LA MODELO II.1992 ( Carcel de Barcelona )

Una suerte la aparición de Don Jesús el primer día de “Periodo” ofreciéndome trabajo en el economato de la Cuarta. Ni soñar los “destinos” (trabajos) de 1981, en economatos se doblaron los funcionarios, siete u ocho, y ningún preso en las oficinas del Central. Un trabajo significaba, reunidas otras circunstancias, reducir la condena un tercio. Entre redenciones ordinarias y extraordinarias y la libertad condicional, seis años de condena podían reducirse a dos años y medio, y con un tercer grado y “sección abierta” mucho más, hasta la práctica desaparición con un “tercer grado” de “favor”.

Mi historial inmaculado, sin partes (anotaciones negativas), y trabajo anterior, aseguraba buen inicio, pero además podría reivindicar las redenciones pues al cumplir toda la condena del 83 en preventivo, los tres años, se acumularon a mi favor los días de trabajo. Pero antes debían juzgarme, que el Juez de Vigilancia aprobara las redenciones, y que la Sala las aplicara a otra condena. Otro calvario. Desde el primer mes el abogado Rucabado me prometía a diario la libertad con fianza. El auto redactado, dos millones. No se firmó. Cambiaron el juez. Otro juzgado “extraño”, el 2 de Sabadell, e ignoro si en más o menos el Juez “despedido” o la jueza sustituta.

El ambiente con la práctica desaparición de los kies, los cabos, controlado cualquier abuso por los funcionarios, se diría más cómodo, pero solo aparentemente. El tráfico de drogas se había magnificado, reflejando la importancia adquirida en Barcelona. En el hachís los marroquíes sustituyeron a los gitanos y legionarios, la cocaína pasó de barceloneses conectados con gallegos a los colombianos, peruanos y bolivianos, y la heroína la dominaban negros, turcos y paquistaníes.

Otra gran aportación los muchos educadores, sicólogos, psiquíatras, criminólogos, asistentes sociales, visitadores de ONG, y hasta sacerdotes de varias confesiones, todos tenían el suyo. La “Oficina Técnica” de Pilar Pato pasó de una simple oficinista rellenando dos formularios en ciclostil a toda una Universidad de la Criminología y Psiquiatría, que sumados a los muchos médicos, resultaba una explosiva combinación de drogas legales e ilegales fabricando zombis y monstruos, o elevando el precio de los “terceros grados” y la “libertad” a solo alcanzables para verdaderos millonarios, la mayoría del mundo del narcotráfico. El test de Rochas y las dos hojas confeccionadas en no más de un cuarto de hora en 1980 se habían transformado en varias entrevistas, un voluminoso expediente, y las mismas truculencias. Las sospechosas decisiones centradas en las Juntas de Tratamiento, la Dirección General y el complicado juez de Vigilancia Penitenciaria, Manzanares, me avisaban que nada había cambiado en cuanto a corrupción, solo el precio. Pero a mí eso me afectaría después del juicio, por el momento otra arbitrariedad dominaría mi vida, la concesión de la fianza que la Jueza del 2 de Sabadell negó en redondo. Se repetía de nuevo la historia del 80 al 83. ¿Por qué?, simplemente por sus santos cojones. En el auto razonaría todas las causas que los demás jueces soslayaban, y que como en el 80 yo vivía a diario al despedirme de los agraciados.

Las preguntas sobre Pilar Pato apenas si tuvieron dos palabras por respuesta, “de baja por depresión”. Hacía seis años del juicio, inocente, por venta de “terceros grados”, aunque condenaron al doctor Ginel por un talón ingresado en el Banco Guipuzcoano donde el marido ejercía de relaciones públicas. El personaje también me preocupaba, aquel mismo año uno de los bancos por mí estafados, precisamente el Guipuzcoano, y mi estafa se añadió a las causas del despido del marido. Una suerte que la baja por depresión la alejara, advirtiendo que en las oficinas permaneciera una hermana, aunque ella sabía bien que me negué a declarar en su contra a pesar de presiones por parte de alguno de los denunciantes. Otra preocupación, la endogamia, aunque los muchos hijos e hijas de antiguos funcionarios, me beneficiaran más que lo contrario. Pilar, en depresión, consolidaría un bufete con la especialidad de “penitenciario”, muy famoso entre los presos, hasta abrir otro asociado a su hija ya licenciada. Ignoro si en esos años acabaría Derecho, a suponer que sí, puesto que la placa en la calle Mayor de Gracia reza “abogadas”.

