La colocación de ex ministros como embajadores irrita a los diplomáticos

La persistencia de José Luis Rodríguez Zapatero en utilizar las embajadas de España en el extranjero para dar premios de consolación a ministros que quedan descolgados en las remodelaciones de Gobierno y para premiar o complacer a algunos dirigentes socialistas está provocando un serio malestar entre funcionarios del Ministerio de Asuntos Exteriores, que lo consideran un menosprecio hacia la Carrera Diplomática, según pudo constatar ABC.
«No entendemos que se piense que cualquiera, sin ninguna preparación, puede ser embajador, de la misma manera que a nadie se le ocurriría nombrar a un político sin experiencia militar para desarrollar una tarea que debe hacer un general de división o para ser el director médico de un hospital si no tiene la formación necesaria», dijeron fuentes de la Asociación de Diplomáticos Españoles (ADE), mayoritaria entre los diplomáticos. Por su parte, fuentes de la Asociación Profesional de la Carrera Diplomática (APCD) achacaron lo que sucede a que «se ha permitido el desprestigio de la Carrera Diplomática».

El anuncio de que la ex ministra de Medio Ambiente Cristina Narbona ha aceptado la oferta de Zapatero de ser embajadora ante la OCDE y los rumores sobre el posible nombramiento del ex ministro de Industria Joan Clos como embajador en Rabat, unidos a los que hablan de la posibilidad de que también las Embajadas en Washington o en París sean ocupadas por un político, han reavivado ese malestar entre los diplomáticos, que ya vieron como en la pasada legislatura se batían todos los récords de designación de embajadores «políticos».
La «invasión»
Hasta siete embajadores no pertenecientes a la Carrera Diplomática llegó a haber en algún momento, cuando eran una excepción en anteriores gobiernos, tanto en los de Felipe González como los de José María Aznar. De hecho, éste último sólo contaba con Elena Pisonero en la OCDE, y González, a lo largo de sus catorce años en La Moncloa, tuvo un reducido número de políticos como Joan Raventós en París, Julián Santamaría, en Washington, Jorge de Esteban, en Roma; Eduardo Foncillas en Berlín o Emilio Menéndez del Valle en Amman y Roma.
La «invasión» de «políticos» a embajadas no sólo de primer nivel o especialmente sensibles para el gobierno de turno, sino a otras de menor entidad, se produjo en la primera legislatura de Zapatero. Situó a Raúl Morodo en Venezuela, a Luis Planas en Marruecos, a Fernando Ballesteros en la OCDE (París), a Germán Bejarano en Malasia, a Rafael Estrella, en Argentina, a Francisco Vázquez en la Santa Sede, a María Jesús San Segundo en la Unesco (París) y a Miguel Ángel Cortizo en Paraguay.
Y sólo motivos personales impidieron que Menéndez del Valle fuera nombrado embajador en Bolivia. Morodo, Ballesteros y Bejarano no son ya embajadores. Todo apunta, en cualquier caso, a que va a continuar la misma tónica y a que se acentuará la influencia del poder político en algunos nombramientos, como sucedió también en la pasada legislatura cuando dirigentes del PSC presionaron para colocar a diplomáticos catalanes y próximos en algunas embajadas.
Zapatero aceptó esas presiones, pasando por encima de los candidatos del propio ministro de Exteriores, del mismo modo que ha decidido premiar con la apetecida embajada en Londres a su principal asesor en política internacional, el diplomático Carlos Casajuana.
Los anuncios de estos posibles nombramientos han frenado las aspiraciones de algunos de los directores generales de Moratinos, que se han visto obligados a orientarse necesariamente hacia otros puestos.
También iría a otra importante embajada Javier Sancho, actual director del Gabinete del ministro de Exteriores, puesto en el que le sucedería el asesor parlamentario, Agustín Santos. Sancho tampoco es diplomático, pero toda su carrera, muy ligada a la de Moratinos, ha estado relacionada con la política exterior.
Como embajador en Berlín será nombrado el actual Director General de Política Exterior, Rafael Dezcallar, que sería sustituido por Alfonso Lucini, antiguo colaborador de Moratinos y hoy embajador en el Comité Político y de Seguridad del Consejo de la UE. Mientras, se da por seguro que seguirán en sus puestos por algún tiempo, los actuales embajadores en la UE, Carlos Bastarreche, y en la ONU, Juan Antonio Yáñez, y que Francisco Javier Ballaure, hoy embajador en Angola, será nombrado introductor de embajadores.

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