Un equipo de riesgo por nombres y estructura

El PSOE se mueve entre el estupor y la perplejidad al conocer el nuevo Ejecutivo

¿Un Gobierno de riesgo? Sin duda. La apuesta de José Luis Rodríguez Zapatero es atrevida donde las haya. Lo dicen propios extraños. Y no tanto por las nuevas caras o los destinos, que también, sino por la nueva estructura. ¿Motivos? Hay varios.
Uno, la desaparición del Ministerio de Agricultura, cuyas competencias pasan a una cartera que recibe el nombre de Medio Ambiente, Medio Rural y Medio Marino, lo que en el mundo agrario se ha entendido como «una declaración de guerra».
Dos, la anexión del departamento de Asuntos Sociales en un macroministerio que asume la política social, la educativa y la de juventud. Muchos pensaban que el desarrollo de la ley de dependencia merecía por sí misma una cartera.

Y tres, la creación del Ministerio de Igualdad, que aun entendiéndose como un gesto político de carácter pedagógico, se acoge con reserva al entender que no desarrollará una política transversal. Sus competencias son limitadas y eso ha causado malestar.
Eso, por no hablar de la sorpresa tanto en el PSOE como en las organizaciones de mujeres el nombre de la ministra, una jovencísima andaluza de 31 años, vinculada a Manuel Chaves, pero sin predicamento en el mundo de la igualdad y el feminismo. «Es nuestra gran apuesta. La igualdad es la esencia de nuestro proyecto político, si fallamos en esto, fallamos en todo», decía ayer un destacado miembro del Ejecutivo.
Un rehabilitado
Ya metidos en las caras y los nombres, el de Bibiana Aido no es el único que ha dado motivos para el análisis y la reflexión nada más conocer el Gobierno. También está el de Miguel Sebastián, amigo personal de Zapatero, al que el presidente «rehabilita» para la primera línea, apenas un año después de que fuera «humillado» en las urnas por Gallardón, y de que su nombre pasara a la historia de la política española como el primero que utilizó para la confrontación partidista la «vida privada» de un adversario.
Además de regresar a la primera línea, Sebastián vuelve, y vuelve acompañado y con mucha capacidad de influencia sobre las decisiones del presidente. Hay dos nombres de los cinco nuevos que llegan que se asocian directamente al que fuera director de la oficina económica del presidente.
Al margen del PSE
El de la ministra de Vivienda, Beatriz Corredor, con un currículum tan estelar como su inexperiencia política y gestora, y el de la donostiarra Cristina Garmendia para la cartera de Innovación y Ciencia. Este último, que se intentó asociar a la cuota territorial del PSE, es un nombre ajeno por completo al socialismo vasco, donde no tenían conocimiento de Garmendia y donde no ha gustado que el presidente desechara todas sus sugerencias. La salida de Jesús Caldera merece una crónica aparte.
De momento, diremos que deja el Gobierno para crear una especie de macrofundación del PSOE, que se instala en la calle Ferraz, y que él cree que está llamada a repensar el socialismo del siglo XXI. La continuidad del bronco Bermejo y de la polémica Magdalena Álvarez tampoco se ha entendido bien en algunos sectores.

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