El Gobierno contra el Estado

No nos cansaremos de repetirlo: lo que la derecha española tiene enfrente hoy en día no es un proyecto político normal. Zapatero está inmerso en un proyecto de cambio de régimen. Qué tiene en la cabeza o en qué está pensando es algo que no sabemos, pero sí sabemos algo: ZP de socialdemócrata no tiene nada, y con la connivencia de unos, la cobardía de otros y la retirada de unos más, ha convertido al PSOE en una izquierda radical. Una izquierda que en lo que está pensando es en superar el régimen constitucional español para meternos en otra cosa.

Por un lado, en el aspecto nacional, España camina hacia una confederación. El triste espectáculo de la apropiación del agua, de unas comunidades enfrentadas a otras, es propio de un país en descomposición. Esta descomposición no se inició con Zapatero; él simplemente la ha acelerado, y ha aceptado con gusto encabezar el desguace. Considera al Estado un ente conservador y anticuado, contra el que debe actuar. Así que desde el Gobierno se está dedicando a desarmarlo. Puede parecer una locura, pero desde un punto de vista ideológico-radical, resulta de lo más natural.

Por otro lado, el aspecto institucional. En el proyecto de Zapatero la derecha está deslegitimada para gobernar. A él, las sutilezas ideológicas le importan bastante poco. Su proyecto incluye mantener a la derecha permanentemente alejada del poder real. Y también incluye acabar con las instituciones que considera conservadoras; la iglesia, el ejército, el mercado, el poder judicial. Sobre todos ellos va a pasar el rodillo ideológico.

Así las cosas, conviene no engañarse. La izquierda española, a excepción quizá de UPyD, no tiene nada que ver con la izquierda europea. En los países de nuestro entorno, el Gobierno tiene como primera función garantizar, cuidar y proteger al Estado, sus instituciones y resortes. En democracia, las reformas y propuestas no afectan a los fundamentos básicos de la convivencia. Pero en España no es así.

La derecha puede desangrarse en sutilezas ideológicas. Pero no puede perder de vista que tiene enfrente un proyecto contrario al constitucionalismo europeo y americano. Una especie de república confederal, de corte populista, inaceptable desde el punto de vista liberal, libertario o conservador. Y desde el Gobierno, está llevando a cabo las reformas necesarias del Estado para acabar con él. Resulta inaudito, pero es así; con Zapatero, el Gobierno se ha lanzado contra el Estado. Veremos quien triunfa.

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