Nadie me podrá tratar de tétrico si digo que la muerte se palpaba. Un gran “corredor de la muerte”, con el SIDA por verdugo, y la droga de antesala. Si el ambiente era “nuevo” y todo había cambiado en solo nueve años, también me asaltaron palabras nuevas, como las “granjas” y las organizaciones que “recogían” terminales a los que aplicando otra de las modalidades, el artículo “60”, se les concedía la “libertad”. “Otro coladero, pensé, recordando la Oficina Técnica de nueve años antes”, aunque nunca comprobaría cuantos de los desahuciados durarían más de una semana en libertad.

Una gran novedad, los Juzgados de Vigilancia Penitenciaria, y un nombre, Manzanares, sobresaliendo como dueño en la lejanía de “vidas y libertades”. Hijo del Manzanares del Supremo que en Barcelona por sus enfrentamientos con la Generalitat de Pujol se convirtió en más célebre que su padre, derecha pura y dura, perdiendo el pulso con Pujol pues le condenaron y apartaron de la carrera por diferentes irregularidades, aunque a la larga le rehabilitaran. Con los mismos argumentos de su inhabilitación, la acumulación y desorden en los expedientes, hubieran podido despedir a casi todos los jueces de Barcelona y España. Aunque por lo oído, Pilar resultaría un angelito al lado del tal Manzanares. Sin embargo debo agradecerle su auto de concesión de redención por los años trabajados en mi primera estancia, confesando que la “gracia” no me costó ni un duro, únicamente el trámite burocrático. Por primera vez oiría la especialidad de “penitenciario”, el Derecho se ampliaba, lo que significa que el coste de un “buen tratamiento” tras la condena se coordinaba al cuadre de una constelación de diversidades, todas relativas a “pagar”. Pero esta vez yo no estaba dispuesto a “pagar” ni cafés en el bar de la Tina. Ni dispuesto ni con dinero a cómo se habían puesto los precios y sin garantías de éxito.

Si desde el tercer día ya me situé en un inmejorable lugar para otear el ambiente, el economato de la Cuarta, también capté que parecido al Central del 80, entre cancelas, el lugar era muy peligroso. Abastecer el mercado de droga de la galería, entre muchos otros caminos, pasaba por el economato, y por tanto mi ventanilla resultaba muy apetecible.

El impacto en el economato de la Cuarta, añadido al de la celda con el agonizante compañero, destruyó por completo la primera visión de las evidentes mejoras. Las colas para tomar café y compras me reflejaron la degeneración de la tradicional delincuencia española, su lumpen. En solo nueve años no quedaba ni rastro de la lucha por la supervivencia y dominio entre individuos. Sobresalían un par de grupos, unos negros y otros marroquíes, que se repartían la venta de drogas y lo que quedaba de las antiguas “rutinas”, almacén de tabaco y cocacolas al margen del economato. Ventas a crédito, y abastecimiento una vez cerradas las ventanillas, justificaban el negocio. Me sorprendió la diferencia entre Cocas y Pepsis. La Coca ayudaba el “subidón” decían, y la imposición de la Pepsi, por extrañas comisiones, ayudaba a crear contrabando de cocacolas. Imaginé connivencias con los funcionarios que permitían o contribuían al trapicheo, y hasta confirmé los nombres. Aquel patio se diría de psiquiátrico.

El primer “viejo amigo”, Pedrito Baret. Si le había conocido como parte de la estafa de su padre a la Caixa y otros en el 79, ahora tenía fama y banda propia, “los guaperas”, muy conocidos por “todo terreno” en los ambientes “selectos” barceloneses. No solo le invitaría a muchos cafés, porque no tenía ni un duro, sino que ni la más mínima posibilidad de ahondar en la historia paterna involucrándome en sus fantasías sobre su participación en las huelgas, y la COPEL, del 82. La heroína acababa y acabaría con él. De aquella historia no quería ni acordarse nadie. El propio Camacho, mi compañero por ordenanza en el locutorio de jueces, de nuevo en la Modelo, se encogía de hombros con un “todo ha cambiado”. Diez años sepultaron hasta los recuerdos, aunque de caras de entonces entre presos y funcionarios las había abundantes. El masivo consumo de drogas, prefiriendo la sedante heroína, añadida a las simples pastillas, valiums, transiliums, buples, reynoles y demás, que entre las muy repartidas oficialmente se vendían de estraperlo, anulaba cualquier personalidad rebelde.

Y si del pasado 80, y las reivindicativas luchas, no quedaba ni rastro, pronto se me hicieron presentes los afectados por el Juzgado 26 del Juez Luis Pascual Estevill lanzándome de lleno a entablar nuevas “amistades”. Mi nombre ayudó. La mayoría recordaban el Caso Consorcio, y aun convencidos de la versión oficial, o sea, Bruna, Serena y yo éramos los culpables, al comentarles que mi abogado entonces era su juez de ahora, y que encima Juan Piqué Vidal también lo había sido, garanticé una amplia complicidad, tanta que cambié de celda situándome entre las varias ocupadas por lo que parecía una epidemia en la ciudad, el Juez de la Horca, el Lobo. El azote de la burguesía le llamaba la Prensa, volcada a su favor, que además justificando cada una de las detenciones obtendría la directa versión del propio juez. Que Pascual Estevill se iniciara dos años antes en un Juzgado de Tarrasa, intentando ser Juez Estrella en un asunto de “violación” que enervó a los Progres que ahora le alababan descaradamente, no me parecía que debía preocuparme por su cercanía a Sabadell más que su presencia en la propia Barcelona.

El cambio de celda no solo se dio para “obtener información” sino obligado tras un grave incidente. El moribundo le robó a otro una porción de hachís y a medianoche se desató una terrible pelea con abundante sangre. De entrada le costó una paliza al cuarto compañero, un peruano, hasta que a mi insistencia el funcionario cambió el autor elegido a su capricho. Si le hubiera atizado a Silvestre sin duda lo hubiera matado.

Una lástima que me vea obligado a cierta prudencia en mis recuerdos sobre los afectados por el juez Pascual Estevill. Me olvidaré de nombres, que no se merecen hurgar en las debilidades que todos almacenamos. Si alguno había delinquido lo pagaron hasta la locura e incluso la muerte porque el dilema de enfrentarse a tan especial banda de gansters tiene consecuencias tan terribles que no creo que nadie pueda describir. Pero lo peor para mí fue tomar conciencia que de nuevo estaba en sus manos, y con mucho más Poder que por los 80, y mis actuaciones contra ellos después de mi libertad en el 83, me hacían en la Modelo especialmente vulnerable. Primera de mis conclusiones, si cabía la Justicia había empeorado, y la Prensa, en el colmo de la cretinismo intelectual convirtiendo a Pascual Estevill en un enderezador de los males de siempre en la Justicia Española. Con él, los ricos a la cárcel. Y nunca se vieron a tantos y tan importantes entre rejas o en puertas.

Debía contraatacar, aquello reventaría, los encarcelados eran gente poderosa de la más alta burguesía. Y si nunca pude ni decirme a mi mismo que “me las pagarían” ahora oía repetidamente, y con base, jurar que se arruinarían para no dejar impune aquella barbaridad. Pero la Ley no solo ayudaba a los extorsionadores por el excesivo margen de arbitrariedad concedido a los jueces, sino porque convertía la pura y dura extorsión en un acto de SOBORNO a funcionario público penando a ambos, funcionario y sobornador, con lo que denunciar parecía imposible. Un juego entre el tiempo de prescripción, cuatro y cinco años, permitió las denuncias sin que el denunciante se expusiera a una detención por denunciar. Otra falacia de Derecho Español ayudando al Funcionariado Público a la par que le convertían en prácticamente impune. Cuando alguien me contó ese artilugio legal pensé que el camino del fin se iniciaba, si, pero me equivocaba en cuanto a plazos y hasta consecuencias.
Rafael del Barco Carreras

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: