenos Aires en los años noventa que provocaron casi un centenar de muertos – o que ha participado en actividades ilícitas como la producción de drogas en el Valle de la Bekaa. Hizbollah se apoya en su fuerza militar y en el peso demográfico de la comunidad shií – hoy ya la primera en Líbano – para exigir un mayor protagonismo político en el país, y lo hace a través de perfeccionados medios de comunicación como su cadena de televisión “Al Manar”, perseguida en suelo europeo por su apoyo al terrorismo por países como Francia, e incluso por su propio “think tank”, el Centro Consultivo de Estudios y Documentación del Líbano dirigido por el sociólogo Alí Fayad, que está consiguiendo hacerse escuchar incluso en círculos políticos e intelectuales de Occidente. Hizbollah es tan poderoso, y en especial en el sur del país donde su responsable militar es Nabil Qaouk, que incluso en sus manos está la seguridad del contingente internacional – que cuenta con 1.100 efectivos españoles -, desplegado en el sur del país en septiembre de 2006 en aplicación de la Resolución 1701 del Consejo de Seguridad de la ONU tras el repliegue del Tsahal a suelo israelí: la aclaración del asesinato de seis cascos azules españoles el pasado 24 de junio en una zona bajo claro control de Hizbollah, unido a la crisis política y creciente crispación que se vive en todo Líbano, pesa como una losa en la labor cotidiana de unas fuerzas internacionales que también tienen como misión fijada por el Consejo de Seguridad de la ONU, no lo olvidemos, el contribuir al desarme de la poderosa milicia shií en la medida en que la Resolución 1701 prohíbe el establecimiento de todo personal armado en la zona sur aparte de las Fuerzas Armadas libanesas y de las de la FINUL II. El 8 de enero tres soldados irlandeses de FINUL II resultaban heridos tras estallar una bomba al paso de su vehículo a la entrada de Sidón, en el sur del país, dificultando aún más la misión que a partir del presente 2008 deberá dirigir el General de División español que reemplace al italiano Claudio Graziano. El mismo 8 de enero Israel protestaba ante el Consejo de Seguridad de la ONU por el lanzamiento ese día desde Líbano de dos cohetes Katyusha recibidos en Shlomi, en la Galilea Occidental.

Hizbollah se apresuraba el pasado 12 de diciembre a condenar el asesinato del General Al Hajj, a quien calificaba de patriota y de quien muchos medios recordaban tanto su oposición a la invasión israelí como su papel dirigiendo hace pocos meses las operaciones militares que llevaron a eliminar la resistencia de los yihadistas salafistas de Fatah Al Islam en Nahar El Bared. No hay que olvidar que, en su enfrentamiento con el Ejército libanés entre mayo y agosto de 2007, los yihadistas salafistas acabaron con la vida de 160 soldados. Efectivamente hay que reconocer que el asesinato del neutral Al Hajj no tiene similitudes con los nueve ocurridos desde que fuera asesinado el ex-Premier Hariri hace dos años – aunque este tipo de crímenes se iniciaron ya en octubre de 2004 -, y que tuvieron como objetivos a destacadas figuras antisirias como los diputados Bassel Fleijan,Yibran Tueni, Walid Eido, Antoine Ghanem, al también diputado y Ministro de Industria Pierre Gemayel, al líder político George Hawi o al periodista Samir Kasir. Por ello, el asesinato de Al Hajj ha pasado a engrosar la lista de las especulaciones donde aparecen los casos en principio difíciles de esclarecer como el de nuestros compatriotas asesinados el pasado 24 de junio. Abundando en sus frecuentes teorías conspiratorias Hizbollah achacaba la acción a Israel, como también lo hacía el régimen sirio, acusando al enemigo útil al que se suelen adjudicar todas las acciones violentas posibles. Siempre según Hizbollah serían los servicios de inteligencia estadounidenses e israelíes los que estarían empeñados en lograr una división (fitna) entre dicho grupo y las tropas internacionales de la FINUL II para lograr desprestigiar al primero. Frente a tales delirios, y también frente al recurso fácil de adjudicar cualquier atentado dudoso a los yihadistas salafistas locales o incluso a la red Al Qaida, no estaría de más preguntarse, al menos como hipótesis de trabajo, si el reforzamiento de las Fuerzas Armadas libanesas, que figuras en alza como el General Al Hajj simbolizaban, no crea preocupación a milicias sectarias tipo Hizbollah o incluso al tradicional hegemón del Líbano, Siria. Este último ve sus posición regional debilitada tras el ataque israelí del pasado 6 de septiembre contra instalaciones que iban a albergar un complejo nuclear y tras los escasos resultados conseguidos por el régimen de Damasco en la Conferencia Internacional de Annápolis del pasado 27 de noviembre. Al Hajj, formado en academias militares de Italia y de los EEUU, había dirigido el despliegue de las Fuerzas Armadas libanesas al sur del río Litani tras el enfrentamiento de 2006 entre Israel e Hizbollah, introduciendo con ello al instrumento que es garante último de la unidad de la República Libanesa y prácticamente la única institución neutral que queda en el país en un terreno que viene siendo propiedad de Hizbollah, un auténtico estado dentro del Estado libanés que incluso se permitió exigir al Ejército, aunque infructuosamente, no tomar al asalto el campo de refugiados palestinos de Naher El Bared.

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