SICARIOS…o fantasmas… de wisky…y coca.

La Historia y Literatura sobre la Barcelona de antes de 1936 abundan en sicarios a sueldo de las Patronales o sus contrarios los fanáticos anarquistas de los Sindicatos Obreros. Se ganó el titular de la “Ciudad de las Bombas”. El Franquismo, cual caballo de Atila, acabó hasta con la hierba, aparentemente, porque los sicarios continuaron formando parte de la propia Policía y Régimen.

En España la palabreja desapareció del apartado de sucesos de los periódicos (excepción hecha al referirse a los sicarios de Stalin), y diría que ni en El Caso, de Enrique Rubio, al que le permitían no más de un asesinato o violencia grave a la semana.

En la llamada transición el asesino a sueldo tampoco apareció demasiado por la prensa, aunque varios de los asesinatos de entonces, como los de Viola, Bultó, el caso Escala, no tengan demasiada explicación con la versión oficial, y desde luego no fueron los condenados y conocidos por mí en prisión, como confirmaría el Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo. Años violentos, la apacible en apariencia noche franquista se convirtió en muy peligrosa, confundiéndose carne y pescado, delincuencia, policía o parapolicía, gentes de pistola reglamentaria por la calle Tuset, 2´40, el Sandor, Don Chufo, Charly Max, Bacarrá, Metamórfosis, Clochard o Boccachio, la “Diagonal Arriba”, revueltos captadores y burlangas de las millonarias timbas clandestinas, con preferencia la “señora”, el black Jack, póker, y hasta alguna ruleta, del Circulo Ecuestre, el Tiro, el San Jorge, la Peña Solera, la Hípica, con los incipientes grandes narcos. Y si en el Chino y los barrios periféricos se expandía el hachís y la heroína, en la parte “alta” la cocaína pasaba de minoritarios ricos excéntricos o la intelectualidad progre, a masificarse sin freno. Fueron muchos los arruinados por la crisis de la Transición que rehicieron sus fortunas, aunque el brillo durara poco, al igual que el rendimiento de tantos craks del fútbol barcelonés atrapados en el brillante ambiente.

Al compás del gran negocio del narcotráfico el sicario clásico aparecería en la prensa. Demasiado muerto oliendo a ajuste de cuentas, o a atraco entre delincuentes, para acallarlo. Se diría que avanzados los 80 en el refinadísimo Up & Down se aúnan los clásicos “chivatos y confidentes”, explotadores de la prostitución, y demás delincuencia, muy revueltos con policías, con el narcotráfico al mayor y menor. Muy divertido para los noctámbulos y golferas, y hasta para la burguesía, contemplando el sin tapujos espectáculo. La Plaza Calvo Sotelo de entonces, después Francés Masiá, punto central abarcando desde el “Barrio Chino Perfumado” de la Calle Londres, Carretera Sarria, o ya más escondido Rio Rosas, a los locales de moda. Bufetes y el mundo lúdico en la misma acera. Un mundo en rápida transformación que fagocitaría a los intelectuales sudamericanos huidos de las dictaduras, llenando de escritores las grandes empresas editoriales barcelonesas, cambiándolos por narcos a los que llamaría la atención la facilidad con que los españoles no pagan sus deudas. Y a ese esplendor se añadieron los del Este escapando del derrumbe comunista, encontrando unos el perfecto marco para blanquear lo robado en sus países, y otros lanzados al robo de tan llena despensa. No era extraño ver rancios españoles en la misma mesa en tertulia con turcos, rusos o yugoeslavos. En cultura y maneras se parecían a los alemanes huidos de los Aliados que conocí bien como empleado del alemán Banco Comercial Transatlántico. A unos los sufrí en el Banco, y con los otros gocé de largas conversaciones en prisión.

Mal tema tomarse una copa en según que lugares de la refinada Barcelona. El OASIS CATALÁN acalló como el Franquismo la violencia propia de una capital donde droga, blanqueo y dobles y triples contabilidades obligan a una “especial legalidad y mentalidad”, siempre corruptas. Pero la época dorada se resquebraja. El boom de los dólares kuwaitíes, con la espantada de inversores foráneos, las Olimpíadas, las transferencias a la Generalitat, y la desaforada, sin tino, y corrupta Construcción se acaban, agotada la liquidez bancaria, y la Droga, el Turismo, y la clásica laboriosidad, ingenio y capacidad empresarial barcelonesa, no se muestran suficientes, y así lo demuestran unas fusiones de puro pasteleo entre Generalitat y empresarios para simplemente “pintar fachadas” y mantener en los balances empresas en más que quiebra. Así pues, por arriba, la alta burguesía repitiendo las quiebras de “malas épocas” como la Transición, por debajo, de nuevo el paro, real, sin subterfugios y economía sumergida, y más abajo, el lumpen, la delincuencia y drogas amenazando con un incontrolable sunami. Un buen caldo de cultivo para sicarios o aficionados a la tertulia barera vendiendo fantasías o soluciones peliculeras.
Rafael del Barco Carreras

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