Un drama anunciado en la costa de los piratas

«Mantener la vigilancia es esencial. Demasiadas veces, el primer indicio de un ataque ha venido cuando los atacantes aparecen en el puente o en la cabina de mando». Las recomendaciones de seguridad elaboradas por la Organización Marítima Mundial (OMI) para intentar frenar la piratería no sirvieron de mucho a los tripulantes del «Playa de Bakio», que recibieron un contundente preaviso en forma de repetidos disparos con lanzagranadas.

La legislación internacional prohíbe que las embarcaciones civiles lleven armas de fuego a bordo, por lo que los pescadores españoles, los mercantes que surcan el Mar Rojo y las tripulaciones de los barcos humanitarios del Programa Mundial de Alimentos libran un combate desigual con los bandidos modernos que han infestado la costa somalí de actos de piratería. Según datos de la OMI, éstos se triplicaron en el Cuerno de África el año pasado, con 31 ataques frente a diez en 2006. «Dependemos de la información que nos facilitan los gobiernos para recopilar estos datos», explica una fuente consultada en la sede londinense del organismo.
En el último incidente, fuerzas especiales francesas liberaron a la tripulación del yate «Le Ponant», secuestrado el 4 de abril en circunstancias similares al pesquero vasco. El golpe se atribuyó a la banda conocida como «Marines Somalíes». Operan guiados por el mismo objetivo que sus antepasados caribeños: la obtención de un botín pecuniario. Se lanzan al abordaje desde una o varias lanchas neumáticas similares a las pateras, equipados con armas automáticas y lanzagranadas de tipo RPG. Y aprovechan la escalinata de acceso o la rampa de popa para subir a su presa y hacerse con el control de la cabina.
«Los capitanes deberían tener en cuenta la posibilidad de que los atacantes rastreen las comunicaciones barco-costa para elegir sus blancos», explican las recomendaciones de la OMI. En noviembre del año pasado, otro atunero de Bermeo, el «Playa de Aritzatxu», se libró por los pelos -y por su avanzada tecnológía- de un intento de secuestro. En junio de 2007, fue necesario un cheque de 750.000 dólares (480.000 euros) para liberar a los cinco tripulantes de un carguero danés secuestrado durante tres meses.
Task Force 150
Las repetidas llamadas de auxilio del Programa Mundial de Alimentos, encargado de repartir ayuda alimentaria en una de las zonas más pobres del planeta y una de las víctimas preferidas de los piratas, empujaron a las flotas de Francia y de EE.UU. a enviar sus buques de guerra en el otoño. La misión de la Task Force 150, una fuerza multinacional dedicada a combatir la creciente penetración de Al Qaida en el África Oriental, fue ampliada para luchar contra los piratas. Pero la caótica situación en Somalia favorece la actividad de los piratas.
Desde la caída de Siad Barre en 1991, Somalia es un estado fallido en el que el Gobierno provisional, apoyado por la ONU, apenas controla la capital. La región noroccidental de Somaliland goza de una cierta estabilidad gracias a una independencia de facto, mientras que la vecina provincia de Puntland es un territorio sin ley, perfecto como nido de piratas.

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