Europa no aprende ni recuerda: 20 años de “Los Versos Satánicos”

En septiembre de 1988 el novelista inglés de origen indio Salman Rushdie publicó Los versos satánicos. Cinco meses después pesaba sobre su cabeza una condena a muerte decretada por el Ayatolá Jomeini. El jefe espiritual del Irán de la revolución islámica, que había disfrutado del exilio en París, así lo había decidido.

¿Qué pasó entonces que resulte ejemplar ahora?

Daniel Pipes contó en su día el argumento de la novela y las razones del escándalo para el Islam. Dos personas salvan extrañamente sus vidas después de caer de un avión en vuelo. Después de este suceso uno de los caídos se cree el Arcángel San Gabriel, y el otro Satán. Siguen acontecimientos de una especie de realismo mágico. En una de esas ensoñaciones se recuerda un momento de la vida del Profeta, en que se produce el episodio de los versos satánicos.

Un año después de la aparición pública de Mahoma se ve obligado a convencer de la nueva fe a los poderosos que entonces habitaban La Meca. Estas gentes creían en dioses y diosas, ejemplo del politeísmo con el que el Islam iba a terminar, y propusieron a Mahoma una suerte de acuerdo. Si les permitía seguir contando con la protección de sus patrones, ellos se acercarían a él. Vienen entonces los versos de la discordia, en los que Mahoma se refiere a las tres diosas más conocidas del lugar:

¿Has pensado acerca de Lat y Uzza
Y Manat, la tercera, la otra?

En este instante se supone que Satán distorsiona las palabras del Profeta y le hace decir:

Ellas son las aves ensalzadas
Y su intercesión es ciertamente deseada

Esto satisfacía a los hombres de La Meca. el Islam no era tan monoteísta ni tan radical, y, probablemente también a Mahoma que obtendría beneficios de estas tribus dominantes.

Pero Gabriel fue a Mahoma y le dijo que el diablo le había puesto esos versos en la boca. La versión definitiva del Corán sobre el asunto, dice algo así:

¿Has pensado acerca de Lat y Uzza
Y Manat, la tercera, la otra?
Acaso El ha de tener hijas y tú hijos
¡Esa división sería conveniente!
Estos no son más que nombres que tú
Has soñado; tú y tus padres.
Alá no reconoce autoridad en ellos
Sólo proceden de la conjetura y de los deseos
Pues el camino ya les había llegado
De su Señor

Ya era bastante grave que fuera el propio Mahoma quien hubiera pronunciado las palabras conciliadoras en función de su propio interés, pero era peor que fuera él mismo quien las cambiara en el texto sagrado, pues esto daba a entender que ni le fue dictado por Gabriel, ni es la palabra de Alá. Hay más, la traducción al árabe del título Los Versos Satánicos, subraya que se trata de versos del Corán y transmite la idea de que el libro entero es inspiración, no ya divina, sino diabólica.

La novela en sí – el autor ya había ganado por entonces algún premio y vendido bastante con otro libro precedente – entrelazaba tres historias: la de los personajes que caen del jumbo, junto con el sueño sobre la vida de Mahoma, y un pueblo musulmán de la India que sigue a una mujer santa en la esperanza de que abra las aguas del mar arábigo y puedan llegar a La Meca, lo que, al no suceder conlleva que casi toda la población perezca. Vamos, que nada nos sorprende porque estamos habituados al Secreto, El Código Da Vinci, Ángeles y Demonios y demás joyas bestsellers, pero cualquier parecido con Walter Scott o Rudyard Kipling era pura coincidencia. A mayor abundamiento, Rushdie era un representante de la progresía anglosajona, al que en ese mismo libro le parecía nazificante la vida en Nueva York, y que llamaba a la primera ministra Thatcher, hoy baronesa, Miss Tortura. La simpatía que se podía sentir por el personaje era escasa.

Hete aquí, sin embargo, que apenas publicado el libro se comienzan a producir disturbios en Pakistán y en la India, muriendo diecinueve personas. Se escenifican varias quemas de libros en un par de pueblos de Inglaterra con alta proporción de islámicos. Como colofón, el supremo líder iraní declara el 14 de febrero de 1989 que:

El autor del libro Los Versos Satánicos – que ha sido editado, impreso y publicado en oposición al Islam, al Profeta y al Corán – y todos aquellos implicados en su publicación a sabiendas de su contenido, quedan sentenciados a muerte.

Lo que a partir de ese día sucedió en las cancillerías occidentales es la demostración del grado – limitado – de nuestra valentía y la firmeza – escasa -de nuestras convicciones.

Durante una semana hubo silencio. Luego, el secretario de Estado americano Baker – recientemente recordado por su participación en el Iraq Sudy Group que propugnó sin éxito la retirada – dijo que la sentencia era lamentable. Se sucedieron seguidamente manifestaciones, vaya, lamentables, por parte de varias autoridades de distintos países, hasta que Japón batió el récord en la escala del melindre: Mencionar y fomentar el asesinato no es algo que deba alabarse. Efectivamente.

Con el tiempo y ante las crecidas huestes iraníes que insistían en su empeño, aunque abrían la puerta a la comprensión si Rushdie se retractaba, las reacciones europeas se hicieron aún menos efectivas.

Así, la Comunidad europea decidió retirar a sus embajadores en Teherán, para, un mes después, hacerlos volver. Tal contundencia debió dejar estupefactos a los ayatolás que, ciertamente, no volverían a hacer nada que arriesgase una acción de tal calibre. Aunque de hecho declararan que los representantes volvían humillados. El propio ministro de exteriores de Thatcher, y ella misma, mientras sacaban a toda su delegación en Teherán sin llegar a romper relaciones – un caso nunca visto de sí pero no –, manifestaban que Rushdie era un ser muy ofensivo. Con ser cierto, quizá no era el momento para halagar los oídos de la clerocracia de Teherán frente a aquél ciudadano británico cuya vida precisamente amenazaban.

Rushdie, cansado de tanto jaleo, emitió una declaración en la que se echaba para atrás de lo que los iraníes habían entendido por molesto. Esperando que con ello se quitaría de encima el sambenito, y aun la condena, se quedó frustrado. Para Jomeini la penitencia era insuficiente y la fatwa siguió vigente.

El gran problema, sin embargo, procedía del hecho que los europeos y occidentales en general no entendieron porqué se habían ofendido tanto algunos sectores extremistas y porqué habían llegado a amenazar de muerte a un ciudadano extranjero. A pesar de todos los mensajes antecedentes del radicalismo islámico al menos desde los 70, no quisieron ver lo que tenían ante sus ojos.

La misma ignorancia, agravada por el transcurso de veinte años con no pocos acontecimientos significativos, hace que nuestras instituciones favorezcan el fanatismo mientras pretenden hacernos creer que su intención es comprender al Islam. Esta actitud tiene el contraproducente efecto de dañar a los más moderados, dando carta de naturaleza e incrementando la importancia de los más intransigentes.

El párrafo explicativo en la materia es de Pipes:

Su posición (la de Jomeini y otros fundamentalistas) está basada en una especie de silogismo: los musulmanes fuertes viven plenamente los preceptos de su fe; los musulmanes fueron antaño fuertes, pero son hoy débiles; por tanto, los musulmanes son débiles porque no viven en estricta observancia del Corán y los preceptos del Islam. Si así lo hicieran, la conclusión es que reconquistarían la fuerza de siglos pasados.

¿Qué es lo que se opone a tal propósito?

La seductora cultura de Occidente, la que durante dos siglos ha atraído a los musulmanes alejándolos de una adhesión estricta a los requisitos de su fe. De ahí que los musulmanes deban iniciar una batalla contra la civilización occidental.

Por de pronto, la primera acepción del demonio en el Islam es la de seductor, carácter que se atribuye ahora a Occidente. El resentimiento se dirige no sólo hacia el colonialismo que el mundo musulmán comparte con otros, sino a la evaporación de la religiosidad que, desde el punto de vista de Jomeini y sus seguidores, empezaba a ser una clara tendencia en el Islam antes de 1978.

De modo que para que dos riñan, basta con que uno quiera, y contra el seductor – Occidente – todo vale pues es Satán, contra el que los radicales están en guerra. No les importa en exceso que se reconozca o no tal cosa.

En esta guerra de humillaciones resentidas y poderes perdidos, la revolución islámica de Irán ganó la primera contienda:

Ciertamente, el edicto de Jomeini logró algo destacable. A lo largo de todo Occidente (y en otros sitios), introdujo un temor sin precedentes que afectó a las figuras públicas. Súbitamente temas tales como Salman Rushdie, Los Versos Satánicos, Irán e Islam se vieron impregnados de una especial delicadeza y sujetos a una oficiosa censura. En algunos casos, se reprimieron obras de arte ofensivas; en otros, sencillamente, no se manifestaron pensamientos privados.

Cuando se advierte hasta qué punto este poder recobrado del Islam radical responde a un plan histórico es cuando más se lamenta la ignorancia, o miedo, con el que reacciona Occidente.

Bernard Lewis en El retorno del Islam, dice:

En el siglo XVIII, cuando, bajo el impacto de las victorias austriacas y rusas contra Turquía y los éxitos británicos en la India, los musulmanes empezaron a darse cuenta de que ya no eran el grupo dominante en el mundo, sino que, por el contrario, estaban siendo amenazados en sus propios territorios por una Europa expansiva, las únicas respuestas realmente vitales fueron movimientos reformistas religiosos, tales como los Wahabíes en Arabia…

La consagración de esta tendencia en el siglo XX, llevó a fundar en Egipto la Hermandad Musulmana en la segunda década del siglo. Se expandió por los países arábigos. Por su parte, movimientos similares surgieron en Irán, como los Devotos del Islam, a mediados de siglo. Pero este alineamiento religioso militante no se limitó a movimientos sociales, sino que los gobiernos, incluidos algunos declaradamente seculares, respondieron con el mismo instinto a tiempos de crisis.

El ejemplo que pone Lewis es el pan-islamismo adoptado como copia del pan-germanismo y pan-eslavismo, que a finales del siglo XIX afectó al Imperio Otomano, que lo usó para movilizar a la opinión musulmana en defensa de una situación comprometida.

Desde el principio el pan-islamismo era de dos tipos – uno oficial y promovido por este o aquél gobierno islámico a la búsqueda de sus propios objetivos; y el otro, radical, generalmente acompañado de doctrinas sociales revolucionarias y dirigido por alguna personalidad religiosa más o menos carismática, con o sin el apoyo de algún gobierno.

Y la conclusión, es la siguiente:

El Islam, desde su inicio es una religión de poder, y en la visión del mundo musulmana es correcto y adecuado que el poder sea ocupado por musulmanes y sólo por musulmanes. A otros se los podrá tolerar, incluso con la benevolencia del estado musulmán, siempre que reconozcan claramente la supremacía musulmana. Que los musulmanes gobiernen a los no-musulmanes es correcto y normal. Que no-musulmanes gobiernen a musulmanes es una ofensa contra las leyes de Dios y la naturaleza, y esto es tan cierto en Cachemira, Palestina, Líbano o Chipre. De nuevo aquí debe recordarse que el Islam no está concebido como religión en el sentido limitado de Occidente, sino como una comunidad, una lealtad y una manera de vida – y que esta comunidad islámica todavía no está recuperada de la era traumática en la que los gobiernos musulmanes y sus imperios fueron derrocados y los pueblos musulmanes sometidos por la fuerza al dominio infiel y extranjero.

Produce por ello enorme lástima oír a Federico Lombardi hablar vagamente en nombre del Vaticano en respuesta a unas todavía presuntas declaraciones de Bin Laden. En ellas se supone que el jefe terrorista amenaza a Europa, por la republicación de las viñetas danesas, y al Papa, por… qué sé yo de una nueva Cruzada. Resulta que si por un lado rechaza la advertencia, le falta tiempo para decir que la libertad de expresión no incluye el derecho a ofender.

Lo que no incluye es el derecho a calumniar o vulnerar el honor, pudiéndose recurrir al amparo de una autoridad judicial. Pero menos aún incluye el derecho a amenazar de muerte por hablar, escribir o pintar garabatos.

Entretanto, se celebra el quinto aniversario de la invasión americana de Irak, y el terrorista más peligroso del mundo a quien reprende es a Europa. Que es quien ha pronunciado los versos satánicos, léase conciliadores, pretendiendo apaciguar a los señores dominantes, pues bien:

Alá no reconoce autoridad en ellos
Sólo proceden de la conjetura y de los deseos

Tan difícil es que Europa se limite a recordar, para que lo escuchen los musulmanes con los que convivimos, y los de fuera:

Tienen ustedes el derecho a protestar oralmente, por escrito, en los tribunales y a manifestar su descontento. Defenderemos la libertad: de pensamiento, expresión y de culto de nuestros ciudadanos, sin tolerar amenazas de muerte. Aplicaremos la Ley vigente, a todos, por igual, sin negociarla.

Otra cosa equivale a mostrar a la mayoría supuestamente pacífica que no puede contar con la fuerza de la ley, y abandonarla ante la minoría fanática. Es la política que venimos practicando, cuya formulación más precisa corresponde a Groucho Marx: Estos son mis principios, si no le gustan,… tengo otros.

Veinte años después no se ha aprendido la lección y se convierte en cada vez más heroico pronunciar el corto párrafo que hay que decir. En cuanto a nuestros semejantes, es un decir, harán cada vez más culpable al que hable, de los atentados que contra él se dirijan. Jomeini, como el Cid – qué paradoja – seguirá ganando batallas después de muerto.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: